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‘Proyector de realidades’: Entrevista a Jorge Pérez Solano

cine

“Escribo y dirijo películas que necesito contar,  a pesar de que mis recuerdos infantiles son muy gratos, también tengo presente la pobreza que pasé con mi familia en esos años y  puede ser que esa situación me haga desarrollar proyectos para recordarme que la realidad no cambia para muchas personas en los pueblos de la mixteca  y del país”, dijo Jorge Pérez Solano.

(Cortesía)

Cultura, música y danzas que permanecen desconocidas para la mayoría de los pueblos vecinos de Costa Chica —en la costa oaxaqueña—, se trata de una comunidad de mexicanos de raza negra, traídos como esclavos desde África. Eso retrata ‘La Negrada’ (2018), reciente cinta del director Jorge Pérez Solano.

Entre las tradiciones y creencias de esta comunidad, se encuentra “el queridato”, una especie de matrimonio, aceptado socialmente, donde uno o ambos miembros de la relación tienen derecho a cometer adulterio.

“Creo que como sociedad debemos de abrir la discusión en torno a la situación social de nuestro país, la monogamia no funciona, las nuevas generaciones se están relacionando de una nueva manera que nunca hemos hablado”. Comenta el director oaxaqueño sobre esta película, en una entrevista retrospectiva sobre su quehacer cinematográfico.

¿Cómo fue crecer en Huajuapan de León, en la región mixteca oaxaqueña, y qué referentes cinematográficos encontraste ahí para tu futura carrera?

Mis recuerdos de la mixteca son muy gratos,  y no creo que lo sean sólo por el lugar, también porque pasé la mayor parte de mi infancia en Huajuapan de León, etapa que considero ideal para la creación de recuerdos que más adelante me han ayudado a escribir mis historias.

¿Referencias cinematográficas en la infancia en un pueblo de la mixteca? No sé si llamar referencia a lo que yo considero fue fundamental para optar por el camino del cine.

Debió haber sido entre 1969 y 1971, que vi por primera vez una película en pantalla grande y no fue en un cine, fue en la calle, un camión de una marca refresquera llegó, instaló un proyector en el techo del vehículo y proyectó una película de luchadores. ¿Cuál? No lo recuerdo.  Lo que sí tengo presente es la sensación que tuve al ver esas imágenes en movimiento proyectadas sobre una pared blanca, eso fue lo que determinó mi gusto y deseo de hacer películas.

La begrada
(Cortesía)

 Háblame de la figura del director de cine como agente de cambio.

No me pongo a pensar mucho en ello,  escribo y dirijo películas que necesito contar,  a pesar de que mis recuerdos infantiles son muy gratos, también tengo presente la pobreza que pasé con mi familia en esos años y  puede ser que esa situación me haga desarrollar proyectos para recordarme que la realidad no cambia para muchas personas en los pueblos de la mixteca  y del país.  Que la pobreza económica sigue al lado de la pobreza moral; no todo es así, pero hay cineastas que son más optimistas que yo, a final de cuentas la diversidad de puntos de vista acerca de un tema es lo que enriquece su contenido.

Conversemos de conceptos como la nostalgia y la añoranza en tus películas.

Hace años leía una definición de nostalgia, quizá modificada por mi experiencia y percepción; “La nostalgia es recordar un pasado no vivido y desear un futuro que no se va a realizar”.   Uno de los alimentos de la creación son los recuerdos, sin embargo estoy seguro que los recuerdos que tenemos no son tan fieles como creemos y es a través de ellos que le damos sentido a nuestra vida, creo que vivimos en una nostalgia perpetua.

La añoranza se me presenta cada vez que pienso en la manera que habría sido mi vida si mi madre no hubiera decidido traernos a la ciudad para que nos preparáramos y con ello poder tener la oportunidad de una mejor vida, decía ella.

Sin embargo, crecí con la idea de que mi vida hubiera sido mejor en Huajupan de León, sin el desprecio y las burlas de los citadinos, sintiéndome siempre un extraño con ideas en la cabeza que no se llevaban a cabo en la ciudad.

Aquí no juegan con mayates, ni sapos o chapulines, no se va al monte a cortar azucenas y ni siquiera se  detienen a disfrutar las calles tapizadas de jacarandas, en la ciudad no encuentro el olor de la guayaba ni el sabor de la pitaya, y lo peor, celebran la navidad encerrados en sus departamentos o restaurantes, en mi pueblo esa celebración es todavía comunitaria, pero irá cambiando. Al final, creo que puedo resumir la añoranza como mi rechazo a lo innegable y que me determina, el cambio constante.

¿Cómo es trabajar un guión con Felipe Cazals (Ciudad de México, 1937)?

Fueron asesorías muy fructíferas, el Maestro es una persona muy generosa con su conocimiento,  me asesoró en el guión de ‘Espiral’ y me dio bastantes consejos de dirección, fue una master class la que tuve con él.

Iazua Larios ya había trabajado antes en ‘Apocalypto’ (2010) y en el corto ‘Máquina’ de Gabe Ibáñez en el mismo año, pero fuiste tú quien la lanzó a la fama con el papel de Diamantina en ‘Espiral’ (2009). ¿Cómo fue dirigir —en ese entonces— a esta novel actriz?

Además del talento que tiene, Iazua es una actriz que se exige mucho, así que hicimos mucho trabajo de mesa y ensayos antes de llegar al set, platicamos mucho el guión, de qué manera íbamos a tomar su personaje, vestuario, todo.  Nos dimos la libertad de probar varias cosas en el set, haciendo variantes de algunas escenas para probarlas en el montaje y tener el plano más adecuado.

Háblame de tu correlación con el trabajo del compositor Rubén Luengas y el grupo ‘Pasatono’.

A Rubén me lo presento José Luis García, artista plástico huajuapeño,   desde el principio me generó confianza su conocimiento acerca de la música oaxaqueña y en particular la música mixteca. Trabajé mis dos primeras películas con él y creo que nos fue bien, en ‘La Negrada’ no pensé en usar un score, sólo música que se justificara en la trama. ‘Pasatono’ está creciendo muy rápido, Rubén está trabajando en otras películas y me parece muy adecuado que eso suceda.  

¿Cómo fue filmar ‘Espiral’ en San Pedro Yodoyuxi; qué complicaciones surgieron durante el rodaje?

‘Espiral’ fue un rodaje muy amigable, San Pedro Yodoyuxi es el pueblo de mi familia paterna, todos me conocían y sabían qué estaba haciendo, así que siempre hubo ayuda y buena disposición por parte de la comunidad. Ha pasado  lo mismo en las tres comunidades que he filmado; en un principio existe la duda de mis intenciones, y es hasta que llega el equipo y los actores que empiezan a creer y las emociones crecen al ser partícipes del proyecto.

Háblame de este argumento: dos mujeres que pasan de ser reproductivas a productivas.

Es una de las líneas que manejé para hacer el argumento primero y después el guión, obviamente es una frase superficial, visto desde fuera parecería que es así, pero en la convivencia con mujeres de varios pueblos y en diferentes etapas de mi vida, me he dado cuenta de que son productivas todo el tiempo, hacen el trabajo y toman decisiones importantes con seguridad y determinación.  Este guión lo escribí pensando en las mujeres que han estado en mi vida, y mi recuerdo de ellas es el de una constante  actividad, ya sea en la vida diaria o en celebraciones, son el alma y sustento de éstas comunidades. 

¿Qué estudios y lecturas te ayudaron a escribir el guión de ‘La Tirisia’ (2014)?

La principal referencia estuvo en elementos que encontré en otra investigación que estoy llevando a cabo,  acerca del gobernante mixteco más conocido,  8 Venado Garra de Jaguar, de acuerdo a las pláticas que una de las principales características que tuvo 8 Venado y muchos gobernantes de ese tiempo, es que fueron grandes estadistas, sacerdotes y militares, tres instancias que ayudaban a la población a sentirse protegidos y en contacto con seres casi divinos,  pensando en ello, casi diez siglos después, esas funciones ya no las cumple sólo el gobernante, sino que ahora están dividas en tres poderes, y normalmente no se hacen cargo de la población, no hay , lo que me hizo pensar que es una de las razones que generan la tristeza en la población y a partir de esa idea y de historias que escuché en Huajuapan y sus alrededores es que armé el guión y la película.

Convérsame acerca del trabajo fotográfico de César Gutiérrez miranda.

Normalmente hablamos del estilo fotográfico desde que empiezo a escribir el argumento, a los dos nos gusta el naturalismo, la luz sin artificios, en ‘Espiral’ buscamos referencias en fotógrafos mexicanos, en ‘La Tirisia’ y ‘La Negrada’ la propuesta fue algo más personal y propositiva, la gran ventaja es que César también dirige y en ocasiones sus observaciones me ayudan enriquecer la historia.   

¿Quiénes son los verdaderos referentes de Cheba y Serafina?

Para construir un personaje no uso una sola referencia, he platicado con muchas mujeres en los pueblos que he visitado y de sus anécdotas es que saco las ideas, encontré varias historias de mujeres que dejan a sus niños como lo hace Cheba, y la de la madre permitiendo que el padrastro abuse de su hija, como Serafina, desafortunadamente son historias muy comunes en México.

¿De dónde proviene el concepto de “Tirisia”?

Desde niño escuché que a la gente se le iban las ganas de vivir cuando se les iba el espíritu y entonces se decía que estaban enfermos de tirisia. Algunos dicen que el nombre se deriva de la ictericia, ya que a los tirisientos se les pone la piel amarilla, como a los enfermos de ictericia, no quise seguir este razonamiento en su ortografía, ya que pensé que  si la enfermedad no tiene una base científica, no debería tener un sustento etimológico.

¿Es ‘Tirisia’ un reclamo social más que una narrativa de ficción en celuloide?

Me parece que la película es las dos cosas.

 ¿Cuándo surgió en ti el interés de filmar la historia de los mexicanos de raza negra que viven en la región de Costa Chica en Oaxaca, reflejados en ‘La Negrada’ (2018)? 

Me pareció una simple cuestión de justicia,  mucho se escucha que somos una sociedad incluyente y multicultural, que somos iguales y tenemos los mismos derechos, sin embargo no había afromexicanos en el cine mexicano, a partir de esta reflexión es que decidí emprender este proyecto.

 En esta película surge otro concepto: “El queridato”. Háblame de éste, y de cómo se convierte en el punto de inflexión en la película. 

Lo leí por primera vez en ‘Cuija; esbozo etnográfico de un pueblo Negro’ de Gonzalo Aguirre Beltrán (Universidad Veracruzana, 1989),  y lo que me atrajo de la anécdota fue que era una práctica pública,  contrario a otras partes del país, que se trata de ocultar, pero como bien dice Neri Corcuera, protagonista de la película: “pueblo chico, infierno grande”.

Independientemente de lo que signifique el queridato para la zona y para el país, la historia me pareció una buena base para seguir reflexionando en torno a la familia y la monogamia, creo que como sociedad debemos de abrir la discusión en torno a la situación social de nuestro país, la monogamia no funciona, las nuevas generaciones se están relacionando de una nueva manera que no hemos hablado.

Háblame de la dirección de arte de Lola Ovando.

Con estos proyectos buscamos alterar lo menos posible los espacios de los pobladores, Lola construyo un par de sets con el mismo estilo que el resto de las locaciones, creo que una de las principales virtudes del trabajo del departamento de arte es la sutileza con que manejan diversos elementos, en general, todos los departamentos trabajan con ese principio, alterar  lo menos posible los espacios.

¿Qué proyectos tiene en mente Jorge Pérez Solano para el 2019?

Buscar una nueva historia, ya sea en la costa, los valles o en la Sierra, en primera instancia en Oaxaca. Veremos a dónde nos  lleva el destino este año.


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