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Jorge Volpi:‘Examen de mi padre’, la mirada cruda a un México fantasmal

En "Examen de mi padre", el escritor Jorge Volpi aparece bajo su propia mirada como un niño delgado y enfermizo que hizo de la inteligencia su mejor arma.

En “Examen de mi padre”, el escritor Jorge Volpi aparece bajo su propia mirada como un niño delgado y enfermizo que hizo de la inteligencia su mejor arma.

Aunque la creó para rendir homenaje a su padre fallecido, la última obra del escritor mexicano Jorge Volpi es un ejercicio literario en el que el autor analiza con mirada de entomólogo a un México atestado de fantasmas y cadáveres.

“Examen de mi padre” (Alfaguara 2016) es una colección de diez ensayos en la que Volpi partió de la profesión de cirujano de su progenitor y tomó como referencia un órgano del cuerpo en cada capítulo para comentar realidades vergonzosas y otras no tanto del México de hoy.

“El cirujano era mi padre y a partir de su profesión partió todo; es el libro más personal, emocional e íntimo que he escrito”, confesó Volpi en entrevista con Efe.

Los excesos en nombre de la religión del depredador sexual Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, son denunciados en el capítulo “Los genitales o Del secreto”, en el cual el escritor se refiere al sexo sin tapujos, a algunas de sus vivencias en ese asunto y cómo se ve en México.

“La piel, o De los otros”, es un tema pretexto para denunciar que los 12 millones de indígenas que viven en México son extranjeros en su tierra y recordar la tendencia del estado mexicano a culpar a los más débiles como sucedió con el incendio de la guardería ABC de Hermosillo que causó decenas de muertos en junio de 2009.

“Decidí escribir en el lapso de un año, un capítulo cada mes, descansé en un mes del verano y en octubre porque trabajé en el Festival Cervantino. En los restantes, empecé el primer día de mes y terminé entre el 28 y el 30; fue el luto por mi padre y no quise que durara más de un año”, observa.

Volpi se quita la máscara y se muestra como un ser humano vulnerable al manejar recuerdos con su padre, de su niñez y de su adolescencia, y además hace confesiones como que si hubiera podido jamás hubiera sido escritor porque su pasión es la música.

Eso lo revela en “El oído, o De la armonía”, capítulo en el que arrasa con su erudición sobre la música, se refiere al gusto ecléctico de su padre, que tenía una rica colección de discos de 33 revoluciones por minuto, temprano inscribió a su hijo en la Academia de Música Yamaha y a los 10 años lo tenía en clases de guitarra.

“Mi vida es la literatura porque es a lo que me dediqué desde los 16 años. Pero fue un error; si yo hubiera podido, eso lo hubiera cambiado por estudiar música y ser director de orquesta. Hoy soy un director de orquesta frustrado”, confiesa.

Es un hombre sobrio, educado, que mira a los ojos cuando reflexiona sobre ideas del libro como la del crudo tema de la migración que toca en el capítulo “Las piernas o De los caminantes”.

En ese segmento, el escritor critica la velocidad de la vida actual y el drama del tráfico de vehículos en la capital para luego pasar al tema de las migraciones de la humanidad y reflexionar acerca de una verdad: nacer en un lugar u otro es un hecho fortuito, no un derecho adquirido por el trabajo o el esfuerzo.

Volpi desnuda a México, es enérgico al escribir sobre la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, al referirse a la guerra contra el narcotráfico y a temas como la corrupción y la mentalidad egoísta de empresarios y poderosos.

“Necesitamos cambiar drásticamente el sistema de justicia para que esta impunidad que provoca la corrupción termine; es la única salida y se necesita un compromiso distinto frente a un sistema de justicia que en efecto funcione y sea confiable”, dice.

Es obvio que al escribir sobre el dolor, Volpi tuvo experiencias dolorosas relacionadas con el recuerdo.

Según escribió, la obra aspiró a ser una memoria de su padre, un divagar en torno al cuerpo y, en última instancia, un réquiem por un México repleto de fantasmas y cadáveres.

“Fue algo tan cercano que si uno no actuaba con completa sinceridad tratando de decir la verdad sin tapujos, no hubiera tenido sentido. Solamente lo tenía si uno se despojaba de prejuicios, capas y pudores para contar”, asegura y deja clara la razón por la cual ha sido “Examen de mi padre” la más humana de sus piezas literarias.


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