Carlos Fuentes, de niño "globalizado" a intelectual con un intenso compromiso

EFE

Puede que los constantes viajes que realizó en su niñez, debido a la actividad diplomática de su padre, fueran lo que hizo de Carlos Fuentes un trotamundos sin remedio, y lo que le llevó, más adelante, a ver de otra forma la realidad mexicana, con un compromiso más allá de la literatura.

Este planteamiento fue uno de los que se escucharon hoy en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, en una mesa en la que se debatió sobre el pensamiento político de Fuentes (1928-2012) para celebrar el 90 aniversario de su nacimiento.

"Me he preguntado cómo sería Carlos Fuentes si su padre no hubiera sido diplomático y no hubiera estado expuesto tan pronto" a constantes viajes, afirmó su viuda, Silvia Lemus, quien encabezó un panel moderado por el periodista Juan Cruz.

Lemus hizo un relato en el que sintetizó el extenso recorrido que llevó a Fuentes, en su infancia y adolescencia, a lugares como Ciudad de Panamá (donde nació), Montevideo, Río de Janeiro o Washington.

Todo ello hizo que fuera un "niño globalizado", aseveró.

Como anécdota, la periodista contó que, cuando México emprendió la nacionalización del petróleo, Fuentes, que entonces tenía diez años y vivía en Washington, vio una noticia en televisión y su reacción fue subirse a una butaca y gritar "Viva México".

"Allí es donde uno empieza a notar que este niño comenzaba a tener una idea de lo que era su país y EE.UU.", donde no vieron con buenos ojos la nacionalización, indicó.

Quizá por todos los viajes que realizó, "era un mexicano distinto", porque "su mirada era muy mexicana, pero tenía una disonancia que le permitía ver cosas dignas de una gran ficción o reflexión que los mexicanos no vemos, porque son parte de nuestra vida cotidiana", aportó el escritor y periodista Héctor Aguilar Camín.

Durante el evento se proyectó un vídeo con fragmentos de entrevistas de Fuentes en el que el autor arrojaba frases como que en México, a diferencia de otros países de Latinoamérica "no se le ha querido dar la razón al conquistador, sino al conquistado".

Por ejemplo, narraba, en Lima hay una estatua de Francisco Pizarro, pero en México no hay estatuas de Hernán Cortés.

En otro fragmento del vídeo, afirmaba que la región latinoamericana había logrado superar las dictaduras militares, pero que todavía no se había llegado a la "gran democracia de la comida, la educación y la salud".

La educación fue uno de sus caballos de batalla, y decía que "todo" dependía de ella, y que era la base del desarrollo y el progreso.

Era una "celebridad literaria", recordó Aguilar Camín, pero no quería quedarse en eso: "Quería ser parte crítica, progresista, de la sociedad donde vivía, y no cerraba los ojos ante las condiciones de pobreza y marginación del mundo en que vivía".

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez subrayó que hay dos clases de escritores: los que escriben bien y se callan y los que escriben bien y se preocupan por la vida pública.

"Obviamente", comentó, Fuentes pertenecía a esta segunda categoría, dado que "no podía quedarse callado, no solo frente al fenómeno contemporáneo de México, sino en general al de América Latina".

También se volcó en la relación entre América Latina y EE.UU., "siempre problemática", y como ejemplo de esta "pasión" nació el libro "Contra Bush", un compendio de artículos en el que reflexionó sobre los efectos que tuvo para la región el Gobierno de George W. Bush.

De acuerdo con Ramírez, a quien quiera conocer la historia de México desde la Revolución hasta nuestros días le bastará con leer tres novelas de Fuentes: "La muerte de Artemio Cruz", "Los años con Laura Díaz" y "La silla del águila".

"Si las leemos en secuencia tendremos un retrato de la vida pública de México", sentenció el premio Cervantes 2017.

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