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EEUU se pregunta si puede discriminar por razones religiosas

El representante demócrata Warwick Sabin (centro) se suma a manifestantes frente a la cámara baja de la Legislatura de Arkansas contra la aprobación de un proyecto de ley de objeción religiosa que según los detractores permitiría la discriminación de gays y lesbianas.
El representante demócrata Warwick Sabin (centro) se suma a manifestantes frente a la cámara baja de la Legislatura de Arkansas contra la aprobación de un proyecto de ley de objeción religiosa que según los detractores permitiría la discriminación de gays y lesbianas.
(Danny Johnston / AP)

WASHINGTON – La polémica comenzó con un ejemplo: ¿Puede una florista negarse a entregar flores para una boda gay argumentando razones religiosas? Algunos estados conservadores de Estados Unidos creen necesario proteger ese derecho, aunque no esperaban que los empresarios se opusieran en masa.

El debate iniciado por las leyes de “libertad religiosa” ha puesto en evidencia el desfase generacional en Estados Unidos, así como los diferentes modos de pensar entre los que aún se empeñan en negar el derecho igualitario a los homosexuales y los que creen que es hora de que todo el país acepte las uniones entre personas del mismo sexo.

Las leyes, que primero fueron aprobadas en las legislaturas de Indiana y Arkansas, permitían que, por razones de credo religioso, alguien negara un servicio a una persona por ser homosexual dándoles protección legal para discriminar.

Los legisladores que redactaron el proyecto de ley en Indiana reconocieron que se hubiese protegido el derecho a colocar en negocios señales como “no se permite la entrada de gays”, algo que hubiese tenido tintes del racismo institucionalizado contra los afroamericanos décadas atrás.

Los gobernadores de esos dos estados esperaban las protestas de demócratas o activistas de los derechos de gays y lesbianas. Con lo que no contaban era con la oposición de gran parte de la comunidad empresarial local y nacional, que hace tiempo sabe que la xenofobia y la discriminación no son un buen negocio.

“El furor por leyes como la de Indiana demuestra con qué facilidad grupos minoritarios pueden secuestrar una religión entera e insistir en que esa práctica religiosa requiere discriminar a ciertos grupos”, explicó en un artículo de opinión la escritora Rafia Zakaria.

En Arkansas, donde se encuentra la sede de Walmart, el mayor empleador privado del mundo y del estado, el gigante de supermercados fue de los primeros en alzar la voz contra una legislación que, según dijo, “amenaza con minar el espíritu de inclusión presente en todo Arkansas y que no refleja nuestros valores”.

Como hizo el gobernador de Indiana, Mike Pence, el de Arkansas, Asa Hutchinson, pidió una ley enmendada, que finalmente ha sido rebajada de tono para asimilarse a una aprobada en 1993 a nivel federal para proteger a minorías religiosas y garantizar cierto nivel de insumisión en contratos con el gobierno.

Cerca de otra veintena de estados con mayorías republicanas están examinando leyes de “libertad religiosa”, pero la respuesta masiva de políticos, líderes religiosos, celebridades, empresarios y sociedad civil ha obligado a replantear el riesgo político de una afrenta contra las uniones del mismo sexo, algo que las nuevas generaciones no cuestionan.

Cuando Hutchinson echó marcha atrás para pedir que se enmendara la ley reconoció que su hijo Seth había firmado una petición contra la legislación que él iba a ratificar.

“Este proyecto de ley en otro tiempo no hubiese sido controvertido”, dijo Hutchinson, poniendo el acento en la diferente mentalidad de algunos padres frente a sus hijos en Estados Unidos.

Porque, desde finales de la década de los años 90, Estados Unidos ha pasado de tener una mayoría de estados que prohibían explícitamente el matrimonio homosexual a posiblemente estar a pocos meses de legalizar esas uniones en todo el país.

En junio el Tribunal Supremo deberá decidir si es constitucional que los estados prohíban o se nieguen a reconocer matrimonios de homosexuales, una decisión histórica tras décadas de lucha por la igualdad.

Pese a todo, en este país de más de 300 millones de habitantes siempre habrá quien piense que la religión exime de ciertas obligaciones civiles, como aquellos que han donado miles de dólares a una pizzería de Indiana que dijo que jamás serviría comida para una boda gay.

Otros muchos se preguntaban quién iba a celebrar una ocasión tan señalada con un banquete con pizza como plato estrella, especialmente un colectivo reconocido por su sofisticación y buen gusto.

Para leer más de nuestra cobertura sobre la comunidad gay, visite este enlace.


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