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Se retira el alcalde de South Gate

La edad y la diabetes le han pasado la factura al alcalde de South Gate, Henry González, quien se retira de su cargo después de tres décadas.
La edad y la diabetes le han pasado la factura al alcalde de South Gate, Henry González, quien se retira de su cargo después de tres décadas.
(Gina Ferazzi )

SOUTH GATE.- “Hammerin’ Hank” deslizó su silla de ruedas hasta el resbaladizo pasillo y batalló para abrir la puerta hacia la elegante sala Art-Deco del cabildo en el palacio municipal de South Gate.

Cojeó hacia una silla de cuero negro en el estrado, tambaleándose en la pierna que le queda. Colocó una lupa en su ojo izquierdo – el único que tiene – para ver bien la agenda.

La edad y la diabetes le han pasado la factura al alcalde de South Gate, Henry González, pero eso es nada comparado con las cicatrices – al menos una de ellas literal – de la carrera de casi tres décadas en una población donde alguna vez la política era un deporte sangriento.

Otras ciudades del sudeste del condado de Los Ángeles han tenido sus propios escándalos, tal vez ninguno tan notable como el de la cercana Bell, donde en los estratosféricos salarios de las autoridades inspiraron una pregunta en “Jeopardy!” Pero durante años, South Gate fue la torre oscura de la maleficencia – y el paisaje de la fechoría pública caricaturesca que casi parecía inventada.

González, de 79 años de edad, fue uno de los chicos buenos. Eso significaba poder hacer concha – y tener una mandíbula fuerte. Hubo una ocasión en que fue golpeado en la cara por una concejal durante una sesión del cabildo.

Si ves con cuidado bajo la maraña de pelo blanco de González, verás una pequeña abolladura. Esa es de cuando alguien disparó a “Hammerin’ Hank” en la parte trasera de su cabeza.

Cuando González se retire el próximo mes, será el final de una era.

Él fue el primer miembro latino del cabildo y alcalde de South Gate. Y dejará la ciudad drásticamente diferente de la South Gate que se constituía en la noticia.

Es una de los pocas ciudades de clase trabajadora y de fuerte influencia de inmigrantes en el área que cuenta con amenidades como un reluciente centro comercial y un cine de salas múltiples. La diferencia más reveladora, sin embargo, se encuentra en en la cultura política de South Gate. Los desacuerdos no son inusuales en el palacio municipal. Pero ya no significan que alguien va a resultar despanzurrado políticamente.

David Demerjian, un fiscal, comandaba la unidad de anticorrupción gubernamental de la oficina del fiscal de distrito del condado de Los Ángeles. La unidad fue establecida en el 2001, como por el tiempo en que South Gate comenzó a llamar la atención a los de afuera, incluyendo la del FBI.

“Bell era de locura. Pero no creo que le llegara a lo que sucedía en South Gate,” Demerjian manifestó. “En South Gate, estaban decididos a dispararle a cualquiera”.

Si una bala rebotó en mi cabeza, entonces puedo aguantar un puñetazo. – Henry González, alcalde de South Gate
El padre de González, un inmigrante de Sinaloa, y la familia de su madre, estaban involucrados en los sindicatos. Creciendo en Watts, González tenía solamente 9 años cuando comenzó a asistir a las reuniones sindicales con su padre. Participó en huelgas con él y otros trabajadores.

“Tú le dices a la gente la verdad”, González recordó a su padre dicíendole. “Ellos regresarán diciéndote que estás en lo correcto o que disienten contigo, pero te respetarán por nunca decirles lo que quieren escuchar”.

En 1955, González comenzó trabajando como pintor de pistola en la General Motors en South Gate, uniéndose a la United Auto Workers International Union y subiendo en la jerarquía de sus filas.

Sus habilidades negociadoras para el sindicato le ganarían el sobrenombre de “Hammerin’ Hank”.

González se cambió a South Gate en 1961. Encontrar una casa no fue fácil. Había mucha discriminación en esos tiempos. González dijo que tenía amigos blancos que le ofrecieron buscar casa para él. Pero eventualmente se quedó en la ciudad, aún cuando las familias de blancos comenzaron a irse.

González fue electo al cabildo de South Gate en 1982, por el tiemo en que la General Motors, Firestone y otras compañías cerraron y miles de trabajo se perdieron. El trató de utilizar su posición como autoridad electa para persuadir a las compañías a permanecer, sin lograrlo.

“Él fue el puente entre el South Gate de los blancos y el de los latinos”, mencionó Héctor De La Torre, un ex asambleísta que fue un aliado de González en el cabildo durante los años más traumatizantes de la política de la ciudad.

En 1988, González perdió su cargo en las elecciones después de intentar y fallar, la municipalización de la electricidad de South Gate mediante la adquisición de la planta Edison de Sur de California .

Fue reelecto al cabildo en 1994. Para entonces González había conocido a un joven concejal, Albert T. Robles, quien se había graduado de la UCLA y parecía muy prometedor.

El 13 de abril de 1999, González y su esposa se estacionaron frente a su casa después de una reunión del cabildo llena de acontecimientos. Utilizando un bastón para caminar, el concejal se acercó a la puerta lateral de su cocina cuando sintió un golpe en la parte trasera de su cabeza. Había sido herido de bala.

González yacía en un charco de sangre mientras su esposa gritaba y perseguía al pistolero. La bala, por quien sabe qué razón, no le dio de lleno en la cabeza. Le llevaron de prisa al hospital, pero muy pronto estuvo de pie y de vuelta en el palacio municipal.

“Después de haber sido baleado, ¿quién regresa por más?”, se maravillaba De La Torre.

El atentado llevó a especulaciones interminables. Todos los residentes parecían saber quien lo había hecho y por qué. Hasta González tuvo sus sospechas. Pero casi 16 años después, nadie sabe nada. El atentado permanece sin resolver.

Varios de los siguientes años fueron tumultuosos. Hubo acusaciones de sobornos y de tácticas políticas de mano dura. Las juntas del cabildo recayeron en el caos, con residentes que se opusieron a la mayoría del concejo frecuentemente expulsados. Robles había llegado a ser el tesorero de la ciudad; él y sus aliados dieron lucrativos contratos a los contratistas y bufetes jurídicos que les apoyaban, poniendo a la ciudad al filo de la bancarrota.

González era un blanco frecuente de ataques políticos. El cartón de leche pintando a González como “el perdido” siguió diciendo que él había sido “visto recientemente vagando en un estacionamiento abandonado… sin saber dónde andaba y hablando solo, diciendo entre dientes ‘¿dónde andará esa señora atractiva?”’.

Un candidato a secretario de la ciudad fue falsamente acusado de manejar borracho. El anuncio a través del correo incluía una bien hecha falsificación de un emplazamiento por DUI (manejar bajo influencia).

“Era completamente inventado y te dejaba perplejo”. Se quejaba Demerjian. “No podía creer que algo así nos sucediera en los Estados Unidos”.

El miembro del cabildo de South Gate, Gil Hurtado, añadió que González jugó un papel vital en terminar con la cultura de corrupción y en reparar la credibilidad de la ciudad.

“Tenemos los Gandhis del mundo, a los Mandelas del mundo, los Martin Luther Kings del mundo y tenemos a Henry González en nuestra ciudad”, concluyó.

En el 2003, ante un movimiento popular, Robles y sus aliados fueron depuestos de sus cargos. Durante los siguientes tres años, el tesorero de la ciudad sería convicto de participación en una intriga de corrupción pública masiva y sentenciado a 10 años en prisión federal. Fue liberado en el 2013.

“La comunidad se unió perfectamente. Déjame decirte, nunca vi nada igual”, manifestó González.

Días después de la deposición, una concejal que era una de las aliadas más firmes de Robles en el cabildo le tiró un derechazo a la cabeza que golpeó al González de por entonces de 67 años de edad, en la mejilla durante un estira y afloja sobre un documento.

González se la sacudió con humor.

“Una bala rebotó fuera de mi cabeza, entonces puedo soportar un puñetazo”, bromeó por entonces.

González, quien llegó a ser alcalde por séptima vez el año pasado, dijo estar listo para retirarse. Ya no puede moverse como lo hacía. Y el futuro de la ciudad luce brillante para González.

Dice que le gustaría escribir sus memorias. Tiene los recuerdos, cajas de documentos y la abolladura en la parte trasera de su cabeza para llenar algunos capítulos al menos.

Algunos miembros del cabildo bromean que no se va a ir a ningún lado.

“Henry en realidad no se va a retirar”, puntualiza Hurtado . “Será la eminencia gris, y nosotros vamos a ir a tocar a su puerta para saber su opinión cuando la necesitemos”.

“Y lo queramos o no, el nos retroalimentará”.


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