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Familia

Las latinas experimentan altos índices de depresión posparto

Las latinas experimentan altos índices de depresión posparto
(JackF / Getty Images/iStockphoto)

Un nuevo estudio publicado este mes en el Journal of Affective Disorders muestra que hay muchas trayectorias de depresión diferentes para madres primerizas. Algunas mujeres sufren de depresión que empieza antes del embarazo, otras durante el periodo prenatal, y otras en el periodo posparto. Como consecuencia, un enfoque en el que “una talla le queda a todas” no va a funcionar para evaluar o tratar la depresión.

Mientras aproximadamente una en cada siete mujeres sufre depresión postparto en los Estados Unidos, por ejemplo, las Latinas — quienes son una de cada cinco mujeres en los Estados Unidos—sufren unas de las tasas más altas de depresión postparto. Pocos estudios existen para explicar por qué, pero las altas tasas reportadas son en parte explicadas porque las Latinas son las más probables de tener al menos un hijo.

Desafortunadamente, muchas Latinas no reciben el cuidado que necesitan.

Una razón es debido a sentimientos de culpa. Desde anuncios de productos para bebés a comerciales sobre la maternidad, las madres son presentadas como jubilosas. En su experiencia como madre, Jessica Alba describe que “no sabía siquiera que fuera posible tener todo este amor y gozo y felicidad en mi vida.” Aunque estas imágenes reflejan la auténtica experiencia de muchas madres, la maternidad se ha vuelto sinónimo de felicidad, dejando poco espacio para que las mujeres puedan tener otros sentimientos aceptablemente.

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Como psicólogo durante el periodo perinatal en Chicago, Dr. Sheehan Fisher escucha sobre estos sentimientos de culpa en las madres, incluyendo mujeres Latinas. Estas expresan culpa por no sentir la alegría que ellas piensen que deben sentir, culpa por la dificultad para seguir al paso con el cuidado de los niños, y culpa por no sentirse conectadas a su recién nacido.

El estigma que existe en relación a la salud mental es otro factor. Treinta por ciento de las madres Latinas sufren de enfermedades de salud mental que están relacionadas al nacimiento de un hijo. Pero frases comunes como las son “tiene la mente fundida”, “está mal de nervios,” “tostao’”, “de manicomio”, “chiflado,” asesinan el carácter de una persona en lugar de reconocer la enfermedad médica.

Sería socialmente inaceptable el criticar a un paciente con diabetes o cáncer como una persona débil. De hecho, cuando Keylla Hernández fue diagnosticada con cáncer, ella pudo legítima y orgullosamente declarar “Yo soy una guerrera.” Desafortunadamente, muchos individuos que luchan contra enfermedades mentales son vistos negativamente y tratados con prejuicio.

A menudo, Dr. Fisher ve la internalización del estigma en las mujeres Latinas y otras madres de herencias culturales diferentes, como las mujeres que el trata se preguntan, “Que está mal conmigo? Por qué no soy suficientemente fuerte?” Para ellas, la depresión es una reflexión de carácter débil en lugar de un problema de salud médica que tiene contribuciones de carácter biológico (e.g., hormonas), social (e.g., conflictos de pareja), y ambiental (e.g., estresores financieros) que afectan el cerebro y se manifiestan como una experiencia de tristeza o ausencia de gozo.

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Otro factor que contribuye a que menos mujeres Latinas reciban ayuda para su depresión postparto reside en el sistema de cuidado de salud. Estudios por la Dra. Ana Aparicio acerca del acceso de inmigrantes al cuidado de salud público a raíz de la reforma de beneficencia social revelan que muchas mujeres Latinas—especialmente aquellas que trabajan por su cuenta y aquellas subempleadas—carecían acceso a cuidado de salud adecuado. Aquellos con Medicaid pueden hacerlos pasar mucho trabajo para obtener el tratamiento correcto; muchas veces, los especialistas que estos puedan necesitar no son parte de su póliza de salud.

Las mujeres que dominan más el Español quienes tienen acceso a cuidado de salud, incluyendo servicios de salud mental, no siempre encuentran traductores o proveedoresclínicos con sensibilidad cultural quienes pueden mejor diagnosticar y tratar su depresión postparto. Esto deja a muchas sintiéndose frustradas con sus proveedores médicos, particularmente cuando ellas no pueden recibir un tratamiento óptimo.

Sin embargo, estas barreras no tienen que ser permanentes.

Todos necesitamos hablar más abiertamente sobre la realidad de la depresión postparto, como muchas famosas han hecho en años recientes: Jennifer López compartió su historia de depresión postparto después de dar a luz a sus gemelos. Jenni Rivera, Luz ElenaGonzalez, Daniela Castro, y Hayden Panettiere han discutido la tristeza, el quebranto, y la culpa extrema que han sentido y el apoyo médico que les ayudó con su depresión postparto.

Desde los miembros de la familia y líderes locales a obstetras/ginecólogos y pediatras, necesitamos ser más culturalmente sensitivos del estigma social de la depresión cuando se solicita información del paciente. Los proveedores clínicos deben asegurarse que haya traductores disponibles cuando sean necesarios.

Para las madres primerizas, es importante alejarse de los estigmas y mitos para reconocerlos síntomas de depresión postparto y buscar la atención médica apropiada. Y mientras los remedios caseros y el comunicar lo que están sufriendo con un miembro de la familia o amigo puede ser útil, es importante buscar la ayuda de un experto de salud mental.

Algunas sienten que “la ropa sucia se lava en casa,” pero la información de salud mental es salvaguardada con leyes especiales de confidencialidad federales y estatales.

La historia de una madre debe ser escuchada con toda seguridad de manera que ella pueda obtener el apoyo de profesionales, la comunidad, y la familia que ella se merece.

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Sheehan D. Fisher, PhD, es un investigador, instructor y psicólogo clínico en psiquiatría y ciencias del comportamiento en Northwestern University que se especializa en salud mental perinatal. Ana Aparicio, PhD, es una profesora universitaria de antropología y estudios Latinos en Northwestern University. Ambos son parte del The OpEd Project’s Public Voices Fellowship.


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