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Arquitectura como ejemplo de cruda expresión estética

Concreto, cristal y vigas de metal expuestas forman parte de la estética.

Concreto, cristal y vigas de metal expuestas forman parte de la estética.

(AGENCIA REFORMA)
Agencia Reforma

Tres volúmenes de carácter ortogonal conforman este edificio residencial en la Ciudad de México, cuya definición estética y estructural se da a partir del manejo expuesto del concreto y del metal, así como la integración del vidrio.

El proyecto capitalino fue ideado por el equipo de D+S, que incluye a los arquitectos Sonny Sutton, Alberto Pérez, Misael Núñez, Gustavo Cortés, Rodrigo Martínez y Carlos Rivas, así como al ingeniero Allan Dayan Askenazi.

La simplicidad volumétrica de la propuesta se tradujo también en el manejo de los materiales, cuyo aspecto se cuidó en cada detalle.

“Nuestro lenguaje arquitectónico se caracteriza por la utilización de los materiales en su esencia, de manera aparente. En este caso, el concreto lo manejamos en diferentes tipos de estampados, desde enduelados con madera de pino hasta triplay, que es la manera más común en que se trabaja el concreto aparente.

“Lo que hace la madera que se utiliza es como un molde, y sus propiedades se pigmentan de alguna forma como el acabado final del concreto, por lo que es muy importante elegir bien la madera”, explicó el arquitecto Sonny Sutton.

El resultado fue que, además de funcionar en el sentido estructural, el hormigón tiene una fuerte presencia ornamental. Las texturas de la madera, impresas en los muros, se complementan con las del piso de mármol usado en los espacios públicos. Más allá de esto, ofrece ventajas como una larga vida útil, un mantenimiento casi nulo y sus funciones de ser un aislante sonoro. “Los muros de concreto tienen que ser, cuando menos, de 16 centímetros”, señaló el artífice. “Al ser muros tan gruesos y tan densos, evitan el ruido, lo cual es muy importante para que cada departamento tenga su privacidad”.

De manera similar, las vigas expuestas de acero, que se pueden apreciar desde la fachada, son parte formal del proyecto arquitectónico y definen su estética.

Coexistencia con el exterior

Tres volúmenes componen el edificio residencial. El central, de mayor altura, contiene las circulaciones verticales (escaleras y elevador) y los accesos tanto a la misma edificación como a los propios departamentos.

A sus costados se acomodan dos cajas de cristal, donde se distribuyen los departamentos, los cuales se entretejen con el contexto de diferentes maneras.

Por un lado se encuentran los dos frondosos árboles que se ubican en la banqueta directamente frente al edificio, los cuales, además de ofrecer color y textura al paisaje, disminuyen el impacto directo del sol al interior de los espacios.

“Manejamos volados muy extensos hacia la calle que se convierten finalmente en terrazas, en balcones. De alguna manera, crean esa barrera entre el interior y el exterior”, apuntó Sutton.

“Las jardineras metálicas de la fachada están ahí porque tratamos de incluir áreas verdes, vegetación, para lograr esa conexión con el entorno. Hay una celosía que, como tenemos el poniente hacia el frente del edificio, filtra los rayos solares y genera diferentes escenarios y juegos de sombras en el interior, dependiendo de la hora del día”.

Esto se suma a la iluminación artificial de las áreas comunes y departamentos, compuesta por lámparas de bajo consumo.


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