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Teatro de marionetas chileno ofrece una mirada universal de los mineros

"El silencio tiene sonido". La afirmación viene de parte de Santiago Tobar, director de Silencio Blanco, la compañía chilena de teatro de marionetas que presenta este fin de semana en Miami "Chiflón, el silencio del carbón", una mirada universal sobre el duro mundo de los mineros y sus familias. EFE

“El silencio tiene sonido”. La afirmación viene de parte de Santiago Tobar, director de Silencio Blanco, la compañía chilena de teatro de marionetas que presenta este fin de semana en Miami “Chiflón, el silencio del carbón”, una mirada universal sobre el duro mundo de los mineros y sus familias. EFE

“El silencio tiene sonido”. La afirmación viene de parte de Santiago Tobar, director de Silencio Blanco, la compañía chilena de teatro de marionetas que presenta este fin de semana en Miami “Chiflón, el silencio del carbón”, una mirada universal sobre el duro mundo de los mineros y sus familias.

Los actores de esta pieza “en cámara oscura” elegida por Silencio Blanco para su primera gira por Estados Unidos son muñecos blancos fabricados con periódicos viejos y manipulados mediante varillas hechas con palillos de “sushi”.

“Que sean blancas las marionetas es para reforzar el No al texto teatral. El tener una marioneta blanca es como encontrarse con una hoja de un cuaderno blanco y tú tienes que empezar a escribir una historia”, dice a Efe este actor y director de 37 años.

La gira de Silencio Blanco, una compañía fundada hace siete años con el propósito de comunicar desde la austeridad y el reciclaje, comenzó en Chicago y recala este fin de semana en Miami, hasta completar tres meses de trabajo por ocho estados.

En total son 21 funciones de este a oeste y de norte a sur, incluyendo Nueva Jersey, Pensilvania, Nueva York, Los Ángeles, Maryland y Portland (Oregón)

Los siete integrantes de Silencio Blanco llegan de la mano del programa Southern Exposure, que la Fundación estadounidense Mid Atlantic Arts provee como promoción del arte latinoamericano.

“Lo que hacemos con ‘Chiflón’ es que el espectador crea su propia historia con la marioneta. No le ponemos vestuario a los títeres, no le ponemos ojos ni texto alguno porque no es necesario. Mostramos personajes universales y transversales”, asegura Tobar en medio de un montaje de luces en el Miami Dade County Auditorium.

La actriz y productora Dominga Gutiérrez, de 28 años, ve el trabajo con las marionetas como una tramo en el camino de la actuación y no le importa el anonimato.

“Se trata de entregarle la energía y el mensaje a otro para que ese otro comunique”, explica.

“Voz no ponemos, pero sí la respiración. La marioneta es la extensión del actor. Somos tres actores por marioneta. Es la extensión de tres actores que conjugan su energía para un solo objeto”, apunta Gutiérrez.

Inspirada en una pieza literaria del chileno Baldomero Lillo, maestro del realismo social de finales del siglo XIX, “Chiflón, el silencio del carbón” se propuso como objetivo dignificar a la mujer.

“La historia ciertamente es la de los mineros, pero el corazón de la obra son las mujeres que los esperan afuera, la mujer que se queda sobre la tierra diariamente esperando a su marido, a su hijo, a su padre”, dice el director de la puesta.

El accidente del 2010 en la mina chilena San José, con 33 mineros atrapados a unos 720 metros de profundidad que finalmente fueron rescatados, dio pie luego a un argumento de ficción. Las mujeres no sabían qué iba a pasar con sus hombres.

“Nuestra propuesta es transversal y universal. No es un tema de Chile. En las minas de oro y diamante de Sudáfrica pasa exactamente lo mismo”, argumenta Santiago Tobar.

“El corazón de nuestra obra tiene que ver con ese dolor, esa angustia, ese amor palpitante de la mujer”, dice.

Aunque se dice que la obra fue inspirada en el accidente de San José, los integrantes de la compañía especifican que viene de las vivencias de algunos miembros de la compañía en la localidad de Lota, unas seis horas al sur de Santiago de Chile, donde hasta 1997 funcionó una mina de carbón conocida como “Chiflón del Diablo”.

El chiflón de aire genera un gas, y al entrar en contacto con la chispa que produce la picota, el efecto se vuelve un lanzallamas. Era el accidente más común de una zona dentro de la mina de Lota.

Según Tobar, antiguamente y a diario, extraían hasta 50 cadáveres de mineros y no pasaba nada.

Silencio Blanco hace en su obra un reconocimiento a aquellos mineros, “porque, después del cierre de la mina de Lota, el país se olvidó de estos obreros que enriquecían a otras personas”, afirma Tobar.

Ahora, en silencio, los actores buscan cajas de madera vacías en los mercados de abasto, palillos de sushi en los restaurantes y periódicos viejos de donde sea para presentar espectáculos minimalistas.

Suben a un escenario también en silencio y, apoyados en efectos de sonidos, imprimen durante 50 minutos una carga dramática a sus mineros de 30 a 40 centímetros de altura.

“Todo nuestro repertorio es igual”, dice el director.

“Nuestra poética se basa en darle valor a lo que la gente cree que está tirado sin remedio. Por eso el papel de los diarios, las cajas rotas, las varillas de sushi”.

“Son varillas que estaban en la basura y llevan 3 años viajando con nosotros. Ese periódico que está agotado en cualquier lugar es ahora una marioneta”, concluye el director chileno.


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