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Miedo, rechazo y una larga fila en el día de las elecciones

Votantes llegan a las casillas de votación en el condado de Kent, Ohio. David Maxwell / EPA

Votantes llegan a las casillas de votación en el condado de Kent, Ohio. David Maxwell / EPA

Afortunadamente, esta contienda larga, extraña y horrible ha llegado a su fin el día de hoy, con la participación de millones de estadounidenses yendo a las urnas. Y cuando lleguen a la casilla, seguramente encontrarán más confusión, un poco de mal trato e inclusive un caos, todo depende a dónde le toque votar.

Las largas filas también. Si el voto anticipado es una indicación de algo, entonces el día de hoy será recordado en las estadísticas de los libros de récords. Los votantes se esperaron varias horas el fin de semana para votar y quizás evitar cualquier desaguisado el día de hoy.

Las marcas registradas de los votantes anteriormente se han pulverizado en todo el país, incluyendo el estado de Texas y Nebraska, en Washington e Illinois. Y en California, más residentes están registrados para votar (19.4 millones) que antes, representando el porcentaje más alto de personas elegibles para votar (78%) en dos décadas.

La emoción sobre la candidatura del presidente Barack Obama en el 2008 no fue tan motivante, evidentemente, como el miedo y el rechazo generalizado por los nominados: Donald Trump y Hillary Clinton.

En muchas de las ocasiones, el miedo que ha llevado a las urnas a los electores no son exagerados, sino ridículos: que a Donald Trump se le califique como Fascista, o que Trump desencadenaría imprudentemente un intercambio nuclear apocalíptico. Que Hillary Clinton dejará las fronteras abiertas para permitir una oleada de inmigrantes, incluyendo algunos que pudieran ser terroristas. Que la economía de Estados Unidos se hundirá si prevalece Trump (o Clinton, si es que estás en su contra); que se probará que el proceso de elecciones es tan manipulado como un reality TV show; y que los muertos y gente sin documentos votarán a gran escala.

Wau. Esto es demasiado para digerir en la casilla uno solo, y será mejor que todos esos pensamientos los dejemos en la casa. En la forma que nos conduzcamos el día de hoy a la hora de votar, será lo que influya en cómo nos manejaremos el miércoles y los próximos cuatro años.


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