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Editorial: Fidel castro vivió y murió en la controversia

(PEDRO PARDO / AFP/Getty Images)

El 25 de noviembre murió Fidel Alejandro Castro Ruz, el hombre que ese mismo día, pero 60 años atrás, atravesó el Golfo de México junto a un puñado de seguidores, a bordo del Gramma, para dar inicio a la revolución cubana y dejar una huella imborrable en la vida de millones de personas.

Sin duda, Castro es el último gran personaje del siglo XX. Con su muerte culmina uno de los capítulos más polémicos de la historia mundial contemporánea, y su impacto es enorme en varias generaciones.

Para unos, Castro Ruz, el comandante en jefe de la revolución cubana, es el autor de la desgracia de millones de cubanos que tuvieron que abandonar la isla y el responsable directo de las guerras que sacudieron al continente americano y africano a lo largo de las décadas de los ‘60, ‘70 y ‘80.

En el otro lado del espectro político, es visto como el símbolo de la independencia y de la dignidad de los pueblos que no se dejan avasallar por las grandes potencias.

Su muerte, como su vida, ha desatado una gran polémica. Mientras en las calles de Miami se celebró con júbilo la muerte de un dictador, en La Habana las escenas de dolor y de pérdida se reflejaron en las caras de cientos de miles de personas que se alinearon en las calles para ver pasar el auto militar que transportaba las cenizas del dirigente muerto.

Sin duda, la Historia se encargará de hacer un juicio certero de la vida, obra y legado de Fidel Castro. Será el tiempo el que diga la última palabra y lo coloque en el salón de los héroes o en la tumba de los tiranos.


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