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Consejos para sobrellevar mejor los berrinches y rabietas

Las rabietas y los padres.
Las rabietas y los padres.

Antes que todo, recuerda que su exceso de enojo o de rabia le asusta a tu hijo mismo, pero lo primordial, es asegúrate de que no se hace daño ni daña a los demás.

Hablamos de las rabietas que son parte de la vida diaria de algunos niños, aunque pueden ser menos frecuentes en otros. Estas se pueden minimizar, organizando la vida de tu bebé de manera que la frustración permanezca dentro de los límites de su tolerancia la mayor parte del tiempo.

Cuando tenga un berrinche o rabieta puede ser más fácil mantener a tu niño seguro si lo sujetas con suavidad en el suelo. A medida que se vaya calmando y se sienta cerca de ti, descubrirá, para su asombro, que todo sigue igual después de la tormenta.

Es importante recordar que hay algunos niños que no soportan estar en brazos mientras están teniendo una rabieta. La restricción física les da más motivo para enojarse. Si tu hijo reacciona de esta manera, no insistas en dominarlo físicamente. Aparta cualquier cosa que pueda romper e intenta evitar que se haga daño a sí mismo.

A continuación algunas sugerencias:

No intentes discutir o negociar con tu hijo. Mientras la rabieta dura, respira profundo y recuerda ¡qué edad tiene tu pequeño!

No le contestes gritando, si es que puedes evitarlo. La rabia y el enojo son muy contagiosos y puede que te sientas más enojada con cada uno de sus gritos. Intenta no participar en la rabieta con él. ¡Mantén la calma y la tranquilidad!

No, de ninguna manera recompenses o castigues por una rabieta. Lo importante aquí es que tu hijo vea que las rabietas, que son horribles para él, no cambian nada, tanto a favor como en contra. Si tiene una rabieta porque no dejas que salga al jardín, no cambies de opinión, ni tampoco dejes que salga después de que se haya calmado. Deja que fluya en forma natural.

No permitas que las rabietas en público te hagan sentir mal. Muchos padres temen las rabietas en lugares públicos; sin embargo, no debes dejar que tu hijo sienta esta preocupación. Si dudas en llevarlo a la tienda de la esquina, para evitar que tenga una rabieta porque quiere dulces, o si lo tratas de forma extra cuidadosa cuando hay visitas por si el trato ordinario provoca una explosión, se dará cuenta de lo que está pasando. Una vez que tu hijo se dé cuenta de que sus enojos genuinamente incontrolables tienen un efecto en tu comportamiento hacia él, es probable que aprenda a usarlos y entre en un estado de rabietas semi-deliberadas típicas de niños de cuatro años cuyas rabietas no se han manejadas con eficacia.

Conclusión, no es fácil ser un niño chiquito y pasar sin control de esos estados de ansiedad a explosiones de rabia. Tampoco es fácil ser madre o padre y tener que convivir con ese estado emocional tan variable y mantenerlo en equilibrio. Pero el tiempo ayuda. A medida que tu niño crezca podrá manejar mejor las cosas. Eso significa que tendrá menos frustración extrema en su vida diaria. También podrá conocer y comprender más, y su vida tendrá menos novedades que lo asustan. Aprende a sobrellevar cada etapa de tu hijo y sobre TODO disfruta y ámalo, sólo será niño por poco tiempo.

Elisa Guzmán es consejera familiar. www.facebook.com/AsesoraDeVida.


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