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Indocumentados de la tercera edad buscan pensiones en sus países de origen

Sin tener derecho a recibir dinero de los fondos de retiro en Estados Unidos, indocumentados de la tercera edad y activistas piden ayuda para que estos inmigrantes puedan reclamar la jubilación que ganaron por décadas de trabajo en sus países de origen.

“Es necesario que los gobiernos extranjeros nos ayuden para orientar a estos trabajadores que se están quedando sin recursos y sin fuerzas físicas para trabajar. Aquí tenemos un jornalero que necesita con urgencia la ayuda”, manifestó Benjamin Wood, director del Centro de Jornaleros de Pomona, California.

A sus 90 años y con problemas de salud, Francisco López está ahorrando dinero para regresar a México y solicitar la pensión que dice merecer por las casi cuatro décadas de trabajo en Empresas ICA, una compañía constructora con casi 70 años de existencia.

Con la necesidad de reunir fondos para emprender el regreso a su país natal, el migrante busca empleo todos los días en el centro de jornaleros, sin embargo la tarea cada día es más complicada y el día que mejor ha ido ha ganado 20 dólares.

“Aquí ya casi no me contratan, solo me quieren para recoger hojas y por eso necesito viajar a la Ciudad de México a reclamar mi pensión, fueron muchos años de trabajo”, aseguró López.

Wood y el centro de jornaleros están comprometidos en ayudar al jornalero oriundo de Xochistlahuaca, Guerrero, quien llegó al país hace 30 años.

La situación del migrante es precaria, se encuentra solo en el sur de California después que las autoridades migratorias deportaran a su hijo, no tiene vivienda estable, duerme en un albergue y en el día se la pasa en el centro esperando que alguien lo contrate.

“No queremos que se vaya, creemos que en México la podría pasar peor, y si quiere no puede regresar por su condición migratoria, pero necesita recibir fondos para que pueda sostenerse aquí y la pensión le ayudaría”, señaló Wood.

La cónsul encargada de Asuntos Jurídicos en el consulado de México en Los Ángeles, Georgina Marina Robles, aclaró que no existe un sistema establecido por la cancillería para que los mexicanos en el exterior puedan solicitar su jubilación sin tener que viajar al país azteca a realizar los tramites.

No obstante, los buenos oficios de la representación consular podrían respaldar a los migrantes para averiguar si ellos contribuyeron a su fondo de pensión.

“Tenemos conocimiento de un gran número de migrantes de la tercera edad que reciben su pensión, y muchos que están en proceso”, aclaró la funcionaria.

Según datos del Instituto de Políticas Migratoria (MPI), en 2012 residían en el país cerca de 1,5 millones de latinos migrantes de la tercera edad, la mitad serían mexicanos y una tercera parte del total de ancianos serían indocumentados.

Por otra parte, el caso de los migrantes que buscan pensiones no es exclusivo de los mexicanos, el guatemalteco Fabricio Hernández, a sus 72 años, está en el mismo dilema de López, sin documentos ni posibilidades para trabajar en Estados Unidos.

Por eso necesita de la pensión a la que tendría derecho por haber trabajado más de 35 años en Ciudad de Guatemala. “El problema es que si me voy, no tengo como regresar y no me quiero ir porque tampoco (quiero) ser una carga”, aclaró Hernández.

Para el director de La Red Nacional de Jornaleros (NDLON), Pablo Alvarado, los jornaleros que piden trabajo en las esquinas son una de las comunidades migrantes más afectadas por este problema.

Muchos de ellos no cuentan ni siquiera con los requisitos básicos para poder establecer si tienen derecho a la jubilación.

En el caso de López por ejemplo, el hombre no cuenta con su acta de nacimiento y no tiene consigo los papeles que demuestren que trabajó en la constructora ICA.

“Necesitamos ayuda del gobierno mexicano para recolectar esos documentos y darle la esperanza que va a poder reclamar su pensión”, dijo Wood.

Mientras el Centro de Trabajadores de Pomona busca apoyo, López sigue ilusionado que va a reclamar su pensión en el Distrito Federal, donde pretende quedarse en la casa de un amigo con el que no se ha podido comunicar y no sabe si aún vive.

“Necesito por lo menos lo del pasaje en bus, allá alguien me va a ayudar”, vaticinó.


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