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Un inmigrante poblano y apasionado de la arquitectura que parece no tener límites

José Antonio González, arquitecto e inmigrante de Puebla.

José Antonio González, arquitecto e inmigrante de Puebla.

Su inquietud y curiosidad llevaron a José Antonio González, desde su época universitaria, a buscar otras alternativas en Estados Unidos. De ahí que logró formar parte de un equipo de natación en la Unión Americana y, posteriormente, continuó en ese país su preparación como arquitecto.

Después llegaron las oportunidades para radicar y trabajar en Berlín, Nueva York y, finalmente, en Los Ángeles, ciudad donde por siete años vivió la experiencia de formar parte del despacho de uno de los talentos de la arquitectura internacional: Frank Gehry.

Apasionado de competir en triatlones, practicar snowboard, viajar y tocar el piano cuando dispone de algún momento, González es autor de obras como el restaurante XOC Tequila Grill, en Woodland Hills, California; la residencia privada Leslie, en Beverly Hills, y el hotel Busue, en la Ciudad de México.

Con 37 años de edad dirige en Los Ángeles el despacho Jagar Architecture, una oficina que en cada proyecto explora la forma más eficiente y productiva para satisfacer la necesidad de los usuarios.

- ¿Cómo surge tu gusto por la Arquitectura?

Mis padres son arquitectos y, desde que recuerdo, mis actividades familiares iban siempre acompañadas de día en la obra, con colados, planos, ingenieros y muchos restiradores, maquetas y plumones de colores. Al mismo tiempo, mi madre siempre estuvo involucrada en el mundo de las artes, en el que se desenvolvía como pintora, profesora y activista con diferentes grupos y movimientos relacionados a la cultura, el arte y en general a las industrias creativas. Por lo tanto, entre el olor a óleos, copias de amoniaco y plumones permanentes, siempre me la pase jugando y pretendiendo hacer rayas que llevaban a intersecciones, espacios y, eventualmente, a volúmenes.

- ¿Dónde te preparaste como arquitecto?

Entre a cursar la licenciatura de Arquitectura en la Universidad de Las Américas de Puebla, en septiembre del 97, donde estudié tres semestres. Después, ingresé al equipo de natación de los cuernos largos de la Universidad de Texas, en Austin, y ahí me transferí completamente a su escuela de Arquitectura donde cursé cuatro años más para obtener un grado profesional de Bachelor of Architecture, en el 2002.

- Qué representa para ti esta disciplina?

La arquitectura como el arte es algo muy dependiente de su interpretación y contexto, pero en mi caso es una manera de expresar artística y profesionalmente el sentimiento de mejorar nuestro entorno creando espacios y soluciones de relevancia que trasciendan hacia un beneficio de algún tipo. Es un privilegio y una responsabilidad enorme porque lo que hacemos no es necesariamente tangible ni calculable, simplemente coordinamos, organizamos, orientamos y cuando es posible arriesgamos, siempre con la pura y sencilla finalidad de crear un ambiente apropiado para el constante y cambiante drama humano.

- Eres poblano, ¿por qué decides radicar en Estados Unidos?

La realidad es que siempre he sido muy inquieto y curioso, y si algo heredé de mis padres es el interés por lo desconocido, por viajar, por conocer lugares y técnicas, y por no perder el interés en crecer. En Puebla tuve una infancia maravillosa que me dio muchas alas, así que no encontré manera de justificar el no usarlas.

Cuando estudié en Estados Unidos mi perspectiva profesional cambió por completo. Todo era muy diferente a lo que estaba acostumbrado y, sin definir si mejor o peor, la conclusión fue diferente, y ahí fue donde me di cuenta que si eso pude lograr, muchas otras cosas diferentes se podrían explorar más adelante también, y así fue como Nueva York, Berlín y Los Ángeles sucedieron.

- ¿Que experiencia te dejo Alemania?

Trabajé en Berlín, en el despacho de Mathias Sauerbruch y Louisa Hutton, Sauerbruch Hutton Architekten, considerados hoy en día uno de los cinco despachos mas progresistas y relevantes de Alemania. Ahí ganamos el proyecto de la Agencia Federal del Medio Ambiente y el del Mundo BMW, en Múnich.

Fue una extraordinaria experiencia porque me di cuenta que Berlín, como cualquier otra ciudad metropolitana, es sumamente heterogénea y donde las mentes creativas de todo el mundo se encuentran. En algún momento pensé que iba a pasar el resto de mi vida por allá, pero, una vez más, la curiosidad me ganó.

- ¿Trabajaste también en la oficina de Frank Gehry?

Sí, fueron siete años, pues a pesar de que en Berlín me encontraba en un despacho con mucho potencial siempre hay cosas que te llaman la atención y entre ellas siempre estaba la práctica de Frank Gehry en Los Ángeles. No fue un proceso fácil, no tenía muchos contactos, pero después de una intensa búsqueda y docenas de currículums entregados a lo largo de la ciudad, Frank Gehry se convirtió en mi nuevo hogar laboral.

Justo en ese tiempo, Frank asignó su primer proyecto en latinoamérica a un nuevo diseñador, el cual necesitaba equipo y entre esa gran pila de portafolios de nuevo surge el mío y la definición de suerte: “La oportunidad encuentra preparación”, ya que entre mi experiencia en Europa, mi grado profesional americano y el español fueron los que me abrieron esta puerta. Con Frank no aprendes a hablar de arquitectura, sino a hacer que la arquitectura hable por ti.

- ¿Cómo es que decides abrir Jagar Architecture en Los Ángeles?

Una de las cosas más importantes que aprendí de Gehry es que su verdadero legado no son sus edificios, los edificios son imágenes momentáneas de sus aptitudes profesionales en un momento y lugar específico, pero la verdadera aportación a la profesión es su escuela. Eso es lo que él realmente aprecia.

Con él entendí que ya terminaba oficialmente mi entrenamiento y educación y que era momento de empezar por mi cuenta después de haber trabajado como diseñador de proyectos tanto con él como con uno de sus socios más talentosos en ese entonces Edwin Chan y con su hoy socio, Anand Devarajan.

- ¿Qué tipo de arquitectura les gusta hacer en tu despacho?

Tratamos de explorar en cada proyecto e identificar la manera más productiva, eficiente e inteligente de satisfacer el programa requerido y en algunos casos motivar tanto a usuarios y clientes a aventurarse mas allá de su zona de comodidad. Procuramos siempre medir o calificar nuestro trabajo en su funcionamiento en todos los sentidos, no sólo en lo técnico, sino también en lo sentimental o espiritual.

- ¿Ha sido difícil abrirte camino en Estados Unidos?

Sí y no. Como en cualquier país o lugar, el llegar de fuera siempre es complicado. Tanto la falta de conocimiento de nosotros hacia los locales, como al revés. Sí existen grandes tabúes de o hacia los mexicanos, pero muchas veces son mucho más grandes en nuestra cabeza que en la realidad. Yo he tenido mucha suerte y he conocido un gran número de maravillosas personas que me han apoyado en todo momento, empezando por el despacho Boutique en el centro de Austin, Texas, el cual me dio mi primer trabajo de maquetista, hasta Frank Gehry.

- ¿Qué nos hace falta en México para tener una Arquitectura más audaz?

México tiene proyectos interesantes y muy audaces. Son muchos los factores que rodean un proyecto y entre ellos tiene mucho que ver la estabilidad social y la calidad de la Administración pública. En México tenemos muchas cosas que mejorar, pero lo bonito es que la arquitectura es parte de la solución. No sólo para hacer museos o estadios, sino para crear una manera inteligente de mejorar los espacios públicos, la seguridad y la educación, entre otras cosas.


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