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Residente fronterizo: Los inmigrantes ‘van a encontrar cómo cruzar’ el muro

La casa de Alejandro Hernández, en la Colonia Anapra, en Juárez, Chihuahua, colinda con el muro fronterizo recién remodelado que divide a esa ciudad de Sunland Park, Nuevo México.

La casa de Alejandro Hernández, en la Colonia Anapra, en Juárez, Chihuahua, colinda con el muro fronterizo recién remodelado que divide a esa ciudad de Sunland Park, Nuevo México.

Cuando Alejandro Hernández sale al patio de su casa, un muro de acero lo hace sentirse prisionero.

Su vivienda, ubicada en la calle Tonka y Calamar de la Colonia Anapra, está a unos metros de la valla fronteriza que Estados Unidos refuerza desde mediados del año pasado, en los límites entre Chihuahua y Nuevo México.

“No hay muro que no se pueda brincar”, asegura, a su vez, Marcial Belmárez -compadre de Alejandro-, quien considera que el muro que anunció el Presidente Donald Trump afectará a los dos países.

“También les afecta porque la mano de obra viene de acá. Si se llevan las compañías de carros para allá, también les afecta, van a pagar en dólares. Si aquí pagaban, por decir, 3 dólares el día, allá van a pagar 15 la hora, 20 la hora”, dice el vecino de este punto fronterizo, colindante con Sunland Park, Nuevo México.

Hernández, de 35 años de edad, vive aquí desde hace 20 años, a unos pasos del muro.

“La malla no impide nada, saludar a la gente, y comentarle, platicarle”, dice mientras sostiene a su hijo, de 11 meses.

Recuerda que hace unos tres meses, cuando retiraron la anterior malla que dividía a los dos países, los mismos trabajadores le dieron unos postes para cambiar el cerco de su casa.

“Eran parte del (anterior) muro. Me los donaron. Me vieron aquí poniendo mis tablitas y me dijeron que me iban a regalar unos tubos, y ahí están”, muestra.

Tanto Hernández como Belmárez coinciden en que los migrantes que intenten cruzar por la zona batallarán más porque la malla que retiraron estaba más baja, y ahora la barda supera los cinco metros.

"(Pero) van a encontrar cómo cruzar, porque no pueden detener a la gente”, afirma Belmárez.

En años pasados, este punto entre Chihuahua y Nuevo México lograba reunir a habitantes de ambos lados de la frontera, justo en la valla, para realizar misas binacionales por el Día de Muertos, o para dar regalos a las madres el 10 de Mayo, así como juguetes o despensas en Navidad.

“Antes llegaba la gente y nos daban cosas, tenis, juguetería, pero los migras ya no dejaron que nos vieran”, recuerda Hernández.

“Ya la gente ya no viene. Aparte del muro, les hicieron una valla de unos 20 metros a ellos”.

Para el padre de familia, el reforzamiento del muro no representa mucho, porque ha estado acostumbrado a verlo, pero estima que sí será duro para quienes buscar cruzar.

Desde mediados del año pasado, autoridades de Estados Unidos iniciaron los trabajos de reforzamiento de la valla fronteriza en esta zona, ya que la malla que se instaló desde 1986 se debilitó por el clima y la arena, y se cambió por acero tubular.


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