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Los mexicanos se aferran a su alegría genética contra malos augurios de 2017

Una mujer muestra una prenda roja que está a la venta para los entusiastas de los rituales para recibir el Año Nuevo, en el Mercado Sonora, en Ciudad de México. Con la intuición de las aves que se anticipan a las catástrofes, los mexicanos se aferran este fin de año a la alegría activa en sus genes saliendo a las calles y siguiendo sus tradiciones, como ardid para espantar el estropicio que, según la prensa y los analistas, reinará en el país en 2017. EFE/Alex Cruz

Una mujer muestra una prenda roja que está a la venta para los entusiastas de los rituales para recibir el Año Nuevo, en el Mercado Sonora, en Ciudad de México. Con la intuición de las aves que se anticipan a las catástrofes, los mexicanos se aferran este fin de año a la alegría activa en sus genes saliendo a las calles y siguiendo sus tradiciones, como ardid para espantar el estropicio que, según la prensa y los analistas, reinará en el país en 2017. EFE/Alex Cruz

Con la intuición de las aves que se anticipan a las catástrofes, los mexicanos se aferran este fin de año a la alegría activa en sus genes saliendo a las calles y siguiendo sus tradiciones, como ardid para espantar el estropicio que, según la prensa y los analistas, reinará en el país en 2017.

Han sido acosados por noticieros que les prometen destrozos apenas un nivel abajo del Armagedón bíblico, pero no creen todo y horas antes de terminar el año viejo, salen a la calle seguros de que no pueden cambiar la realidad, pero sí la forma de verla.

Varios artículos usados como parte de los rituales para recibir el Año Nuevo son ofrecidos en el Mercado Sonora, en Ciudad de México. EFE/Mario Guzmán

Varios artículos usados como parte de los rituales para recibir el Año Nuevo son ofrecidos en el Mercado Sonora, en Ciudad de México. EFE/Mario Guzmán

“Se vienen tiempos difíciles pero si cumplimos con lo que nos toca y estamos unidos será un año pasable. Los mexicanos siempre tenemos algo bueno para dar a los demás, eso nos distingue”, aseguró hoy a Efe Viridiana Toral, una madre de familia que fue al Zócalo, principal plaza pública del país, para que sus hijos conocieran la pista de hielo pública montada allí por la alcaldía capitalina.

Con sus patines afilados, miles de mexicanos se mueven por la superficie color plata con la ligereza de un insecto sobre una hoja de agave y por un rato olvidan las ofensas a su pueblo del presidente electo de EE.UU., Donald Trump, y se desentienden de la devaluación del peso respecto al dólar, del alza de la gasolina y de las puñaladas por la espalda de los políticos mexicanos corruptos.

Cientos de personas se divierten en una pista de hielo que fue colocada en el Zócalo de la Ciudad de México para las fiestas decembrinas. EFE/Mario Guzmán

Cientos de personas se divierten en una pista de hielo que fue colocada en el Zócalo de la Ciudad de México para las fiestas decembrinas. EFE/Mario Guzmán

Como un dios ateo y todopoderoso, Trump ha prometido poner muros para alejarse de sus vecinos del sur a quienes tildó de violadores y delincuentes, dice que revisará el Tratado de libre comercio que une a su país con México y Canadá, y repite discursos nacionalistas por los que lo han comparado con el hombre del bigotito que guiaba a Alemania en 1939.

Como consecuencia el peso se ha devaluado y horas después de que en muchas casas se consuman 12 uvas para invocar la buena suerte en el 2017, la gasolina se incrementará hasta en un 20 por ciento.

El golpe más doloroso, por artero, viene de la casa y lo han sentido los mexicanos de políticos corruptos de altos vuelos, como el Gobernador de Veracruz, Javier Duarte, prófugo de la justicia tras un robo multimillonario, o el de Chihuahua, César Duarte, que al irse dejó una deuda también millonaria, por solo citar dos peces gordos.

Los números mantienen asustados a los analistas de economía, más la gente del pueblo muestra el instinto del gato que confía en tener siempre una vida adicional y sobre todo caer de pie.

“Hay maneras de ver las cosas con una mirada diferente, me imagino el año nuevo más divertido y recibirlo será inolvidable”, dice Josefina Hernández, una joven de la generación de la mayoría de los muchachos que se desplazan por el hielo con gracia de libélulas ajenas al peligro.

En el centro de la ciudad un niño se mete dentro de un chorro de agua de una fuente con el consentimiento de su padre, creyente de que la alegría ahuyenta la gripe, mientras una cámara graba el sí de una chica a un moreno de brazos largos, todo en un parque donde las palomas se fueron porque la gente invadió sus territorios.

“México es un país grande, tiene los problemas que tenemos todos los latinoamericanos; está el tema del gasolinazo pero habrá manera de sobreponerse. Para nosotros los latinos si no hay problema, no hay vida y siempre salimos adelante”, dice el turista peruano Antonio Flores, quien vive en Cuzco y vino a México a conocer las tradiciones y pasar el fin de año.

Usan bromas, le quitan el polvo a viejas frases como “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos” y al final se burlan de sus desgracias porque siempre fue así.

Ya otras veces se levantaron de un enemigo violento, de un peso devaluado, de aumentos de precios injustos y de políticos ladrones y no ven una razón para que ahora sea diferente.


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