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Inmigrante baleado, asaltado, por poco pierde la vida, y todavía sin obtener la visa

Gustavo López Quiroz resultó con un pulmón dañado y dos costillas fracturadas por el ataque a balazos en Tocatlán.

Gustavo López Quiroz resultó con un pulmón dañado y dos costillas fracturadas por el ataque a balazos en Tocatlán.

Luego de haber sido baleado cuando iba en el tren rumbo a Estados Unidos, el centroamericano Gustavo López Quiroz asegura que el Gobierno estatal ha obstaculizado el trámite de su visa humanitaria.

Este joven de 31 años, sobrevivió a un ataque a balazos el 5 de octubre en Tocatlán por parte de supuestos policías en contra de al menos 20 centroamericanos, que derivó en la muerte de uno.

En entrevista, expuso que Elías Dávila, sacerdote administrador de la Casa del Migrante la Sagrada Familia, y abogados de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), tramitan la visa humanitaria.

Sin embargo, a dos meses no lo han conseguido presuntamente porque la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) no expide una copia de la denuncia que él presentó por el ataque en su contra y la muerte de uno de sus amigos.

“Esa copia es la que no nos quieren dar en la Procuraduría, que por eso en migración no me dan la visa y así es como me quedo a la espera”, asentó.

López Quiroz ingresó al Hospital Regional de Tzompantepec con un pulmón dañado y dos costillas fracturadas por impacto de bala, 20 días después lo dieron de alta y resguardaron en la Casa del Migrante.

“Aquí en Tlaxcala casi me muero, por gracia de Dios estoy vivo y así me lo dijo el médico después de reconstruir mi pulmón y arreglarme las costillas. Desde que salí de Nicaragua llevo dos agresiones; en Chahuites, Oaxaca, me asaltaron”.

Sobre esta última agresión, señaló que tres de sus connacionales con los que fue asaltado están a punto de conseguir la visa.

López Quiroz dijo temer por su vida porque denunció directamente a los custodios de la empresa Ferrosur por el ataque a balazos en contra de los inmigrantes.

“Todos los días miro pasar a los garroteros, fueron ellos los que nos balacearon, estaban escondidos entre la hierba como delincuentes”, señaló.

“Yo tengo miedo de estar aquí, (...) los garroteros cada que bajan a los inmigrantes del tren les dicen que la orden es matarnos y tirarnos”, agregó.


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