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Escritor Héctor Aguilar Camín: “Mi compromiso es escribir bien”

Héctor Aguilar Camín toca en su novela Toda la vida los temas del desamor y el asesinato.

Héctor Aguilar Camín toca en su novela Toda la vida los temas del desamor y el asesinato.

A menos de un mes de cumplir 70 años, el historiador y novelista mexicano Héctor Aguilar Camín asume que su único compromiso es escribir bien, a lo cual dedica sus lecturas más obsesivas y las mejores energías de su tercera edad.

“Mi compromiso es escribir bien, no creo estar en esa franja de quienes han llevado las cosas al nivel del arte, pero siento escribir cada vez menos mal”, asegura Aguilar Camín, quien acaba de publicar la novela “Toda la vida”.

Se trata de una historia sobre el amor fatal de Serrano, escritor de profesión, quien huye de la mujer que ama, involucrada en un asesinato, y pasa la segunda parte de su vida en un viaje de regreso a ella.

Con una prosa limpia, el autor recrea rincones de la vida de la Ciudad de México y arma una red de silencios, verdades a medias y supuestos en la que se ven involucrados sus principales personajes.

“Tiene dos lados esta novela, es la historia de un hombre que ha huido de la mujer porque entre ambos está el secreto de este crimen que ella dice haber cometido” y “a mitad de la vida, vuelve a tener la necesidad de ella”, señala.

Así, cuenta, “la novela consiste en una doble indagación: qué pasó con ese asesinato y dónde está la mujer porque el narrador decide no huir de ella, sino más bien ir hacia ella”.

Pudo ser una obra larga, tradicional, ambiciosa, pero Aguilar Camín se guardó datos y descripciones en busca de una novela estricta y cabal concentrada en un dilema central, qué tan posible es vivir con un crimen en el corazón de una relación amorosa.

Sentado frente a un tablero de ajedrez con las piezas blancas listas para el primer movimiento, reconoce que el libro es de ficción pura, sin embargo, no hay un solo restaurante o antro inventado y las anécdotas de los personajes están tomadas de la vida.

“Yo creo que no hay nada en ninguna obra de ficción que no haya estado antes en la realidad, entendiendo que la realidad de un escritor es lo que vive y sus lecturas, la ficción es una gran caverna imaginativa llena de infinitos fragmentos de realidad”, opina.

Periodista, historiador, filósofo y autor de ficción, Aguilar Camín es uno de los intelectuales más importantes de México, pero su prioridad sigue siendo encontrar tiempo para armar sus novelas.

“Yo siempre quise ser novelista, me fui a la historia y el periodismo por razones alimenticias y luego me enamoré de las dos, pero mi idea fundamental siempre ha sido escribir novelas”, cuenta.

Aunque su cargo de director de la revista Nexos le deja poco tiempo libre, ha logrado diseñar una rutina consistente en escribir cuatro horas diarias miércoles, viernes, sábados y domingos, pero cuando está en medio de un libro, le quita más a sus semanas y se lo da a la literatura.

“Cuando escribo no voy en el orden de la historia, mi idea es que uno debe escribir lo que quiere ser escrito; hay normas útiles para cualquiera, primero escribe lo que te dé la gana como viene a tu cabeza, luego quita los adjetivos y si queda algo, puedes empezar a partir de ahí", dice Águilar Camín, para quien la reescritura es el verdadero acto fino.

Héctor asegura que su esposa, la escritora Ángeles Mastretta, es lo mejor que le ha pasado, nada parecido al personaje Liliana de su nueva novela, a quien Serrano no considera compañía adecuada para un escritor.

“Es muy fácil vivir con ella, es una alegría continua, lo mejor que me ha pasado en la vida es Ángeles Mastretta y me pasa todos los días”, dice y luego habla del ritual inviolable de desayunar juntos cada mañana e irse a dormir a la vez, viendo una serie de televisión y leyendo libros, uno al lado del otro.

Aguilar Camín se considera un lector muy ecléctico, desordenado, pero siempre vuelve a su mejor maestro de los últimos años, el ruso León Tolstoi.

“Mis primeros guías fueron Thomas Mann, Albert Camus, Jean Paul Sartre, luego los norteamericanos Fiztgerald y Ernest Hemingway, después los franceses y los latinoamericanos; entré a Tolstoi pasados los 50 años y desde entonces me ha parecido de una dimensión artística inconmensurable”, asegura.

A veces filosofa sobre la edad y escucha atento si alguien le recuerda que a los 80 años el premio nobel peruano Mario Vargas Llosa está estrenando novia y novela.

No dice nada, pero comenta que mientras escribe notas para un libro, de pronto se le cruza otro y lo abre aunque no esté relacionado con el anterior.

“Es así como hoy tengo abiertas cinco novelas y no he escogido aún una para terminarla”, revela.


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