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El retorno de Marcelo Ebrard

"¡Marcelo! ¡Marcelo!", le ruegan para que voltee y los vea. Que salude a la cámara, que sonría. "¡Bienvenido, Marcelo!", le gritan. Se atraviesan en su camino, lo saludan de mano y le piden fotos. A Marcelo Ebrard le cuesta abrirse paso en el salón donde se dejó ver después de tres años de autoexilio en el extranjero.

"¡Marcelo! ¡Marcelo!”, le ruegan para que voltee y los vea. Que salude a la cámara, que sonría. "¡Bienvenido, Marcelo!”, le gritan. Se atraviesan en su camino, lo saludan de mano y le piden fotos. A Marcelo Ebrard le cuesta abrirse paso en el salón donde se dejó ver después de tres años de autoexilio en el extranjero.

(agencia reforma)

"¡Marcelo! ¡Marcelo!”, le ruegan para que voltee y los vea. Que salude a la cámara, que sonría. "¡Bienvenido, Marcelo!”, le gritan. Se atraviesan en su camino, lo saludan de mano y le piden fotos. A Marcelo Ebrard le cuesta abrirse paso en el salón donde se dejó ver después de tres años de autoexilio en el extranjero.

“Estoy encantadísimo de estar en la Ciudad de México”, le dice a la prensa. “Siempre he estado defendiendo todos mis actos de gobierno, no tengo de qué avergonzarme, por eso estoy aquí; si no, no estaría”, indica.

Intenta seguir el paso de Andrés Manuel López Obrador, que lo nombró operador de su campaña presidencial en el Bajío, una de las regiones panistas más reticentes a votar por Morena. Pero distraen a Ebrard en el camino. Ambos se separan, la distancia se hace grande y Ebrard logra marcharse mucho después que el precandidato presidencial.

"¡Ahí les dejo a Marcelo!”, dice el morenista y apura su salida del hotel.

Entonces Marcelo se queda. Se reagrupa con su comitiva y camina junto a su esposa, la ex Embajadora de Honduras Rosalinda Bueso. Los colaboradores de Ebrard atienden a la prensa y escuchan a los morenistas que algo quieren decirle al ex Mandatario.

El ex perredista se demora: saluda, platica, se toma fotos. Tras él, una botarga sonriente de López Obrador posa para las cámaras, en ausencia del líder de carne y hueso.

“Marcelo Ebrard es un operador político y territorial. Sí le sabe, y obviamente dará buenos resultados”, estima Ricardo Monreal, otro de los “cazamapaches” elegidos por el aspirante morenista para procurarle el triunfo el 1 de julio.

Desde la tarde del miércoles se especulaba sobre el retorno de Ebrard, que se marchó del País en 2015, el mismo año en que el Gobierno federal emprendió una indagatoria por las irregularidades en la Línea 12 del Metro, construida durante su gestión en la CDMX.

Ahora, a su regreso, asegura que no busca un cargo en el Congreso para obtener la protección del fuero.

“Debo aclararles que he estado viniendo y no he estado, como se piensa, fuera dos años”, asegura Ebrard. “Yo salí de México porque no me permitieron siquiera ser candidato a diputado suplente, no por otra razón”.

¿En algún momento te sentiste perseguido?, se le cuestiona.

"¡Uuuh!”.

¿Hubo persecución política contra Marcelo Ebrard?

“Ustedes dirán. Yo soy de los pocos políticos mexicanos que han tenido fuego amigo y fuego enemigo al mismo tiempo. Y aquí estamos”.

Si hubo fuego, cenizas quedan. Los hombres de Ebrard lo escoltan hasta una de las salidas laterales del hotel, donde lo espera una camioneta Suburban con el chofer al volante y la portezuela trasera abierta. Abordan Ebrard y su esposa. Un cuarto hombre se sube al lugar del copiloto. El resto de sus colaboradores se queda cerca de su vehículo, como esperando algo, hasta que el auto arranca y transita por las calles que hace años no veía.


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