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Refugiado: “Creo que los mexicanos y los sirios somos similares, buenas personas”

El joven sirio Essa Hasan (izq.) huyó en 2012 de su país por la guerra civil que ha costado la vida a más de 230 mil personas. Vivió en Turquía, Líbano e Italia, donde no podía continuar sus estudios.

El joven sirio Essa Hasan (izq.) huyó en 2012 de su país por la guerra civil que ha costado la vida a más de 230 mil personas. Vivió en Turquía, Líbano e Italia, donde no podía continuar sus estudios.

“Sabe mucho a puerco... pero está bueno”, dice Essa Hasan.

El joven sirio acaba de comer su primer taco al pastor, al que le echó tanto salsa roja como verde y, aunque no parecía muy convencido cuando vio el trompo, es sólo una de las cosas mexicanas que está aprendiendo a disfrutar.

El 27 de septiembre Essa vivió su segunda noche en México. De 26 años, el joven fue el primer estudiante que llegó de Siria gracias al Proyecto Habesha, iniciativa privada que busca darle la oportunidad a 30 jóvenes de terminar sus carreras truncadas en el País.

El joven huyó en 2012 de su país a causa de la guerra, que los críticos achacan a los bombardeos estadounidenses y ahora de Franceses. Hasta hace dos meses los bombardeos habían costado la vida a más de 230 mil sirios.

El joven Essa ha vivido en Turquía, Líbano e Italia, donde no podía continuar sus estudios.

“Este proyecto es una oportunidad de hacer algo que ahorita no podemos hacer en otros lugares, y por eso agradezco que sí exista aquí en México”, señala.

Antes de su llegada, el Proyecto Habesha había recibido críticas aisladas de que los sirios no podrían aclimatarse al País.

No piensan lo mismo las más de 130 mil personas que firmaron una petición urgiendo al Gobierno mexicano a recibir a refugiados, ni quienes se manifestaron en algunas ocasiones frente a la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Y definitivamente no parece ser un problema para Essa, quien toma tequila mientras admira a los grupos que atiborran la Plaza Garibaldi.

“Aquí puedo hacer algo, incluso si llego a enfrentar problemas por ser estudiante sirio. Pero no creo que suceda. Creo que los mexicanos y los sirios somos similares, buenas personas”, dice.

A Una semana de haber llegado a México, el joven sirio partiró a Aguascalientes, donde el campus local de la UP, que apoya el proyecto, lo albergará por un año de cursos propedéuticos de español y cultura mexicana. Después, estudiará una maestría en alguna de las universidades que participan con Habesha.

Pero antes quería conocer la Ciudad de México. Hacer un recorrido por el centro: Alameda Central, que le recuerda a avenidas libanesas; el Palacio de Bellas Artes, similar a las estructuras que se volvieron familiares mientras vivía en Roma; el Zócalo, donde admira Templo Mayor y Plaza Garibaldi.

Ahí, aunque lleva toda la noche aquejado por un dolor de garganta y una tos intermitente, no puede resistirse e intenta cantar un refrán de “El Aventurero”.

“Esto es real, la parte real de México, no como una película”, dice.

También pueden parecer tomas cinematográficas las imágenes que llegan desde Siria o los países a los que sus habitantes están huyendo: gente llena de polvo y sangre tras el más reciente ataque aéreo a sus hogares, las masas que apenas caben en barcos precarios pero a quienes no les queda más opción que cruzar el Mediterráneo, un niño de tres años que yace muerto en una playa turca.

“Esa foto fue un gran paso, trajo atención a lo que ya estaba pasando. La guerra no empezó cuando mostraron esa imagen, pero fue más difícil esconder lo que sucedía”, considera Essa, en referencia al menor Aylan Kurdi, quien se ahogó en busca de asilo europeo.

“Queda claro que la guerra no terminará pronto, y ahorita no tenemos a que regresar. Entonces se trata de buscar un mejor lugar. Y si ya llegó al punto en el que la gente se está subiendo a esos barcos junto con sus hijos, significa que no tienen que perder. Podrían morir ahogados, pero también de hambre o por las bombas”, agrega.

Proyecto Habesha sigue trabajando para conseguir los fondos y documentos necesarios con los cuales traer a los 29 jóvenes restantes, muchos de los cuales están en situaciones muy precarias.

Y Essa, el primero en llegar, no lo olvida.

“No sólo se trata de mí, ése es el punto. Los demás estudiantes están en muy malas situaciones, entonces espero que lleguen pronto.

“Mientras, si aquí puedo hacer algo que beneficie después a Siria, aún mejor”, agrega.

Esta nota fue escrita hace dos meses, pero se las traemos a los lectores por su relevancia y el momento que viven los refugiados sirios que no quieren ser aceptados en Estados Unidos.


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