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La transición en México: 'El gobierno electo tiene demasiada prisa’, dice Héctor Aguilar Camín

"El poder anticipado del nuevo gobierno le ha traído costos anticipados también. Ha gastado parte de su luna de miel con el electorado, con la opinión pública y con los poderes reales, antes de que empiece formalmente su mandato", dijo el escritor e historiador Héctor Aguilar Camín.

“El poder anticipado del nuevo gobierno le ha traído costos anticipados también. Ha gastado parte de su luna de miel con el electorado, con la opinión pública y con los poderes reales, antes de que empiece formalmente su mandato”, dijo el escritor e historiador Héctor Aguilar Camín.

(Associated Press)

Héctor Aguilar Camín (Chetumal, 1946) no necesita presentación. Se trata de uno de los intelectuales, historiadores y escritores más importantes de México.

Director de la prestigiada revista Nexos, su columna “Día con día”, en Milenio Diario, es una de las más leídas del país.

Autor de numerosos libros de ensayo y narrativos como Morir en el golfo, La guerra de Galio, Adiós a los padres, Un futuro para México o el más reciente, la novela Toda la vida, sus opiniones y sus visiones políticas son muy apreciadas, comentadas y discutidas.

Con Aguilar Camín es la presente entrevista, acerca del momento que está viviendo México en vísperas de la asunción del nuevo gobierno.

Ha pasado poco más de cuatro meses desde el día de las elecciones presidenciales y estamos en el último mes de este interregno previo al inicio del nuevo gobierno, ¿cuál es su visión de cuanto ha sucedido políticamente en este lapso tan lleno de acontecimientos políticos.

Creo que hemos visto a un gobierno electo con mucha prisa, con apresuramientos erráticos. Ningún presidente electo en México había tenido tanto control de los meses de su transición al poder , ninguno había ejercido tanto ese poder, desapareciendo de hecho al gobierno en funciones.

Ninguno tampoco había tomado, antes de asumir la presidencia, decisiones tan serias y tan caras, como la de cancelar el nuevo aeropuerto. El poder anticipado del nuevo gobierno le ha traído costos anticipados también. Ha gastado parte de su luna de miel con el electorado, con la opinión pública y con los poderes reales, antes de que empiece formalmente su mandato.

Dado todo lo acontecido, desde la llamada consulta ciudadana para decidir la suerte del NAICM hasta las referencias directas del presidente electo a quienes lo critican en los medios, ¿cómo vislumbra al próximo gobierno en términos económicos, políticos y sociales?

Vislumbro un gobierno conflictivo, inclinado a la confrontación y a establecer duelos de poder con lo que se le opone. Pero me niego a hacer profecías. Lo sensato, creo, es ir midiendo día con día los pasos que da el nuevo gobierno, porque todavía no ha empezado, aunque nos dé la impresión de que empezó hace mucho tiempo.

La prisa y las decisiones apresuradas son veneno para los gobiernos. El gobierno electo de México tiene demasiada prisa y de pronto se instala entre sus miembros una especie de competencia política por ver quién gana los titulares de la prensa o quién parece más activo, con la mejor agenda. El cuadro empieza a ser de descoordinación y contradicciones internas, fisuras que anuncian fracturas.

¿Cuál es su opinión en particular sobre el tema del aeropuerto, incluso más allá de la decisión de suspender las obras en Texcoco a partir del 1 de diciembre? ¿Cuáles pueden ser las implicaciones y las consecuencias a corto, mediano y largo plazos de esta determinación?

No recuerdo haber visto o haber leído en tiempo real algo parecido a la conferencia de prensa del día en que López Obrador anunció la cancelación del aeropuerto.

Es la destrucción de valor más impresionante que he visto cumplirse en el tiempo de una conferencia de prensa. Las implicaciones son más caras aún que la anulación de esa inversión de 13 mil millones de dólares. Puso a los mercados en alerta roja.

Algo parecido sucedió con el anuncio de que se cancelarían las comisiones bancarias. Las consecuencias reales de las primeras decisiones del nuevo gobierno, o del anuncio de sus propósitos, han destruido más que generado valor económico. Han sido malas para la economía. Han calentado de más a los mercados, a las casas calificadoras y a los inversionistas que están nerviosos, desconfiados, inciertos. Y por lo mismo, muy atentos y muy exigentes. No es la mejor manera de empezar un gobierno.

Hay temas como la reforma energética, la educativa, la de telecomunicaciones que podrían ser también sujetas a la llamada consulta popular. ¿Qué piensa acerca de esta posibilidad?

Si eso sucede en términos parecidos a la consulta sobre el aeropuerto, sólo acabará de destruir la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros Me preocupa un gobierno que toma decisiones costosas sin consultar realmente a los ciudadanos y a los afectados.

También me preocupa la posibilidad de un gobierno que hace consultas a modo para justificar decisiones previamente tomadas, como me parece que fue la del aeropuerto.

Hay que reglamentar las consultas y ejercerlas con inteligencia, para lo realmente necesario, cuando hay dudas genuinas sobre lo que quiere la gente, no para legitimar lo que quiere de antemano el gobierno. Han anunciado que corregirán esto reglamentando con transparencia las consultas. Ojalá.

Algunas calificadoras han mencionado la posibilidad de que las consultas sean usadas por el próximo presidente de la república no sólo para refrendar su mandato en 2021, sino incluso para buscar la reelección en 2024, un tema históricamente muy delicado para México. ¿Cree que pueda darse esta situación?

No lo sé. Me he propuesto no hacer profecías sino reaccionar paso a paso a las decisiones del nuevo gobierno. Sin hacer profecías, lo que sé, hoy por hoy, es que la sola idea de la reelección de un presidente es tabú en la cultura política mexicana.

Otro tema preocupante es el de la libertad de expresión. Como candidato primero y como presidente electo ahora, Andrés Manuel López Obrador ha dado muestras de poca tolerancia hacia la crítica, a la que ha descalificado no tanto con argumentos como con epítetos y adjetivos despectivos. ¿Cuál podría ser la suerte de la prensa y la opinión crítica una vez que AMLO se convierta en presidente constitucional?

Esto dependerá de la actitud del presidente y de la actitud de los medios. Si el presidente decide reprimir la libertad de expresión de los medios, podrá acallar a muchos. Pero si los medios resisten la presión del presidente, sufrirán el paso por el desierto, aunque los sobrevivientes habrán dado a luz una prensa más libre, más independiente y más efectivamente crítica de la que tenemos.

Lo que ha dicho el presidente electo a ese respecto, es interesante. Dice que habrá cero censura, total libertad, pero que se reserva el derecho de réplica, porque el proceso debe ser de ida y vuelta: libertad de los medios para la crítica, pero derecho de réplica para el presidente.

"Vislumbro un gobierno conflictivo, inclinado a la confrontación y a establecer duelos de poder con lo que se le opone. Pero me niego a hacer profecías", dijo el escritor e historiador mexicano, Héctor Aguilar Camín.

“Vislumbro un gobierno conflictivo, inclinado a la confrontación y a establecer duelos de poder con lo que se le opone. Pero me niego a hacer profecías”, dijo el escritor e historiador mexicano, Héctor Aguilar Camín.

(EFE)

No me parece un mal trato, con esta salvedad: las réplicas del presidente electo suelen ser descalificaciones, más que argumentos. Debate poco y descalifica mucho. Hace también muchos juicios de intención, sugiriendo, con frecuencia, que hay un fondo de corrupción o interés ilegítimo en las críticas que recibe.

Ese estilo de réplica no alimenta ni enriquece el debate, lo encona y al final lo inhibe, porque es un intercambio entre desiguales y el presidente tiene muchos seguidores en los medios y en las redes que imitan o reproducen su tono. Si el tono es de descalificación, lo que tendremos es lo que tenemos: no un debate abierto, sino una mayor polarización.

En términos de equilibrio político, ¿qué tan benéfico o perjudicial resulta para el país que las dos cámaras legislativas estén dominadas por el ahora partido oficial, Morena?

Unas mayorías tan contundentes como las que los electores le dieron a Morena no le hacen bien a los equilibrios democráticos. Tampoco estaban bien para la democracia las mayorías frágiles de los últimos años.

Pasamos de la fragilidad a la contundencia, de la fragmentación a las mayorías absolutas. Hay algo desmesurado en la voluntad de los votantes mexicanos, pasan de lo sublime a lo ridículo, de la fragmentación democrática al “absolutismo democrático”.

"Estamos entrando en un terreno inédito de hegemonía política. No me gustan sus síntomas, pero no quiero predecir las enfermedades", dijo Héctor Aguilar Camín.

“Estamos entrando en un terreno inédito de hegemonía política. No me gustan sus síntomas, pero no quiero predecir las enfermedades”, dijo Héctor Aguilar Camín.

(ULISES RUIZ / AFP/Getty Images)

Digo esto último con comillas porque es una expresión exagerada, pero no encuentro otra que se aproxime a lo que quiero decir: una hegemonía democrática abrumadora, sin contrapesos.

Por último: ¿cómo vislumbra al México del año 2024, cuando constitucionalmente termine el mandato de López Obrador? ¿En qué condiciones se encontrará el país?

No hago profecías. Estamos entrando en un terreno inédito de hegemonía política. No me gustan sus síntomas, pero no quiero predecir las enfermedades.


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