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El 1968 fue un “parteaguas” para jóvenes pero México debe “cerrar el ciclo”

Fotografía del 25 de septiembre de 2018 del escritor y activista Joel Ortega, durante una entrevista con Efe en Ciudad de México (México). EFE

Fotografía del 25 de septiembre de 2018 del escritor y activista Joel Ortega, durante una entrevista con Efe en Ciudad de México (México). EFE

EFE

El movimiento estudiantil de 1968 en México, marcado por la masacre del 2 de octubre, fue un “parteaguas” hacia las libertades en el país latinoamericano, pero se debe “cerrar el ciclo” y apoyar a las nuevas generaciones, destacó hoy Joel Ortega, participante del movimiento.

“Ya pasaron 50 años y tenemos que cerrar el ciclo, aunque ello no quiere decir olvido. (...). Porque el 68 se convirtió en una lápida para los jóvenes”, dijo hoy en entrevista con Efe Ortega, sobreviviente de la matanza de Tlatelolco, uno de los episodios más oscuros de represión en la historia de México.

Pero el economista, escritor y activista quiere acabar con la nostalgia en “Adiós al 1968", un ensayo que rechaza la mirada contemplativa hacia este movimiento, abunda en la autocrítica y confronta los fantasmas del pasado.

“Hoy los jóvenes tienen su propia vida, y los viejos no tenemos más que hacer una cosa, quitarnos para que pasen los jóvenes”, destacó Ortega (Ciudad de México, 1946).

Para el escritor, el movimiento de 1968 permitió un cambio cultural y político en un México autoritario, donde el Partido Revolucionario Institucional (PRI) controlaba la esfera pública y los medios de comunicación.

“El 68 fue un factor determinante, un parteaguas, un antes y un después, porque paulatinamente se fueron creando islotes de libertad”, opinó Ortega, quien durante años fue profesor de Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Aunque se ganó en aperturismo, el triunfo fue muy progresivo y se cometieron errores. Entre ellos, no lograr que el pueblo en su conjunto se sumara sus reivindicaciones en estos convulsos meses que concluyeron en la masacre en la Plaza de las Tres Culturas.

“No logramos que los trabajadores se sumaran por el control de los aparatos sindicales”, situación que todavía continúa, explicó.

Ese 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas del popular barrio de Tlatelolco, el Ejército atacó a balazos a los estudiantes congregados en un mitin.

Aunque el número de fallecidos y la narrativa cambian, pues algunos expertos atribuyen a una fuerza policial los disparos, Ortega contabiliza 58 civiles muertos y dos militares.

“Era un mitin pacífico, y (por el número de muertos) fue peor que batallas enteras en Vietnam”, rememora sobre ese fatídico desenlace de lo que define como un “movimiento bastante naíf”, y que coincidió con el inicio, diez días después, de los Juegos Olímpicos de 1968 en el país.

De esta traumática experiencia, que todavía le produce “coraje”, también se llevó varios desencantos.

Él, que fue militante de la Juventud Comunista desde 1963, recuerda cómo muchos líderes del movimiento son considerados hoy todavía “héroes”, pese a que entraron a formar parte de los “aparatos de Estado”.

“Cambiaron los sueños por un escaño”, denunció Ortega.

La UNAM ha estado recientemente en el ojo del huracán luego de que a inicios de septiembre tuviera lugar un agresión por parte de “porros” (palabra con la que se nombra coloquialmente a los integrantes de grupos de choque) que dejó al menos 13 heridos, y derivó en una multitudinaria manifestación y varias detenciones.

“Algunos de mis excamaradas piensan que todo tiempo pasado fue mejor y que los jóvenes de hoy son unos pasotas y no les interesa nada, pero esto es mentira. Hace apenas unos días hubo un movimiento (pacífico, la manifestación) que estalló de un día para otro”, celebró.

Antes, continuó, existió la solidaridad de los jóvenes ante los trágicos sismos de 2017 o el movimiento contra el mandatario Enrique Peña Nieto en 2012, conocido como #Yosoy132.

Sobre el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, opinó que es una figura “interesante y compleja” que no representa una verdadera izquierda, lo que puede pasarle factura con sus millones de votantes, que sí defienden esta ideología.

El líder izquierdista, apodado el Peje, no es más que un “es-pejismo”, concluyó.


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