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Estudiantes de ingeniería crearon manos biónicas para un niño quemado en terrible accidente

Julián Reynoso

Julián Reynoso, de 10 años, se prueba una prótesis, el sábado en Los Ángeles. El niño sobrevivió a un accidente automovilístico en 2018, pero sufrió graves quemaduras y perdió nueve de sus dedos (Dania Maxwell / Los Angeles Times).

Julián Reynoso es un niño de cuarto grado, de 10 años de edad, con grandes ojos marrones y un astuto sentido del humor.

Cuando lo conocí, el sábado, estaba jugando con su Nintendo sentado en un sofá de una sala de estar abarrotada en el sur de Los Ángeles. Pese a que se quemó severamente y perdió nueve dedos el año pasado en un accidente automovilístico, sus habilidades motoras son impactantes.

En la cocina, la madre de Julián, Elizabeth Flores, de 34 años, quien también resultó gravemente herida en el accidente, preparaba su almuerzo.

Las cicatrices de Julián son evidentes; se quemó más del 35% del cuerpo, incluyendo la cabeza y el cuello. Perdió la mayor parte del cabello, aunque sus pestañas gruesas siguen allí. Las cicatrices de su madre son menos evidentes; sufrió un neumotórax, un desgarro de intestino y terribles hematomas.

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En ese frío día de junio, dos estudiantes de ingeniería de Cal Poly San Luis Obispo estaban por llegar en cualquier momento. Los alumnos de último año, Ryan Kissinger y Austin Conrad, vendrían a probarle a Julián una prótesis, un proyecto en el que han estado trabajando desde agosto.

Los jóvenes llegaron con una gran caja de herramientas negra, cuyos cajones tenían etiquetas como “tornillos”, “pulgar”, “articulación y dedo”. Esta era su segunda visita a la casa de Julián. La primera había sido un desastre; casi nada había funcionado. Pero no estaban dispuestos a rendirse. Así, se fueron a casa e hicieron arreglos.

Cada año, los equipos de estudiantes del club Cal Poly Quality of Life Plus, o QL+, realizan algunos proyectos destinados a mejorar la vida de las personas que podrían utilizar una solución de ingeniería para enfrentar un obstáculo físico extraordinario: una aleta especial para un nadador competitivo que perdió una pierna, una extremidad biónica para un estudiante de enfermería con un sólo brazo.

estudiantes de ingeniería

 

Julián Reynoso, de 10 años, con los estudiantes de ingeniería, Austin Conrad a la izquierda, y Ryan Kissinger. (Dania Maxwell / Los Angeles Times)

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Julián llamó la atención de QL+ a través de un estudiante de Cal Poly que es amigo de su familia. Setenta estudiantes solicitaron estar en el llamado “Proyecto Midas”. Kissinger, el líder del equipo, redujo el número a ocho. Para muchos de esos alumnos, crear manos para Julián se convirtió en un trabajo casi a tiempo completo, algo que hacen además de las tareas universitarias. Kissinger debía haberse graduado esta primavera, pero lo postergó por un trimestre para poder terminar su compromiso con Julián.

La mano izquierda del niño resultó más dañada que la derecha, por lo que esa prótesis será mucho más complicada. El reemplazo biónico para esa mano tendrá una batería, motores diminutos y pequeños botones en su interior, que él podrá activar con los muñones de sus dedos para mover los dedos impresos en 3D. Como la mano derecha es un mecanismo más simple, la probaron primero.

Sentado en el sofá entre Kissinger y Conrad, Julián deslizó su muñón derecho dentro de la mano que habían creado para él. Estaba cubierta con un guante blanco y negro.

Con un poco de esfuerzo y una gran sonrisa, Julián les enseñó el dedo medio.

Kissinger y Conrad se rieron aliviados. “No tengo que darte un dedo medio, ¿sabes?”, le dijo Kissinger.

Nada de lo que pasaron la madre y el hijo fue tan doloroso como la pérdida de tres miembros de la familia que murieron en el accidente, a manos de un hombre acusado de conducir ebrio.

Juan Reynoso y Elizabeth se habían conocido en Santa Bárbara, donde Elizabeth cursaba su licenciatura en literatura española. Estuvieron juntos 12 años. Él era mecánico de automóviles por cuenta propia, y estaba renovando la cocina de la familia en el momento de su muerte.

estudiantes de ingeniería

Austin Conrad verifica el tamaño de la mano de Julián Reynoso, para que se adapte a una prótesis. (Dania Maxwell / Los Angeles Times)

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Emma Ginger tenía siete años. El bebé, Sebastián, de seis meses, todavía estaba amamantando.

La sala está llena de las cosas de Emma y Sebastián. Elizabeth, una administradora de casos de la Autoridad de Vivienda del Condado de L.A, no puede hacer nada todavía. “En honor a nuestro precioso bebé Sebastián, hemos dejado el columpio en su lugar”, dice una nota pegada a la mecedora. “Por favor no mover”.

Entre la cocina y la sala de estar, un santuario para Juan, Emma y Sebastián está cubierto con fotos, imágenes de la Virgen de Guadalupe y velas encendidas.

Después del accidente, Julián pasó cuatro meses en el hospital, primero en la unidad de quemados en L.A County-USC Medical Center, luego en el Hospital Infantil de Los Ángeles. A mitad de su estadía, Andrew Goslin, quien está casado con la prima de Elizabeth, ayudó a organizar una visita de Matt Kemp, el jardinero de campo de los Dodgers. Goslin, que trabaja en Northrop Grumman y fue presidente de la pequeña liga local, conocía a alguien de la organización de los Dodgers y le pidió una foto autografiada de Kemp.

“Pero Matt dijo: ‘Claro que no, no enviaré una foto, iré al hospital’”, relató Goslin. Kemp pasó dos horas con Julián y su familia, y le prometió que los acompañaría a un juego cuando el niño estuviera lo suficientemente bien como para asistir.

Incluso después de ser trasladado a los Cincinnati Reds, Kemp mantuvo su compromiso. Cuando jugaron contra los Dodgers, en abril, el jugador (quien desde entonces fue intercambiado a los Mets) invitó a Julián a lanzar la primera bola.

Julián saludó a la multitud, luego caminó hacia el montículo. Sin la ayuda de manos protésicas, lanzó una pelota hacia Justin Turner, quien se agachó detrás del plato.

Durante el Día de los Caídos, Elizabeth llevó a Julián al Campamento de Sobrevivientes de Quemaduras en Lake Hughes, un evento anual organizado por el Centro de Quemaduras de Grossman. Allí practicó tiro con arco y atrapó seis peces.

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Lo cual me lleva a preguntarme: ya que Julián puede jugar con su Nintendo, arrojar un primer lanzamiento e incluso usar un lápiz sin una prótesis, ¿por qué necesita nuevas manos?

una prótesis

Julián Reynoso en su hogar, en el sur de Los Ángeles. (Dania Maxwell / Los Angeles Times)

“Veo esto como un plus”, afirmó Elizabeth. “No puede girar las perillas, o abrir una botella de agua. Creo que lo ayudaría a andar en bicicleta o en moto”.

Kissinger piensa que el proyecto es algo más grande que sólo un par de manos. “Hemos creado una metáfora para él y su familia”, afirmó este lunes. “Hay personas que son compasivas con él, y la bondad puede triunfar sobre la tragedia. Tal vez obtenga una prótesis diferente más adelante, o tal vez no necesite ninguna para su mano izquierda. Queremos ser una fuerza restauradora”.

Como expresó Conrad: “Esto no es por el sólo hecho de la ingeniería; no queremos construir un auto de carreras más rápido. Este es un intento de restaurar orden en el caos”.

Después de que Julián fue dado de alta del hospital, se educó en casa durante seis meses.

En febrero, regresó a la primaria Harmony Elementary. La Alisa Ann Ruch Burn Foundation organizó tres asambleas de reingreso y preparó a los alumnos para la vuelta de Julián. Su aspecto, después de todo, había cambiado dramáticamente desde la última vez que lo habían visto.

El niño no tuvo problemas en la escuela y fue nombrado alumno del mes, contó su madre. A veces, sin embargo, cuando van por allí, otros niños se le quedan mirando.

“Una chica le preguntó: ‘¿Qué te pasó?’, contó Elizabeth. "Él le dijo que había estado en una guerra en el videojuego Fortnite”.

El sábado, el Proyecto Midas culminará con una cena en el campus de Cal Poly. Elizabeth, quien no se siente cómoda conduciendo largas distancias, planea tomar el tren junto con Julián.

Kissinger, Conrad y su equipo tienen menos de una semana para terminar la misión. Y cuando la escuela termine por el verano, no piensan abandonar a Julián.

Julián Reynoso

Julián Reynoso concreta el primer lanzamiento, el 16 de abril, en el Dodger Stadium. (Juan Ocampo / Los Angeles Dodgers)

 

“Quiero ser tu soporte técnico las 24 horas y los siete días de la semana”, le dijo Kissinger. Como Julián aún está creciendo, los estudiantes creen que la prótesis será útil para él durante unos dos años.

Esta semana, están trabajando duro en los detalles finales. No quieren que las manos se vean como versiones artificiales de las que perdió. Quieren que luzcan increíbles, futuristas, impresionantes. “Buscamos hacer algo que cambie la forma en que interactúa con las personas”, explicó Conrad. “No queremos que la gente lo mire y le diga ‘¿Qué te pasó?’. Queremos que le miren las manos y exclamen ‘¡Guau! ¿Qué es eso?’”.

Oh, bueno… no es gran cosa. Es sólo un par de manos del futuro.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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