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Vendedores ambulantes se sienten ignorados; ocho años de manifestaciones y todavía sin solución

Foto de archivo. María Franco es una vendedora que han vendido en la calle por los últimos 12 annos.

Foto de archivo. María Franco es una vendedora que han vendido en la calle por los últimos 12 annos.

Cansados de esperar por años que el ayuntamiento de Los Ángeles les otorgue un permiso para trabajar, cientos de vendedores ambulantes han optado por una nueva estrategia para lograr que se les permita salir de la ilegalidad.

Se calcula que en Los Ángeles hay casi 50.000 vendedores ambulantes y la inmensa mayoría son hispanos de bajos recursos, a los que nadie les da soluciones.

“Nos han puesto junta tras junta, audiencia tras audiencia y, sin embargo, todavía no hay una propuesta que venga de los políticos. No más nos están pidiendo más y más tiempo, mientras los vendedores sufren injusticias”, dijo Janet Favela, vocera de la Campaña por la Legalización de las Ventas Ambulantes de East LA Community Corporation (ELACC).

Caridad Vásquez es una de las vendedoras que ha padecido este lento proceso. Desde que llegó a Los Ángeles hace 22 años se gana la vida vendiendo comida casera en las calles.

En el 2008 fue desplazada junto a decenas de vendedores del lugar donde había trabajado por muchos años. “De cincuenta vendedores, pues yo no más me quede aquí" explica.

Desde esa época la inmigrante, oriunda de Colima (México), decidió unirse junto a otros vendedores bajo la batuta de ELACC para pedir la legalización de su trabajo.

Aunque han pasado casi ocho años de manifestaciones y decenas de peticiones, las cosas no han mejorado, el único cambio lo hizo ella: ahora se limita a vender quesadillas.

“Vendo sábado y domingo porque no quiero llamar la atención de las autoridades, cuando ven que hay mucho vendedor es cuando llegan”, señala.

El 6 de noviembre del 2013 los concejales José Huizar y Curren Price presentaron una moción para regular las ventas callejeras, después de más de dos años y medio los afectados, como Vasquez, no han visto ninguna solución.

“La policía puede llegar en este momento con sanidad y levantan todo y recibes hostigamiento” explica Merced Sánchez, oriunda de Puebla (México) y vendedora de ropa en el centro de la ciudad.

Por eso ahora vendedores y activista decidieron cambiar la estrategia y enfrentar uno a uno a los concejales de la ciudad. Irónicamente descubrieron que la mayoría de las autoridades son ajenas a la realidad que viven decenas de miles de personas.

“Ha sido muy difícil escuchar cuando nos juntamos con un concejal que nos digan: oh no sabíamos que se les cobra renta a los vendedores, que ciertos policías los tratan mal o que piden el estatus migratorio”, relata Favela.

La nueva campaña se ha concentrado en destacar el aporte de estos trabajadores a la economía de la ciudad.

Además, los activistas han puesto en manos del ayuntamiento las reglas de ciudades como Nueva York que hace décadas otorgaron permisos para la venta ambulante.

Sánchez cree que no hay voluntad política y que el ayuntamiento está olvidándose de la comunidad de bajos recursos. La inmigrante cuenta que en México era empleada de gobierno y que al llegar al Sur de California no encontró trabajo y se dedicó al comercio.

“Hasta este momento la ciudad no quiere entender que no somos una carga sino que generamos dinero” advierte.

Según ELACC, más del 80 % de los vendedores ambulantes son hispanos de bajos ingresos, a veces muy por debajo del nivel de pobreza federal. La mayoría son indocumentados que no pueden conseguir trabajo.

“Un oficial me quito y me dijo: Porque no te vas a trabajar? y yo le dije: Oficial, tengo cincuenta y cuatro anos usted cree que va a haber trabajo para mi? No tengo papeles, usted cree que si yo, si no supiera trabajar estaría vendiendo?,” recuerda con indignación Vásquez.

En estos últimos años la inmigrante se ha sentido ignorada, cree que parte del rezago es por que la mayoría de los afectados son mujeres. Por eso ella decidió convertirse en uno de los rostros de la campaña, que tiene un vídeo musical e incluso una fotonovela. “No porque somos mujeres nos vamos a quedar calladas” asegura.

La nueva estrategia también busca lograr el apoyo de la comunidad y de los consumidores. La consigna es lograr demostrar que su trabajo no está afectando a los comerciantes.

“Los negocios saben que nosotros traemos más compradores, entonces deberían dejar de oponerse a que nos den los permisos y dejarnos trabajar” concluyó Sánchez.


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