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Disputa sobre un mensaje de texto termina con un adolescente muerto. ¿Pero en realidad fue un asesinato?

Zareh Manjikian (izq.) y Vahagn Jurian (der.) solicitaron al juez que sobresea sus condenas por el asesinato de Mike Yepremyan, en 2009 (Barbara Davidson / Los Angeles Times).

Zareh Manjikian (izq.) y Vahagn Jurian (der.) solicitaron al juez que sobresea sus condenas por el asesinato de Mike Yepremyan, en 2009 (Barbara Davidson / Los Angeles Times).

Un solo mensaje de texto enviado por un adolescente puso en marcha una noche letal. En pocas horas, el joven de 19 años estaba muerto, con el cráneo perforado por una bala.

El tiroteo ocurrido en 2009 captó la atención a nivel nacional y culminó en las condenas por asesinato en primer grado de dos hombres que, según sostienen los fiscales, se sintieron ofendidos por el texto y mataron al adolescente en un ataque al estilo ‘ejecución’ en un estacionamiento de Sears, en North Hollywood.

Pero ahora, esas condenas han sido puestas en duda. Dos testigos principales afirmaron haber mentido durante el juicio acerca de lo que vieron la noche del asesinato, según una revisión de los registros judiciales realizada por L.A. Times.

Los abogados de los condenados sostienen que la nueva evidencia demuestra que la muerte de Mike Yepremyan fue un accidente y que sufrió un disparo de su propia arma durante una pugna con uno de los hombres. Los abogados piden al juez que rechace las condenas por homicidio.

Sin embargo, los fiscales sostienen que los veredictos de culpabilidad deben permanecer en firme y que no se puede confiar en las nuevas declaraciones. Los testigos se retractaron de su nueva versión de los hechos cuando investigadores del fiscal de distrito los confrontaron y grabaron sus declaraciones en secreto.

Ahora, un juez deberá sopesar las historias contradictorias y cambiantes de esa noche para descifrar lo que realmente sucedió, y decidir si los dos hombres fueron condenados legítimamente o si podría haber habido una terrible injusticia.

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Los acontecimientos del 18 de noviembre de 2009 comenzaron con un insulto inmaduro. Yepremyan había salido de trabajar temprano y esperaba ver a su novia, pero se molestó cuando ésta le dijo que, en lugar de encontrarse con él, estaba de camino a un bar con su amiga Kat Vardanian, en Burbank.

Fue entonces cuando Yepremyan, en un mensaje de texto, dejó en claro que no le gustaba la situación ni la compañía de su novia: “Cada vez que sales con esa ‘perra’ van a fumar. No entiendo qué es lo que disfrutan tanto de eso”.

Vardanian vio el texto casi inmediatamente después que de éste apareciera en el teléfono de su amiga. Enojada y ofendida, dijo que llamaría a su hermano para que lo golpeara.

Las llamadas a Yepremyan no se hicieron esperar. Unos extraños comenzaron a presionarlo para que dijera por qué había llamado ‘perra’ a Vardanian y organizaron un encuentro en el estacionamiento de Sears para resolver la disputa.

Yepremyan comenzó a reclutar amigos como refuerzo; chicos que eran duros, que comprenderían que la charla podría ponerse áspera. Cinco personas se presentaron para apoyarlo.

Pronto aparecieron en el lugar dos hombres en un BMW negro, con cristales oscuros y sin placa frontal. La confrontación comenzó pacíficamente, con apretones de manos y una conversación, pero rápidamente dio lugar a la fuerza física. Hubo puñetazos primero, luego un disparo. La bala atravesó la parte posterior de la cabeza de Yepremyan, quien quedó tiritando en el asfalto, en un charco de sangre, mientras los dos hombres huían en el BMW.

La policía halló un proyectil de 9-mm cerca de la víctima, pero jamás pudieron encontrar el arma.

El primo de Vardanian, Vahagn Jurian, y su amigo, Zareh Manjikian, fueron acusados de asesinato. En su juicio, los cinco aliados de la víctima testificaron que escucharon un fuerte estallido durante la pelea en el estacionamiento, pero que nadie había visto el arma. El fiscal argumentó que ésta pertenecía a Manjikian, quien según testigos había guardado sus manos en los bolsillos antes de la pelea y lanzado un puñetazo cuando se escuchó el disparo.

“Se dice que el alcohol es valor líquido”, afirmó el fiscal adjunto de distrito Ed Nison en su argumento final. “Tener esa 9 milímetros le debe haber dado a Zareh Manjikian otro tipo de valor, y por eso no tuvo miedo de llevar las cosas a otro nivel”.

Ambos hombres fueron condenados por un jurado y enviados a prisión de por vida.

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Con el veredicto, cualquier disputa sobre lo sucedido pareció resuelta. Pero una demanda presentada por la familia de la víctima contra los dos condenados condujo a nuevas preguntas. Días antes de que los testigos debieran presentarse a declarar, la demanda fue abruptamente rechazada a petición de la familia Yepremyan.

Michael Levin, el abogado que representa a Manjikian, se sintió intrigado cuando uno de sus colegas en el caso le dijo que había recibido un aviso del letrado de los demandantes, quien comentó que las declaraciones podrían anularse porque el pleito había finalizado. “Pensé: ‘Esperemos un minuto, hay algo extraño aquí’”, afirmó Levin.

Los abogados de la defensa decidieron seguir adelante de todos modos y preguntar a los testigos si querían dar una entrevista voluntaria bajo juramento. Dos de ellos, que habían acompañado a Yepremyan en la noche de su muerte, accedieron.

Las transcripciones presentadas en la corte detallan lo que Gevorg Pashayan y Edgar Asaturyan dijeron a los abogados bajo juramento. Pashayan, quien era amigo de la víctima, afirmó que cuando llegó al estacionamiento esa noche, Yepremyan se levantó la camisa y le mostró una pistola negra que llevaba en la cintura. “Traje una 9 mm, sólo por si acaso”, había dicho Yepremyan, refiriéndose al arma.

Ambos testigos remarcaron que Yepremyan sacó el arma de su cintura. Manjikian intentó tomarla, lo cual generó una pelea, afirmaron.

Durante el forcejeo, narró Asaturyan, Manjikian tomó control de la pistola e intentaba usarla para golpear a Yepremyan en la cabeza cuando, accidentalmente, se disparó. “Fue un accidente”, afirmó Asaturyan, quien no conocía a la víctima pero llevó a Pashayan hasta el estacionamiento esa noche. “No fue un intento de asesinato”.

Jurian y Manjikian se marcharon, mientras que otros dos huyeron en el auto de su amigo moribundo, recordó Pashayan. “Vamos a perseguirlos”, le dijeron a Pashayan.

En tanto, notó que el arma había desaparecido. Demasiado en shock para llamar al 911, Pashayan corrió a Sears para pedir ayuda.

Después de testificar en el juicio y no mencionar el arma, Pashayan se sentía culpable. No podía dormir por las noches, y cada vez que iba a la iglesia tenía que abandonar el sitio de inmediato. “No puedo vivir así, sabiendo que dos personas fueron culpadas por un crimen que básicamente no cometieron”, afirmó. “Tendría que haber contado la verdad hace tiempo”.

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Los abogados de los condenados presentaron documentos judiciales para descartar las condenas. Los fiscales, en tanto, enviaron investigadores para grabar en secreto las entrevistas de los testigos que se habían retractado. Para entonces habían pasado más de dos años desde sus declaraciones bajo juramento. Dos detectives presionaron a Pashayan respecto de su nueva versión, advirtiéndole que estaba ‘jugando con fuego’ y que estaba solo en su nueva declaración, según una transcripción de la entrevista presentada en la corte.

Pero él fue tajante: había visto un arma metida en los pantalones de Yepremyan. Si ésa fue o no la pistola que lo mató, no estaba seguro. “No intento suavizar la situación”, afirmó. “Sólo quiero decir lo que sé, lo que no dije, lo que debería haber dicho antes, y es esto”.

Antes de declarar en el juicio, recordó, le dijo a un fiscal acerca del arma de Yepremyan, pero le pidieron que se callara. El fiscal, Nison, afirmó a The Times que la acusación y toda la nueva historia de Pashayan era “una total mentira”.

“Por algún motivo ha decidido contar una nueva historia, que no está basada en lo que ocurrió”, aseguró Nison.

En tanto, Asaturyan cambió su versión cuando los mismos investigadores le preguntaron si Yepremyan había llevado un arma. “¿Un arma? No”, respondió, según una transcripción de la grabación subrepticia.

“¿Nunca lo viste con una pistola?”, le preguntó un investigador.

“No, él…”

“¿Le mostró un arma a Gevorg?”

“Ni siquiera hubiera estado allí si había un arma. En serio, no me gusta tratar con gente que tiene armas”, afirmó Asaturyan.

Más adelante en la entrevista, declaró que asumió que Yepremyan había comprado la pistola y se la había mostrado a Pashayan en el estacionamiento. En última instancia, no pudo precisar quién había llevado el arma al lugar. “No puedo saberlo con seguridad porque no les hice un cacheo”, respondió.

Recordar qué había ocurrido, dijo, era más difícil que sus exámenes SAT.

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Los fiscales argumentan que las nuevas versiones no están respaldadas por pruebas fiables. La fiscal adjunta de distrito Nicole Flood remarcó que todos los testigos fueron entrevistados varias veces hasta el juicio y ninguno mencionó que Yepremyan tenía un arma. “La realidad es que nadie dio ninguna pista de que la víctima hubiera tenido un arma por la cual hubo un forcejeo”, precisó.

Además, dijo, otras pruebas indicaban que la muerte había sido un asesinato. El cañón de la pistola fue presionado contra el cráneo de Yepremyan cuando se disparó, lo cual sugiere que el tiro fue a quemarropa en la parte posterior de su cabeza.

En una declaración judicial, Flood citó pruebas de una llamada telefónica frenética que Abraham Jurian recibió de su hijo la mañana siguiente al tiroteo. El joven Jurian le dijo a su padre que un amigo había sacado una pistola y había golpeado a la víctima con ella cuando se disparó, pero que el tiro había sido un accidente, según el registro.

Pashayan y Asaturyan se negaron a ser entrevistados para este artículo.

En una audiencia reciente, ambos se presentaron pero no testificaron luego de que la oficina de fiscal de distrito se negó a concederles inmunidad y liberarlos de ser procesados por perjurio.

Varios testigos sí declararon, incluido uno que estuvo ausente durante el juicio y que habría corroborado un punto clave en la nueva versión de la dupla. En las horas antes de la muerte de Yepremyan, Armond Aladadyan recibió una llamada telefónica de uno de los mejores amigos de la víctima, pidiendo respaldo. Aladadyan respondió que no podría sumarse porque estaba regresando de Palm Springs. Pero de fondo, dijo, escuchó que Yepremyan decía algo:

“Pregúntale si tiene una nueve. Yo tengo una, pero necesitamos más”.

En la misma audiencia de pruebas, sin embargo, el amigo que había llamado a Aladadyan -Ohan Barsamian- afirmó que no se había hablado de armas de fuego antes del encuentro.

Mientras tanto, otro de los amigos de la víctima testificó acerca de una incómoda llamada de Aladadyan que recibió meses después del tiroteo, donde le dijo que su primo o amigo le habían dicho que Jurian no sabía nada de un arma esa noche, ni lo que iba a suceder.

“Quería que limpiara su nombre”, dijo Ali Hosseini. “Le dije que no podía hacer nada por él y que tendría que llamar a la policía si sabía algo de lo que había ocurrido”.

Aladadyan negó haberse puesto en contacto con Hosseini o con otros testigos después del tiroteo. En la audiencia de prueba, Barsamian y Hosseini repitieron lo que habían declarado en el juicio, que su amigo asesinado no había llevado un arma, pero admitieron que otro amigo había llevado una escopeta en el maletero del coche de Yepremyan, algo que habían ocultado antes pero que poco después de declarar habían revelado.

En el último día de audiencias, el juez de la Corte Suprema Gregory Dohi afirmó que las versiones debían tomarse con escepticismo. “Pero no se descartan por completo”, manifestó, y agregó que le llevaría hasta dos meses tomar una decisión. “Tengo mucho que pensar”.

Mientras el juez considera la nueva evidencia, las familias de Manjikian y Jurian -que han sostenido desde siempre que ambos no son los asesinos- ven una chispa de esperanza. “Cuando hay un veredicto, es como una decisión de Dios”, afirmó Anna, hermana de Jurian, entre lágrimas. “Para revocar ese veredicto se necesita realmente un milagro. Tenemos esperanza de que eso suceda”.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis


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