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Un club de motos que de pasatiempo se convirtió en un estilo de vida

Raciel Gómez, presidente del comité internacional del club de motor Charros MC

Raciel Gómez, presidente del comité internacional del club de motor Charros MC

(Soudi Jiménez)

La adrenalina de conducir una motocicleta llevó a Raciel Gómez al club Charros MC, quien al principio se compró una Roadstar, año 2005, aunque el sueño era tener una Harley-Davidson. Al integrarse al grupo, no imaginó que un simple pasatiempo se convertiría en una forma de ver la vida.

Gómez, de 37 años de edad, vive en Downey. Cada día, al dirigirse a su trabajo en la ciudad de Santa Mónica, viste su casco, guantes, chamarra de piel y botas. Las 27 millas de distancia, que antes recorría en un vehículo, ahora las disfruta en su moto. “Es como una segunda novia”, aseguró.

Este motociclista, oriundo de la Ciudad de México, cuenta que su primera moto le costó 6,000 dólares. En la actualidad, tiene una Harley-Davidson por la que pagó 15,000. A su juicio, la idea de que los miembros de este tipo de clubes son pandilleros es un concepto equivocado.

“Si alguien hace este pasatiempo es porque tiene buen trabajo”, aseveró.

Gómez siempre admiró las caravanas de motociclistas. En el 2010, después de tomar clases por dos semanas, un amigo lo refirió a Charros MC, club creado en septiembre de 2009 y que de Los Ángeles se expandió a Inland Empire, Texas y Jalisco (México), en donde tienen filiales.

“Esta es una hermandad, te hacen sentir en familia; cuando salimos a rodar también se incluye a las esposas e hijos, hacemos carnes asadas y ayudamos a la comunidad”, manifestó, detallando que en el 2014, los miembros de su club lo eligieron presidente del comité internacional.

Cuando sale a la calle se acompaña de música y se relaja con los paisajes. “Me libero del estrés”, afirmó. Las corridas en caravana, sostiene Raciel, tienen más visibilidad ante los conductores. Además, al frente llevan un capitán de camino y un artillero de cola velando por la seguridad.

A nivel de club, en grupo manejan a diferentes lugares entre 2 ó 3 veces al mes, en ocasiones realizan viajes a ciudades mexicanas como Ensenada, Cabo San Lucas, Mexicali y Puerto Peñasco. A pesar de la experiencia, el peligro es inminente en las carreteras.

“Si un carro se mete entre la caravana, no podemos frenar rápido, necesitamos tiempo para hacerlo”, aclaró Gómez. “La única protección que tenemos es nuestro cuerpo, con un pequeño golpe te vas al suelo con seguridad. Los accidentes se dan porque un conductor que no nos miró”.

La pasión por las motos, sin embargo, no es lo único que los une. Los miembros pagan cuotas para costear actividades del club, pero igual utilizan los fondos y eventos benéficos para ayudar. En enero pasado, fueron a Mexicali a entregar mochilas y útiles escolares a alumnos de una escuela.

En otras ocasiones, colectan juguetes y apoyan a personas con alguna enfermedad. “Es parte de lo que te da satisfacción”, aseguró, destacando que por esa razón el proceso para ingresar al grupo no es fácil, puede tardar hasta un año. “Nosotros queremos miembros de calidad, no cantidad”.

El club tiene cerca de 100 miembros, cuyas edades oscilan entre los 22 y 55 años de edad. Lo principal, agrega Gómez, es promover entre los integrantes valores de vida. Sus actividades las divulgan en Facebook, en la cuenta Charros MCLA tienen cerca de 5,000 seguidores.

Gómez ha trabajado por más de 10 años en un hotel, es asistente del gerente. A la fecha, sostiene que su moto tiene modificaciones valoradas en 2,500 dólares. Le ha agregado luces, pedales, llantas, rines, filtro de aire, volante y sonido.

“Todavía le voy a seguir invirtiendo, la idea es ponerla al gusto”, indicó refiriéndose a la segunda Harley-Davidson, año 2011, que tiene desde hace 7 meses, porque la primera de esta marca se la robaron. “La moto significa libertad, porque puedes sentir la adrenalina”, concluyó.


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