¿Será diferente o igual a los de siempre? Los retos para el presidente electo de El Salvador

¿Será diferente o igual a los de siempre? Los retos para el presidente electo de El Salvador

En su campaña, Nayib Bukele dijo que iba a ser diferente a “los mismos de siempre” y que el “el dinero alcanza cuando nadie roba”; ahora que ya fue electo presidente, con el respaldo de 1.3 millones de votantes que representan el 53.02% de los sufragios válidos, va a tener que cumplir su palabra.

El entusiasmo que ha generado el joven político, de 37 años de edad, se va a convertir en presión para que rinda resultados y que sus discursos se traduzcan en obras y en decisiones que reflejen un trabajo singular.

A nivel local, el primer impacto se medirá en la selección de funcionarios que ocupen los puestos en el consulado de El Salvador de Los Ángeles, que como dice Nelson Flores, presidente de el Comité El Pescador, la vara quedará alta por el trabajo inclusivo realizado por la cónsul María Mercedes López.

“Lo importante es que los nombramientos tengan sentido, sean personas que conozcan a la comunidad, vengan a trabajar e incluyan a las organizaciones en sus proyectos”, manifestó Flores. “La actual cónsul ha hecho un buen trabajo porque terminó en gran parte el ‘country club’ que había antes”.

Por otro lado, en cuanto a la forma de gobernar, sostiene Francisco Rivera, presidente de la Mesa Redonda Centroamericana, debe tener una visión de estadista, porque ahora Bukele se debe a todos los salvadoreños. En ese caso, cree que serán útiles los errores del expresidente Mauricio Funes.

“La lección de los errores de Mauricio son importantes”, señaló Rivera, oriundo del departamento de Cuscatlán.

“Tiene que estar abierto a trabajar con los distintos sectores relevantes de la sociedad salvadoreña y también aprender a trabajar con el gran capital, de mantener un diálogo; hay que recordar los roles que juegan las asociaciones de empresarios”, agregó.

Las promesas

En su plan de gobierno, Bukele dijo que sus proyectos insignias serían el tren del Pacífico y el aeropuerto en el oriente del paَís; asimismo, aspira a realizar 20 obras por día durante los 5 años de gestión y se propone exonerar del pago de impuestos a las 100,000 familias más vulnerables del país, entre otros.

Ante estas propuestas, la pregunta que los expertos se hacen es cómo va a financiar sus iniciativas. En ese sentido, Luis Alvarado, estratega político en Los Ángeles, considera que la clave será atraer a inversionistas y para eso plantea que deben ocurrir otros cambios previos en esa nación.

“Tiene que motivar a inversionistas que crean que El Salvador puede ser un país viable en la nueva economía mundial; en el último tiempo, el reflejo que esa nación ha tenido en el mundo no inspira”, dijo el politólogo al referirse al tema de la inseguridad y la violencia.

Liderazgo

El mayor desafío lo tendrá en la Asamblea Legislativa. En esa cámara de 84 miembros, se requieren 43 votos para pasar leyes, mientras que son necesarios 56 para aprobar el presupuesto general de la nación y reformas constitucionales.

El partido de Bukele, la Gran Alianza para la Unidad Nacional (GANA), tiene solo 10 diputados, por eso tendrá que negociar con la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que tiene 37; y con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), con 23; ambos institutos políticos fueron cuestionados por Bukele en la campaña.

“No todo lo que piensa hacer lo va a lograr”, analizó Salvador “Chamba” Sánchez, profesor de Ciencias Políticas del Colegio Comunitario de Los Ángeles, pero afirma que las iniciativas alcanzables van a tener que pasar por acuerdos. “Tiene que acercarse al Fmln y Arena y tratar de hacer una coalición”, señaló.

“El liderazgo bueno es cuando acercas a las personas que no aceptan tu liderazgo y los convences a ellos que el pueblo salvadoreño necesita cambios”, agregó Sánchez.

‘La misma política’

Miguel Tinker Salas, profesor de Estudios Latinoamericanos del Colegio de Pomona, plantea que si Bukele es distinto a los demás tendrá que conformar un gabinete en el que incluya a todas las fuerzas políticas, pero al no contar con su propia estructura partidaria terminará apoyándose en las figuras de los partidos tradicionales.

“En la academia se le llama la política de la antipolítica”, explica el experto en administración pública. “Estas figuras proponen cambios, la población se ilusiona porque quiebran con el pasado, pero en la práctica simplemente son símbolos de la misma política”.

Tinker Salas compara el caso de Bukele con el de Vicente Fox, en México y el de Jimmy Morales, en Guatemala, quienes llegaron al poder después de una crisis y en medio del cuestionamiento al sistema de partidos políticos.

“En la práctica terminan siendo peor que los partidos tradicionales; más bien pueden agudizar una crisis, porque no tienen la estructura para buscar apoyo, utilizan las arcas de la nación y ahí caemos de nuevo en la corrupción”, apuntó el investigador.

“Se vuelve un círculo vicioso, porque lo que han hecho es ampliar a las personas que ahora dependen del Estado y de las finanzas, y además del soborno que esperan de antemano”, concluyó.

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