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Regalo de vida: madre celebra Navidad con donación de medula para su hija desahuciada

Gigi, con vestido rojo, abraza a su hermanita Yalanda.

Gigi, con vestido rojo, abraza a su hermanita Yalanda.

(Selene Rivera / HOY)

En el hogar de Gabriela Rodríguez no hay un árbol de Navidad, obsequios o vistosas decoraciones. Sin embargo, la señora Rodríguez dice tener la familia más rica del mundo y el regalo más grande que Dios les pudo dar: la vida de Gisell, su hija de cinco años de edad.

Con su cuerpo muy debilitado por la leucemia y un síndrome poco común, hace dos años Gigi, como le dice su madre, fue desahuciada por los doctores.

Sin un donante de medula ósea, en el 2014 los expertos le habían aconsejado a la señora que desconectara a “Gigi” de los tubos que la mantenían con vida y que la llevaran a su casa a morir a lado de su familia.

No obstante, “mi corazón de madre me decía que mi hija aún estaba luchando contra el cáncer, así que no podía abandonarla”, dice Gabriela entre lágrimas y sonrisas que le iluminan la cara.

Esta Navidad, Gigi y su familia, celebran un año desde que se le hizo el trasplante. Lasonrisa de la menor no expresa otra cosa que su amor a la vida.

“Veo a la gente de compras, apurada por lo que va a regalar, lo que va a vestir y las fiestas a las que van a asistir, pero se les olvida dar gracias por la vida, pensando que la tienen asegurada, cuando esto puede cambiar de un momento a otro”, sostiene Gabriela.

“Muchas veces se nos olvida también que podemos hacer ayudar a otros haciendo donativos”, agrega esta mujer oriunda de Puebla, México.

Diagnostico devastador

Al nacer, Gigi fue diagnosticada con el Síndrome de Shwachman Diamond, una condición hereditaria que afecta el desarrollo de muchas partes del cuerpo, en especial el páncreas, el esqueleto y la medula ósea, la cual produce glóbulos rojos y blancos (que pelean en contra de las infecciones).

A los dos años de edad, la menor desarrolló leucemia y necesitaba un trasplante de medula ósea, pero la donación no llegaba.

“Para una madre, saber que tu hijo tiene cáncer y puede morir, es devastador. Me la pasaba en el hospital todo el tiempo mientras la niña sufría de infecciones y recaídas constantes”, sostiene la inmigrante.

En una ocasión, Gabriela recuerda estar sentada a lado de la cama de Gigi y ver el monitor de los signos vitales de la menor.

“Me habían dicho que si se ponían en azul y rectos, es que la niña se estaba muriendo”, dice Gabriela.

Al ver esos signos, la madre empezó a llorar y una de sus lágrimas cayó en la mejilla de Gigi, quien llevaba días muy débil y sin moverse.

“Entonces Gigi abrió los ojos, me pidió que no llorara y yo le dije: “Si no quieres que llore, levántate y recupérate”. La niña cerró los ojos de nuevo y al otro día andaba jugando”, sostiene Gabriela.

Una última esperanza

Esas señales de lucha que Gigi demostraba hicieron que Gabriela viajara con la niña a Seattle Children’s Hospital para pedir otro diagnostico. Ya en Los Ángeles, los doctores le habían dicho que la niña no tenía esperanza de vida.

“Una amistad me dijo que un hospital en ese estado se especializaba en los niños con el síndrome que tiene mi hija. Así que pedí el traslado en enero 2015 y después de varias peticiones, me lo dieron”, señala Gabriela.

Gigi llegó a Seattle con neumonía, por lo que fue atendida de inmediato. Ahí también los doctores pudieron encontrar al donante.

Para octubre 2015, la madre e hija habían regresado a California con un trasplante exitoso.

La Navidad

Respecto al síndrome de Gigi, este no tiene cura y sus resultados varían de persona a persona.

Por ahora, Gigi sigue inquieta como siempre, asegura Gabriela entre sonrisas. “Para la Navidad pide que Gerardo Ortiz, un cantante mexicano, le regale una ‘tablet’ que le prometió en una visita al hospital hace años…. y que nunca ha llegado”.

En un tono más serio, Gabriela comparte que su hija Zuleica, de tan solo cinco meses de edad, también fue diagnosticada con el mismo síndrome que padece Gigi.

“Mis regalos de Navidad son la vida de mis hijos y estar con ellos en la casa aunque sea humildemente, pues me la he pasado en hospitales otras tres navidades anteriores”, dice Gabriela.

“A mucha gente se le olvida o ignora que hay muchas madres en los hospitales llorando por la recuperación de sus hijos. Estas madres están solas en Navidad, en cuartos fríos esperando respuestas positivas… estas madres también apreciarían una visita como regalo”, agrega.

Algunos datos

El caso de Gisell es uno de 13,500 niños que anualmente son diagnosticados con algún tipo de cáncer en Estados Unidos.

El cáncer se origina cuando las células comienzan a crecer sin control. La enfermedad se apodera del cuerpo y destruye los órganos vitales, los huesos o debilita las defensas, dice el doctor Ricardo Flores, del Hospital de Niños en Texas.

El cáncer en los niños “se debe a algún tipo de mutación en los genes, pero está claro que se necesitan más estudios científicos para atacar esta enfermedad”, sostiene Flores.

Cada año, la leucemia mata a más niños que cualquier otro cáncer. Entre los niños, la probabilidad de encontrar un donante se estima en 66 por ciento para los afroamericanos, 72 por ciento para latinos, 73 por ciento para los asiáticos e isleños del Pacífico, 82 por ciento para los indios americanos y nativos de Alaska y el 93 para los anglosajones, según Programa Nacional de Donación de Medula Ósea en Estados Unidos.


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