Anuncio
Share

Pintarse la cara, usar un disfraz y hacer reír a otros le ayudó a combatir la depresión

Rafael López esconde su pelo cano y las huellas de la edad en un disfraz. De forma rutinaria, en los últimos 36 años, este inmigrante originario de México se ha dedicado a contar chistes, hacer bromas y explotar el buen humor entre niños y adultos, pero la necesidad lo obligó a innovar su repertorio.

“Desde chiquito soy payaso, la gente se reía conmigo de lo que hacía y decía”, aseguró López, de 73 años, mientras sacaba de su armario una camisa blanca, un par de guantes, unas botas negras, un pantalón rojo y un cinturón para caracterizar a Santa Claus, personaje que en diciembre sale a la luz.

En 1980 este inmigrante mexicano incursionó en el campo del entretenemiento, al llegar a California comenzó a representar a Santa Claus.

En 1980 este inmigrante mexicano incursionó en el campo del entretenemiento, al llegar a California comenzó a representar a Santa Claus.

(Soudi Jiménez)

Con una especie de turbante, color blanco en la cabeza, inicia lo que él considera un ritual, antes de ponerse todas las prendas, que concluye con una casaca roja, seguido de la barba y peluca. “¿Los lentes?”, se preguntó. Los encontró en su habitación y así apareció el regordete amigo de los niños.

“Jojojo aló, aquí Santa Claus desde ‘United States’, viniendo del Polo Norte, para desearles feliz Navidad”, expresó con la emblemática voz que identifica a Papá Noel, después de invertir 30 minutos para vestirse y maquillarse, antes de salir a la calle a sus presentaciones.

“Lo más difícil es llevar la peluca y la barba cinco horas, porque te da comezón.” “A los niños no los engañas fácilmente”.

Rafael López

En 1980, en la capital mexicana, este ocurrente animador cambió su trabajo de obrero por el escenario. Después de caer en depresión, porque se encontraba desempleado, un amigo lo impulsó a maquillarse la cara y colocarse una nariz como tomate para ganarse el pan y las tortillas.

“¿Cuántos niños nacen en el mundo?”, le preguntó su amigo. “Ellos son nuestros clientes, porque deciden si llevan payasos a sus fiestas o no, aunque sean los padres los que paguen”.

López reflexionó en esas palabras y recordó que había participado en obras de teatro, como actor y guionista. “Ahí está el traje, la peluca y los zapatones”, le dijeron. Al principio, dudaba en ponerse la indumentaria, pero se terminó pintando las cejas, la boca y el chapetón.

“Cuando estaba disfrazado, todo mundo me saludaba, me abrazaban y me di cuenta que era algo muy noble”, rememoró al tiempo que jugaba con una servilleta entre sus manos. “El sonreír me quitó la depresión, ya no había tristeza, entonces dije: ‘de aquí soy y de aquí me agarro”.

Rafael López, de 73 años de edad, es payaso, mago y cantante con más de tres décadas de profesión.

Rafael López, de 73 años de edad, es payaso, mago y cantante con más de tres décadas de profesión.

(Soudi Jiménez)

De esa forma nació el Conde Narigato, seudónimo que adquirió. Al llegar a California, en 1995, no solo continuó actuando como payaso, mago y cantante, sino que agregó a Santa Claus, rol que representa en la Plaza Alameda y en algunos ‘swap meets’ del sudeste de L.A.

Cuando se pone el traje rojo y la barba blanca, manifiesta que no solo es una oportunidad de trabajo para esta época, algo que le permite hacer concursos, cantar, entregar regalos, elaborar figuras con globos y tomarse fotografías con la gente, sino que le sirve para contagiar amor y solidaridad.

“Santa Claus viene a ser la esencia del espíritu navideño”, aseguró el oriundo de Oaxaca, criado en la Ciudad de México desde su infancia. “El dar y compartir es algo que se debe realizar toda la vida, porque es el legado de Jesucristo, algo que se ve en la inocencia de los niños”.

De forma permanente este artista caracteriza al payaso Conde Narigato, en Navidad saca el traje rojo.

De forma permanente este artista caracteriza al payaso Conde Narigato, en Navidad saca el traje rojo.

(Soudi Jiménez)

En esta temporada, tiene programada alrededor de 12 presentaciones, pero siempre hay tiempo para invitaciones privadas y también acude a eventos comunitarios, en donde comparte con adultos mayores y con organizaciones que trabajan con menores de edad de escasos recursos.

“Lo más difícil es llevar la peluca y la barba cinco horas, porque te da comezón. Para representar el estómago gordo me pongo un almohadón, lo bueno es que a donde voy no hay chimeneas, solo tengo que tocar las puertas”, comentó entre risas. “A los niños no los engañas fácilmente”.

Cada día López encuentra de todo, incluso malas miradas, pero las ignora. Cuando no caracteriza a un personaje solo vende globos, ingresos con los que sobrevive. “Siempre me llevo abrazos, sin el payaso no puedo vivir, porque el más malo al ver a Santa Claus se le ablanda el corazón”, concluyó.

Presentaciones de Santa Claus

Teléfono: 323-867-1910


Anuncio