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Perdió sus extremidades al caerse de un tren, pero no olvida su deseo de ayudar a otras personas como él

Hernandez, el padre Estrada y Benito Murillo arrancan esfuerzo para ayudar a los discapacitados.

Hernandez, el padre Estrada y Benito Murillo arrancan esfuerzo para ayudar a los discapacitados.

(Selene Rivera)

A los 18 años de edad, José Luis Hernández decidió huir de la pobreza que vivía en Honduras sin saber que durante su viaje perdería sus extremidades.

Ese 2006 se montó a la bestia para dirigirse a Estados Unidos, y luego de varias semanas ya en la frontera norte de México, el joven perdió una pierna y un brazo al caerse del tren.

Sin parte de su cuerpo, con poca ayuda y recursos monetarios, Hernández pudo vencerse a la depresión, no obstante su meta a los 32 años de edad es ayudar a los inmigrantes con impedimentos físicos como él con la creación de un Grupo de Apoyo Para Inmigrantes Latinos con Discapacidades.

Hernández se organiza con otros inmigrantes que en su intento por llegar a este país han quedado discapacitados. Su meta es mantener un espacio seguro para que personas con discapacidades físicas o mentales puedan acceder a recursos para “salir de las sombras”.

El esfuerzo fue lanzado este fin de semana convocando a la comunidad a unirse incluidos, los inmigrantes que han resultado lastimados trabajando en este país.

José Luis no se da por vencido

Después de dos años en México en recuperación, José Luis volvió a Honduras, pero al ver que en su país la miseria en la que seguía viviendo y la falta de ayuda para la gente en su condición, el joven decidió regresar a Estados Unidos en el 2008.

“Me cansé de llorar… sabía que las lágrimas no iban a hacer que me creciera la mano o el pie, sabía que no volvería a tocar la guitarra, pero también me percataba de que podía hacer algo de provecho con el resto de mi cuerpo”, dice Hernández.

Tras conocer al Padre Richard Estrada, un defensor de la comunidad inmigrante e indigente, Hernández tuvo la oportunidad de vivir bajo su techo mientras se acomodaba en Los Ángeles.

“En pláticas nos dimos cuenta que en este país existe ayuda, pero que los inmigrantes con discapacidad indocumentados no pueden acceder a esos servicios siquiera estampas para comida”, dice Hernández.

“Así surgió tiempo después la idea para unirnos y luchar juntos para que las autoridades tengan en cuenta a esta población y para que conozcan una de las caras de la inmigración forzada”, agrega el joven.

A esta lucha se han sumado el también hondureño Benito Murillo y la Dreamer de origen mexicano Paulina Ruiz.

Actualmente, 15 personas con discapacidades y de origen hondureño viven en este país con casos de asilo por resolver. Debido a que aún carecen de estatus, su vida es sumamente difícil y no pueden recibir ayuda de instituciones.

Sin embargo, señala Hernández, tan solo en Honduras hay registradas 700 personas mutiladas tras accidentarse en su viaje a Estados Unidos.

Hernández señala que lo que lo mantiene optimista y con la meta de ayudar es el apoyo de su familia y el apoyo espiritual que encontró en Dios. Hoy en día, también comparto mi historia trágica en diferentes organizaciones, y habla para evitar que estas historias se sigan multiplicando.

Los inmigrantes con discapacidades también enfrentan secuelas post-traumáticas como el miedo y la ansiedad, así como otros problemas de salud física y mental. La mayoría viven en el desamparo y sufren estigmatización social.

Por ello, Hernández decidió formar el grupo que inicialmente cuenta con cinco miembros.

Apoyan este esfuerzo el padre Richard Estrada, de la iglesia episcopal Epifanía en Lincoln Heights, el obispo episcopal J. Jon Bruno, la orden de franciscanos y la comunidad religiosa centroamericana de esa iglesia así como organizaciones como CHIRLA, CARECEN y el Sindicato UFCW Local 770 y profesionales de la salud física y mental.

Voz de aliento

“Los discapacitados inmigrantes no tienen voz, no tienen acceso a servicios, medico u otros recursos que los pueda ayudar”, dice el padre Estrada.

“Entre este sector también hay miedo y desconfianza en pedir asistencia. Muchos viven en espera de un asilo, otros tienen temor a pedir auxilio por miedo a que el gobierno les quite la residencia por la que tanto han luchado… pero les decimos que no tengan temor, que sean partícipes de este grupo”, añade el padre.

Para Estrada, el grupo es una manera de levantar el ánimo de esta población y dejarles saber que no están solos.

La organización de inmigrantes con discapacidades inició su llamado con un taller de información el pasado 11 de agosto y otro el próximo sábado 25 de agosto de 9:00 am a 1:30 pm con una Feria de Recursos donde participan organizaciones como CHIRLA, CARECEN, las clínicas Alta Med, NDLON, Jóvenes Inc, The Wall Las Memorias y el Sindicato UFCW 770. Habrá desayuno y comida, así como rifas.

DÓNDE:Church of the Epiphany- Iglesia Epifanía,2808 Altura Street, Los Angeles, CA 90031.

Para más información (830)282.9251


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