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Lee Baca se retracta, dice que no es culpable de obstruir la justicia

Paul Tanaka, la mano derecha de Baca, fue sentenciado hace dos meses a cinco años tras las rejas.

Paul Tanaka, la mano derecha de Baca, fue sentenciado hace dos meses a cinco años tras las rejas.

(Reuters)

Lee Baca, ex jefe del Departamento del Sheriff en Los Ángeles, se declara no culpable en los cargos federales imputados por conspiración para obstruir la justicia y mentirle al gobierno federal en una investigación de abuso dentro de las cárceles del condado.

Baca, de 74 años de edad, compareció ante un juez este viernes alegando que tenia “nubosidad” en el cerebro debido a su enfermedad de Alzheimer, pero era mentalmente capaz de declararse no culpable.

A principios de este mes, el ex Sheriff retiró voluntariamente un acuerdo con la fiscalía de declararse culpable por los cargos imputados para solo obtener seis meses de condena en la cárcel.

El juez Percy Anderson le negó rendir la pena bajo libertad condicional como una petición a su enfermedad de Alzheimer y también lo culpó de mentirle a la FBI en una investigación sobre la corrupción dentro de las cárceles del condado.

En lugar de enfrentarse a una pena de hasta cinco años de prisión que el juez le dio como opción, Baca optó por retirar su declaración.

De ser declarado culpable, Baca enfrenta hasta 20 años en prisión, de acuerdo a la Procuraduría de la nación.

“Esperamos este proceso y creemos que el señor Baca será reivindicado después de todas las pruebas que se presenta finalmente”,dijo su abogado defensor Michael Zweiback.

Paul Tanaka, la mano derecha de Baca, fue sentenciado hace dos meses a cinco años tras las rejas.

Otros nueve tenientes y funcionarios de alto rango dentro del departamento fueron condenados de 18 a 41 meses en prisión por conspiración y obstrucción de justicia.

Gilbert Michel fue el primero de los acusados en la amplia investigación del FBI acerca de la conducta indebida y la corrupción en las cárceles, luego de ser descubierto en una operación de contrabando de un teléfono celular a un preso, a cambio de un soborno de $1,500.

Al enviar a Michel a prisión, Percy Anderson, juez de distrito de los EE.UU., rechazó la petición de los fiscales para evitar su encierro. La solicitud de clemencia había surgido después de un acuerdo que los fiscales alcanzaron con Michel, mediante el cual el exagente se declaró culpable de los cargos de soborno y accedió a testificar en contra de otros oficiales del sheriff en juicios posteriores.

De todas maneras, Anderson optó por una sentencia liviana dentro de las posibles, que hubieran podido enviar a Michel a prisión entre 24 y 30 meses. Pero la recomendación del gobierno para que Michel pase sólo cuatro meses de prisión domiciliaria no fue considerada por el magistrado, quien llevó muchos de los casos derivados de la investigación del FBI y ha sido duro con otros agentes del sheriff condenados.

Luego de que Michel ofreciera una lacrimosa disculpa por aceptar el soborno -un delito que, según él, “lamentará por siempre”-, Anderson señaló que su mala conducta había sido “un grave abuso de la confianza de la ciudadanía. Las acciones del demandado fueron sintomáticas de un departamento donde los abusos de los internos eran desenfrenados, sin control, y la corrupción llegaba hasta la cima”, agregó también el juez.

El descubrimiento, en agosto de 2011, del teléfono móvil expuso la investigación secreta del FBI e interrumpió los planes de la agencia para llevar a cabo un plan más ambicioso -llamado Operation Blue Line- para atacar la corrupción dentro del Departamento del Sheriff.

Según alegaron después los fiscales, el hallazgo también puso en marcha una conspiración para frustrar la investigación del FBI. Como resultado, varios funcionarios del sheriff fueron declarados culpables de obstrucción a la justicia y otros cargos, entre ellos el por entonces sheriff Lee Baca.

En enero de 2012, Michel se declaró culpable de soborno como parte del acuerdo con los fiscales, por el cual estaba obligado a cooperar con los investigadores federales. En una serie de entrevistas con el FBI, realizadas desde finales de 2011 a principios de 2013, describió incidentes de ataques injustificados de los agentes a los internos, de los cuales él mismo había sido parte, según documentos internos del FBI a los que accedió Los Angeles Times.

Algunos de los ataques fueron dirigidos contra presos acusados de violación u otros delitos contra mujeres, señaló Michel. En otras ocasiones, los agentes apretaban los dedos de un prisionero hasta que éste se estremecía, y luego reclamaban que él había comenzado el altercado. A menudo, los incidentes no se reportaban, o los agentes falsificaban los informes, relató Michel a los investigadores.

También afirmó que fue compartía la visión de que debía ser “un grado” más agresivo que los presos. Si un oficial trataba bien a los presos, el resto de sus compañeros lo llamaban “Agente Amor”, detalló al FBI.

Los fiscales federales emplearon a Michel como testigo en algunos de los casos que surgieron a partir de la investigación en las cárceles. En 2014, al testificar en uno de los juicios por obstrucción de la justicia, el exoficial describió la cultura existente entre los carceleros de los sectores de máxima seguridad de los centros de detención del condado, que llevaba al uso de la fuerza excesiva y a los frecuentes encubrimientos de ésta.

Además, “el hombre describió prácticamente incidentes en los cuales tanto él como al menos otros cinco empleados del sheriff habían golpeado brutalmente a los reclusos del tercer piso (llamado también 3,000) de la Cárcel Central de Hombres, y luego falsificaron los informes para legitimar sus acciones. Michel describió golpizas injustificadas a los prisioneros, disparos con un arma Taser y provocaciones agresivas a los reclusos para incitarlos a comenzar una pelea, algo que “aprendió a hacer en el trabajo”, dijo.

También afirmó que se unía con otros guardias para estar en sintonía con sus historias y escribir reportes con escenarios falsos, que justificaran la brutalidad. Si el preso no tenía heridas visibles, no se reportaba el uso de la fuerza, señaló Michel. La impunidad reinaba en sus actos, a sabiendas de que si los internos reportaban los abusos “no pasaría nada”, aseguró en su declaración. En caso de que el hecho se pusiera por escrito y fuese colocado en el buzón de quejas, eran sus propios compañeros los que abrían esas notas, narró. Michel, quien renunció al Departamento del Sheriff poco después del hallazgo del celular, no fue acusado por delitos relacionados con el uso excesivo de la fuerza.


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