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Latinos en el centro de la contaminación ambiental, activistas demandan mayores recursos

De acuerdo al estudio “Luchando por el Aire: La carga de asma en los Hispanos”, al menos 3 millones de latinos tienen esta enfermedad, en parte es resultado de la contaminación ambiental que se vive en los vecindarios pobres.

De acuerdo al estudio “Luchando por el Aire: La carga de asma en los Hispanos”, al menos 3 millones de latinos tienen esta enfermedad, en parte es resultado de la contaminación ambiental que se vive en los vecindarios pobres.

En 1980 el 3.5% de la población en Estados Unidos tenía un diagnóstico de asma, ese índice aumentó a más del 8% en el 2009. En la actualidad, 25 millones de personas padecen esta enfermedad, de ellos 7 millones son niños, asegura la Asociación Americana del Pulmón.

De acuerdo al estudio “Luchando por el Aire: La carga de asma en los Hispanos”, al menos 3 millones de latinos tienen esta enfermedad, en parte es resultado de la contaminación ambiental que se vive en los vecindarios pobres, quienes enfrentan este y otros problemas con mayor desventaja.

Leticia Martínez, residente en el Sur Centro de Los Ángeles, señala que su hija de 8 años estudia en una escuela cercana a la autopista 105. “Me preocupa la emisión de gases y químicos del tráfico, pero nunca nos han dado una orientación para prevenir el impacto de la contaminación”, admitió.

Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) en toda la nación hay cerca de 17 mil escuelas que se encuentran a menos de una décima de milla de una carretera principal. En California, más de 400 mil niños van a escuelas donde la densidad del tráfico influye la calidad del aire.

En ese sentido, Randy Jurado Ertll, director ejecutivo de California Latino Environmental Advocay Network (Clean), asegura que se necesitan recursos y mayor atención para resolver los factores contaminantes, pero lamenta que el trato sea diferente entre un vecindario pobre y uno rico.

“Las autopistas pasan a través de los vecindarios [latinos], no entiendo como es que planifican la construcción de escuelas al lado de ellas, eso es lo que genera enfermedades como el asma”, cuestionó Jurado Ertll. “En vez de solucionar este problema lo ignoran, no hay equidad”.

Como un paliativo a este problema, se divulgó recientemente el documento “Las Mejores Prácticas de la EPA para Reducir la Exposición a la Contaminación en las Escuelas Cerca de la Carretera”, el cual contiene estrategias y recursos dirigidos a los profesores y padres de familia.

Jared Blumenfeld, administrador regional de la EPA para la Región Sudoeste del Pacífico, sostiene que esta es una guía para evaluar y mejorar la ventilación, la ubicación de la escuela y las decisiones de diseño, así como los muros aislantes de sonido y las barreras vegetativas, entre otros aspectos.

“Nuestros niños son especialmente vulnerables a la contaminación del aire, la cual puede dañar sus pulmones en crecimiento. Este nuevo informe dará a los funcionarios de la escuela y a los padres varias maneras de limitar la exposición de sus estudiantes a los contaminantes del tráfico”, aseguró.

La agencia federal reconoce que los niños que pertenecen a minorías se ven desproporcionadamente afectados por las enfermedades respiratorias; por lo tanto, en el documento se puede encontrar ideas para garantizar que los ambientes escolares sean limpios, verdes y saludables.

Sin embargo, la comunidad sigue luchando para alejar a las corporaciones que sin escrúpulos contaminan los vecindarios latinos.

La organización Esperanza Community Housing impulsa una campaña para evitar que, al sur de Los Ángeles, vuelva a operar un proyecto que emitía gas natural. En la zona, rodeada por escuelas y universidades, se han realizado muestras de aire en más de 100 hogares y han visto las mejoras.

“El vecindario estaba contaminado por el vapor y gases tóxicos, era imposible evitar el olor”, indicó Gabriela González, supervisora de proyectos, detallando que mediante la educación y empoderamiento de la comunidad hace dos años le pusieron un alto a la contaminación ambiental.

Según los estudios realizados, antes era frecuente ver a personas con ataques de asma, sangrado en la nariz y picazón en la piel. Con el cierre del pozo, regresó la tranquilidad a la comunidad. “Hemos visto el cambio y no queremos que vuelvan a abrir”, concluyó González.


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