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La herida está abierta, dice Juan Méndez, padre del joven muerto a balazos por la policía hace seis meses

El altar dedicado a José Juan Méndez, muerto a manos de la policía hace seis meses en Boyle Heights

El altar dedicado a José Juan Méndez, muerto a manos de la policía hace seis meses en Boyle Heights

(Familia Méndez)

A seis meses de la muerte de su hijo José Juan Méndez a manos de la policía, el padre del joven de 16 años, Juan Méndez, todavía siente el dolor y la rabia. “Trato de hacerme el fuerte, de que no se me salgan las lágrimas, pero aunque apriete los ojos, se salen solas”, dice Méndez, con la voz entrecortada.

La rabia, el dolor, la impotencia, no es casual. Juan Méndez cuenta los días desde que su hijo perdiera la vida y se da cuenta que nadie le ha informado nada. “Ni la policía, ni el Médico Forense me han dado un reporte oficial de lo que pasó ese día”.

Eran las 10:32 de la noche del 6 de febrero, cuando dos policías de la división Hollenbeck del LAPD dispararon contra Juan José. Su cuerpo quedó tendido en el pavimento. Los disparos cimbraron una vez más a Boyle Heights, una zona de la ciudad en la que desde enero del 2015 a la fecha, ha habido 4 muertes en las que agentes de la policía han estado involucrados, sugún una investigación realizada por Hoy.

El comunicado oficial del LAPD aseguró que Méndez estaba armado con una escopeta recortada, que manejaba un auto robado y que hubo un enfrentamiento en el que los oficiales se vieron obligados a disparar.

“No creo en la versión de la policía”, asegura Méndez, quien afirma que su hijo no tenía antecedentes penales. “Es cierto, andaba en problemas de drogas, pero nunca cometió un delito, de hecho, tengo los papeles que prueban que hicimos todo lo que estaba en nuestra mano para ayudarle en su rehabilitación”.

Los policías se sintieron amenazados y dispararon contra el joven al parecer en más de 10 ocasiones. “El cuerpo tenía 14 impactos de bala”, dice Méndez, mientras contempla la urna en la que se encuentran las cenizas de su hijo.

En el lugar de la urna hay unas flores que le dejaron familiares y amigos el pasado 6 de agosto. “Cada mes le rezamos el novenario”, dice Méndez mientras trata de contener las lágrimas. Se le hace un nudo en la garganta que apenas le permite hablar.

Su voz se adelgaza y apenas se escucha. “Nadie nos ayudó. No teníamos dinero para enterrarlo, le pedimos ayuda a la policía y nos dijeron que no… el velorio lo hicimos con la ayuda de los comercios cercanos, que nos apoyaron con comida y bebidas”.

Méndez, de 48 años y originario de México, se enteró de la muerte de su hijo mientras se encontraba en su trabajo como lavaplatos en un hotel de la zona.

“Los agentes llegaron a la casa y cuando mi esposa abrió la puerta, los agentes le dijeron, sin preámbulo que su hijo José Juan había muerto en un enfrentamiento con la policía. A los agentes que dieron la noticia, no les importó que dos de mis hijos pequeños estuvieran ahí”, dice Méndez. “Aunque ha pasado medio año, mis hijos todavía están mal, muy mal”.

A consecuencia de la muerte de su hermano, los menores asisten a terapias psicológicas para sobreponerse al trauma. Uno de ellos ha estado tan afectado, que dejó de comunicarse verbalmente. “El psicólogo nos ha ido ayudando a toda la familia, pero el trauma ha sido muy grande”, dice Méndez.

Y es que el problema, dice, es que la herida está abierta, “porque las autoridades no han ofrecido ninguna respuesta, no han dado la cara y nos han tratado como si nosotros fuéramos los criminales”, dice Méndez.

“La herida va a sanar cuando se haga justicia, cuando sepamos qué ocurrió, cuando se castigue a los responsables, hasta entonces mi hijo descansará en paz, y nosotros como familia podremos retomar nuestras, hasta entonces, no antes”.


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