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Inmigrantes fortalecen economía de EE.UU.; El contraste entre la realidad y la retórica

Inmigrantes fortalecen economía de EE.UU.; El contraste entre la realidad y la retórica

Armando Montejano revisa un árbol de pistacho en una granja en Buttonwillow, California.

 

(Los Angeles Times)

En la medida que avanza la disputa por las nominaciones presidenciales, con miras a las elecciones de noviembre, el señalar a los inmigrantes como causantes de problemas sociales en Estados Unidos, son mensajes repetitivos que no bajan de tono entre algunos de los aspirantes a la Casa Blanca.

Sin embargo, estudios y expertos indican que lejos de desestabilizar, el aporte de la mano de obra indocumentada contribuye al fortalecimiento de la economía; y, en caso de desaparecer esta fuerza de trabajo, implicaría una pérdida en diferentes industrias de miles de millones de dólares.

Moisés Martínez, de 63 años de edad, acude fielmente a un centro de jornaleros en Hollywood. Con un espíritu jovial y dicharachero, este inmigrante aquí es contratado por diferentes empleadores, por uno o varios días. A veces trabaja en electricidad y en ocasiones en fontanería y jardinería.

Antes de llegar a Los Ángeles, en el 2006, fue supervisor de plantas hidroeléctricas en su país de origen. “No me gradué de la ingeniería eléctrica porque anduve corriendo en medio de las balaceras”, indicó el exalumno de la Universidad de El Salvador, en donde estudió tres años.

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Cuando es bien pagado, dice que recibe hasta 20 dólares por hora, algo que no siempre ocurre. Por lo general, dice que no pasa de los 13. “Uno viene a hacer estos trabajos porque nadie los quiere hacer, uno se conforma con ingresos que alcancen para la comida y la renta”.

¿Se encuentra con afroamericanos y anglosajones que realicen su oficio? Se le pregunta. “Afroamericanos no se ven, los blancos son muy pocos. No les gusta hacer este trabajo porque no es bien pagado”, respondió.

Según el Instituto Cato, con sede en Washington D.C., en un estudio publicado en en el 2012 indica que si se eliminaran a los trabajadores indocumentados, que en la actualidad son más de 8 millones de personas, la economía de la nación perdería 250 mil millones de dólares cada año.

A juicio de investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), en un plazo de 10 años el producto interno bruto de la Unión Americana perdería 2.6 trillones de dólares, hechos que evade el magnate Donald Trump y otros republicanos al atacar a la comunidad latina.

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“Este país no puede sacar a todos los trabajadores que están cultivando las cosechas o que laboran en la tecnología, porque los inmigrantes vienen a ayudar a la economía y es una realidad que no se toma en cuenta”, indicó a HOY Erika Andiola, activista y vocera del candidato demócrata Bernie Sanders.

En un escenario extremo, significa que si la mano de obra indocumentada fuera deportada de Nevada desaparecería el 10% de la fuerza laboral; entretanto, en California casi 3 millones de personas dejarían sus puestos de trabajo por carecer de un estatus migratorio regular.

En ese sentido, asegura Ángela Sanbrano, presidenta del Centro de Recursos Centroamericanos (Carecen), a los políticos les resulta más fácil sembrar temor entre la comunidad, en vez de responsabilizar a las grandes corporaciones de las pérdidas de empleos.

“Lo que hacen es utilizar a los inmigrantes como chivos expiatorios de los problemas sociales, desafortunadamente esos mensajes encuentran eco en la población [anglosajona] afectada por el rumbo de la economía, pero eso no es culpa de los latinos”, señaló Sanbrano.

En todo Estados Unidos, según el Centro Pew, desde el 2007 la fuerza laboral no autorizada ha oscilado entre los 8.1 y 8.3 millones de personas. En ese sentido, los estados con la mayor presencia de trabajadores indocumentados son Nevada (10.2% en el 2012), California (9.4%) y Texas (8.9%).

Durante la recesión económica, los inmigrantes en trabajos administrativos o profesionales creció del 10% al 13% (del 2007 al 2012 llegó a 180,000), mientras la proporción de empleos en construcción o producción se redujo del 34% al 29% (alcanzando a 475,000 empleos).

Además, es de comparar que en 2012 el 62% realizó trabajos de servicio, construcción y producción, el doble de la proporción de trabajadores estadounidenses en este campo. Mientras los inmigrantes laboraron en un 13% en trabajos profesionales, los nacidos aquí lo hicieron en un 36%.

Suyapa Portillo, investigadora y profesora de Estudios Transnacionales del Pitzer College, explicó a HOY que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) repercutió en esta crisis, política neoliberal que han sostenido los gobiernos de presidentes demócratas y republicanos.

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“Le echan la culpa a los inmigrantes porque no quieren admitir que el gobierno se ha metido a la cama con los capitalistas, desestabilizando la economía mundial y la interna; como resultado del Nafta muchas industrias se fueron del país”, destacó la académica.

En la actualidad, se calcula que en la Unión Americana viven 53.9 millones de personas de ascendencia latina. De ellos, 10.9 millones se encuentran indocumentados. Este crecimiento poblacional, aseguran expertos, es el verdadero temor de la clase dominante.

A criterio de Celia Lacayo, investigadora y socióloga de UCLA, los ataques que se generan son anti-latinos porque no es el mismo tratamiento que reciben los inmigrantes europeos; por esa razón, considera que este discurso no debe pasarse inadvertido.

“A los anglosajones les entra miedo y no quieren perder el poder, ellos son los que apoyan a Trump para presidente, porque no saben qué hacer; asimismo, tratan que el latino no crezca, por eso hablan de deportaciones y segregación, afectando incluso a los hijos de inmigrantes”, valoró.

De acuerdo a investigaciones anteriores, agrega la socióloga, ha encontrado que los blancos tienen un pensamiento de inferioridad y estigma negativo sobre los latinos. En el pasado, no tomaban en cuenta a esta comunidad, mientras era una población pequeña y sin mayor participación cívica.

Lacayo sostiene que tal como ocurrió con la proposición 187, impulsada por Pete Wilson en 1994, este tipo de retórica debe servir para unir a latinos y afroamericanos.

“Este discurso anti-latino se puede utilizar como algo positivo, que ayude a abrir ojos y mentes de la gente, que genere conciencia, organización y salgan a votar para combatir esos mensajes y leyes que atentan contra nuestra comunidad”, concluyó la académica.


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