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Francisco, el Papa que cruzó los puentes de las religiones con un mensaje de paz

La llegada del Papa Francisco al Vaticano, en marzo de 2013, marcó un parteaguas para la iglesia católica.

La llegada del Papa Francisco al Vaticano, en marzo de 2013, marcó un parteaguas para la iglesia católica.

(Archivo/Hoy)

La llegada del Papa Francisco al Vaticano, en marzo de 2013, marcó un parteaguas para la iglesia católica. Jorge Mario Bergoglio, hijo de un inmigrante italiano, no solo se enfocó en los desprotegidos, sino que tendió puentes hacia los judíos, musulmanes y protestantes.

El jerarca, en julio de 2014, visitó a su amigo Giovanni Traettino, un pastor evangélico. En la iglesia, ubicada en la ciudad de Caserta, a 125 millas de Roma, estaban reunidas cerca de 350 personas, a quienes pidió perdón por la persecución racial del fascismo italiano de los años 30.

En ese encuentro, admitió que las denuncias de católicos provocó la expulsión de pastores y creyentes pentecostales. “Pido perdón por estos hermanos y hermanas”, dijo el Sumo Pontífice, añadiendo que para la reconciliación “el antídoto es caminar juntos en la presencia de Jesús”.

Esa actitud del Papa ha causado admiración a escala mundial. Ante la llegada del religioso argentino a México, pastores y líderes de diferentes credos en el Sur de California reconocen que se necesita fomentar esos valores de paz y respeto que el oriundo de Buenos Aires ha demostrado.

“Ha tratado a otras religiones de forma maravillosa, ha empujado acercamientos y ha despertado [en la iglesia católica] esas voces represivas; cambiar a una iglesia antigua y grande no es tarea fácil”, manifestó a HOY Frank Alton, sacerdote de la congregación episcopal de San Atanasio.

El ejemplo que el jerarca de la iglesia católica está dando, consideran otros líderes, debe servir para encontrar los puntos en común entre las religiones. A criterio de Walter Contreras, pastor de la Iglesia Presbiteriana de Pasadena, el Papa quiere presentar una teología práctica.

“Francisco nos presenta a un Jesús de amor y paz, el deseo de él es que seamos una iglesia más pura. Si vemos hay cosas muy tóxicas en los dos lados, pero son más las cosas que nos unen que las que nos separan; y, ante los conflictos actuales, se necesita un liderazgo unido”, aseveró Contreras.

El acercamiento con otras denominaciones religiosas no es algo nuevo. En su tierra natal, siendo arzobispo de la capital argentina, Francisco tendió puentes con grupos protestantes, movimiento de mayor crecimiento en América Latina, cuyos miembros llegan en su mayoría de la iglesia católica.

Entretanto, en Estados Unidos los musulmanes han sido objeto de prejuicios. Ali Saleh, alcalde de la ciudad de Bell y practicante de esta fe, cree que Francisco como hijo de inmigrante entiende la importancia de la libertad y el respeto, por lo que celebra ese entendimiento interreligioso.

“Espero que los líderes de todo el mundo tomen nota de los continuos esfuerzos del Papa por conectar y dar la bienvenida al diálogo y la diversidad de ideas”, dijo a HOY el funcionario, cuyos padres emigraron de Líbano en la década de los ’70, estableciéndose en el Sur de California.

A juicio de Felipe Agredano, profesor de Religiones Globales del Colegio del Este de L.A., en el continente se necesita la reconciliación, porque ante el crecimiento de las iglesias evangélicas se ha generado una tensión y considera que Francisco puede ayudar a limar las asperezas.

De igual manera, el académico descarta que la visita del jerarca católico pueda influir en que los feligreses que abandonaron esta iglesia puedan regresar; sin embargo, considera como algo positivo que el Sumo Pontífice transmita un mensaje de esperanza y apertura.

“Juan Pablo II y Benedicto XVI no ayudaron a bajar la tensión entre evangélicos y católicos en América Latina; pero Francisco, con su larga trayectoria generando amistades y acercamientos le ha servido para ganarse el respeto de protestantes, judíos y musulmanes”, concluyó Agredano.


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