El hostigamiento sexual en el trabajo tiene secuelas mentales y físicas; identifique cuáles son

1 de cada 4 mujeres que fueron agredidas sexualmente cumplieron con los criterios para la depresión

El hostigamiento sexual no para solo en el asedio y la incomodidad que la persona sufre, sus efectos impactan inclusive a la salud de forma duradera.

Los expertos se están percatando de la ansiedad que viven estas personas, la falta de sueño y hasta la depresión, todo aunado al riesgo de desarrollar presión arterial.

"Estas son experiencias que [una mujer] pudo haber tenido hace mucho tiempo... y puede tener este largo brazo de influencia a lo largo de la vida", dice Rebecca Thurston, sicóloga investigadora y directora de laboratorio de salud del comportamiento de las mujeres en la Universidad de Pittsburgh.

"La agresión sexual y el abuso sexual son mucho más comunes de lo que la gente piensa… Estos son factores estresantes y tóxicos  para las mujeres”, agrega la experta, quien recientemente hizo un estudio en 300 mujeres de mediana edad sobre el tema.

De acuerdo a la experta, estas mujeres entre 40 y 60 años de edad fueron reclutadas para un estudio sobre la menopausia y las enfermedades cardiovasculares, no por acoso o agresión sexual.

A todos se les revisó la presión arterial en las visitas del estudio, así como la altura y el peso.

Sin embargo, entre otras cuestionamientos, se les preguntó si alguna vez habían experimentado acoso sexual en el trabajo, y si alguna vez "se les hizo o se les presionó para tener algún tipo de contacto sexual no deseado".

Los resultados arrojaron que 22% informó un historial de agresión sexual y el 19% dijo que había sufrido acoso sexual en el lugar de trabajo.

Aunque el tamaño de la muestra fue pequeño, los resultados son estadísticamente significativos, dice Thurston, ya que las mujeres que habían sufrido una agresión sexual tenían en promedio un riesgo casi tres veces mayor de desarrollar síntomas depresivos, en comparación con las mujeres que no lo habían hecho.

También tuvieron una mayor incidencia de ansiedad clínicamente significativa. 

Aproximadamente una de cada cuatro mujeres que fueron agredidas sexualmente cumplieron con los criterios para la depresión.

Aquellas que experimentaron acoso sexual en el trabajo tenían un riesgo doble mayor, en comparación con las mujeres que no habían desarrollado hipertensión arterial. Dormir mal también era más común.

Para Jessica M., una residente angelina que no quiso dar su apellido, los encuentros de los expertos tienen mucho peso.

“Imagínate que te agreden, no sabes cómo responder y empiezas a pensar que si eres grosera puedes perder horas, no conseguir un ascenso o un aumento… o hasta puedes perder tu trabajo”, dice Jessica, quien fue acosada por dos de sus jefes hace tres años.

“En mi caso trataba de evadir a mis jefes, cambié mi forma de ser hablando menos, inclusive la manera de vestir hasta el punto que empecé a estresarme, mientras en las noches me preguntaba si todo lo que me sucedía era mi culpa…"

"Definitivamente dormía menos pensando en lo que me pasaría en el trabajo y cómo abordar el tema”, agrega.

Thurston señala la literatura sobre la forma en que se procesan los recuerdos traumáticos, lo que demuestra que eventos como un asalto u hostigamiento sexual se viven en la memoria de una mujer repetidamente.

Si bien los investigadores no se sorprenden de que la agresión sexual y el acoso parezcan estar relacionados con el desarrollo de trastornos del estado de ánimo y mal sueño, estos quedan impresionados por la fuerza de la asociación, y recomiendan a las afectadas pedir ayuda profesional.

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