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El aire enrarecido se respira en Boyle Heights; con grafitis contra la policía y frustración en la comunidad

La comunidad se volcó a recordar a Jesse James Romero en una vigilia, realizada el 10 de agosto de 2016.

La comunidad se volcó a recordar a Jesse James Romero en una vigilia, realizada el 10 de agosto de 2016.

(ROBYN BECK / AFP/Getty Images)

El asesinato de Jesse James Romero, de 14 años de edad, tocó las fibras sensibles de la comunidad. A ocho días del crimen, todavía sin esclarecerse, las expresiones de inseguridad, discriminación y abuso de autoridad, se mezclan con mensajes contra la policía en los alrededores de Boyle Heights.

En 15 años de vivir en este vecindario, María Ramírez siempre se había sentido tranquila, pero esa sensación ha cambiado. “Uno ya no sabe cómo caminar en la calle, hay una inseguridad, no se sabe si va a regresar a casa”, dijo la mujer, de 74 años de edad, oriunda de Michoacán, México.

Esa percepción, en parte, surge por la muerte de Romero, registrada el 9 de agosto anterior. “Porqué tenían que acribillarlo así”, reflexionó, en referencia al último de los cinco casos en Boyle Heights en los que, desde enero de 2015 a la fecha, han intervenido agentes de la policía local.

Otros vecinos, por su parte, han reportado mensajes en clara dedicatoria a la corporación policial. Con grafiti, como el que es utilizado por las pandillas, se han encontrado letreros como “R.I.P”, una abreviatura de la frase latina Requiescat in pace, que significa descanse en paz.

“La gente pone cosas en las paredes”, manifestó Carlos Montes, organizador de Comunidad, Servicio y Organización (CSO), agregando que las autoridades salen con rapidez, con brocha y pintura, a borrar los rastros del descontento que va avanzando como la espuma en el vecindario.

En la zona, según el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD), hay pandillas. Se estima que alrededor de 21, de las 24 que existen, están activas. Los mensajes, por lo tanto, son vistos como parte del rechazo, a las agencias de la ley, que de forma ocasional se encuentran escritos en la área.

“No tenemos información que debamos tener más cuidado”, aseveró Chris Ramírez, teniente de LAPD, descartando un brote de violencia a causa de los hechos recientes. Las protestas y grafiti, añadió, son parte del derecho que tiene la población, “pueden poner su opinión, no es algo ilegal”.

Boyle Heights, ubicado al este de la ciudad, en la década de los ’50 era un barrio diverso. En su mayoría convivían judíos y chicanos junto a rusos, serbios y croatas, entre otros grupos étnicos. En la actualidad, cuenta con alrededor de 100,000 personas, siendo el 95% de ellos latinos.

El desplazamiento social, impulsado en el centro de Los Ángeles, se ha movido sigilosamente hacia esta zona. El empresario Carlos Ortez, por su parte, consideró que este fenómeno, que el denomina como aburguesamiento, es parte del actual problema que enfrenta el vecindario.

“Se percibe que la policía está menos permisible al movimiento de los jóvenes porque están en la ruta del aburguesamiento; el comentario generalizado es que son menos tolerantes”, comentó Ortez, destacando que el desempleo es alto y los espacios de esparcimiento son mínimos en el barrio.

La población, entretanto, se expresó en una vigilia y una protesta los días posteriores al crimen de Romero. El 29 de agosto próximo, además, tendrán un foro comunitario para contrarrestar el sentimiento que se ha ido instalando entre los habitantes.

Lo que se ha observado, consideró Carlos Montes, es una persecución juvenil que comienza con delitos menores. Cuando son adultos, sostiene el activista, son los que pasan a poblar las cárceles de California. Estos procedimientos no ocurren en los vecindarios de anglosajones, subrayó.

“Es una larga historia de racismo”, manifestó el organizador comunitario que compara las tácticas de la policía con lo que sucede en el Este de L.A., Sur L.A. y el Valle de San Fernando, barrios de mayoría latina. “Estamos pidiendo un alto a los asesinatos policíacos”.

María Brenes, directora ejecutiva de Innercity Struggle, trabaja a diario con jóvenes de Boyle Heights. En los últimos días, luego del crimen de Romero, el pesar se ha manifestado a granel. Los beneficiarios de los servicios de esta organización no han podido ocultar la tristeza.

“Ha habido una reacción de coraje, frustración y tristeza”, aseguró Brenes al explicar que la víctima pudo haber sido cualquier joven, por lo que se han unido a otras entidades para que este hecho no quede impune. “Estamos apoyando los esfuerzos de traer atención a esta injusticia”.

El esclarecimiento de este crimen, al verse involucrados policías, corre por cuenta de la División de Investigación de la Fuerza. Los resultados, de acuerdo a LAPD, deberán ser revisados por las oficinas del Fiscal del Distrito del Condado de L.A. y el inspector general.

A criterio de Ron Góchez, director de Unión del Barrio, el cuerpo policial “trabaja en total impunidad” eso hace que disparen primero y luego hagan las preguntas, algo que considera no ocurre en los casos de anglasajones, tanto como pasa con los latinos y afroamericanos.

“La gente está cansada. Si no se puede hacer por las buenas, van a tomar la justicia por las manos. Si se comienza a disparar a los policías va a generar más violencia contra nuestra comunidad”, analizó el líder comunitario, por lo que espera que las políticas cambien apegadas a un sistema más justo.


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