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Cuando una acción de solidaridad marca la diferencia en el Día de Acción de Gracias

Voluntarios sirven alimentos en la Misión Dolores durante la celebración del Thanksgiving.

Voluntarios sirven alimentos en la Misión Dolores durante la celebración del Thanksgiving.

(Soudi Jiménez)

La celebración del Día de Acción no es para todos es un tiempo de compartir, habrá muchos sin nada que comer. Adán Argueta, originario de Guatemala, vive en el estacionamiento de un restaurante y cuando llega esta fecha tiene que visitar un parque para recibir un plato de comida.

“Pero le doy gracias a Dios por todo, bendito sea Dios que estoy vivo”, comentó Argueta, de 54 años de edad dejando claro que no todo se trata de lo material.

Este hombre desamparado, que en el pasado laboró en pintura y jardinería y hoy se gana el sustento con actividades eventuales, llegó a Estados Unidos en 1989 y no ha podido regresar a su tierra natal. “Vivo con los muchachos allá atrás, en el parqueo tengo mis sábanas”, indicó.

En el 2016, el número de indigentes se incrementó en 5.7% según Los Angeles Homeless Services Authority (LAHSA). En el 2015 habían 44,359 desamparados y en la actualidad son ya 46,874, algunas de estas personas viven en carros, tiendas de campañas y bolsas de dormir a la intemperie.

En los últimos ocho años, en el marco de la celebración de ‘Thanksgiving’, la Fundación Bernardina ha llevado alimentos a los indigentes en el parque Normandie, en Los Ángeles. A principios del 2016 comenzaron a llevar esta asistencia una vez al mes, al ver la gran necesidad que existe a nivel local.

“Les damos de comer en el parque y debajo de los puentes”, indicó Amadeo Hernández, presidente de la fundación, detallando que son movidos por el amor a servir al prójimo, porque los recursos con los que cuentan son limitados y recurren a donaciones de empresas y personas particulares.

“El querer es poder”, añadió Hernández. “No es necesario tener dinero para ayudar, sino el deseo, porque hay gente que necesita comida, zapatos y ayuda sicológica, alguien con quien hablar, para salir adelante por sus propios medios”.

El Instituto de Educación Popular del Sur de California (Idepsca), por su parte, administra cuatro centros de jornaleros en el centro de L.A., Hollywood, Cypress Park y Harbor City. Aquí acuden inmigrantes desempleados y, a veces desamparados, en busca de trabajo.

“Muchos están solos, tienes a sus familias en otro país y en este momento político es difícil celebrar”, aseguró Guadalupe García, gerente del programa de jornaleros de Idepsca, destacando que estos trabajadores no tienen las mismas posibilidades para cocinar o comprar un pavo.

“Tienen que tomar la decisión: compro el pavo o pago la renta; si alguien se enferma tiene que balancear entre las medicinas o la comida”, señaló la líder comunitaria, detallando que contrario al 2015, cuando con la ayuda de aliados les entregaron pavos, en esta oportunidad no lo harán.

La lucha por llevar alimentos a casa es un problema diario. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) sostiene que en el 2015 la inseguridad alimentaria fue de 12.7%, es decir que 15.8 millones de hogares no tenían suficiente comida para una vida activa y saludable.

La organización Pan para el Mundo, con sede en Washington D.C., en su portal de internet indica que en la Unión Americana “el hambre no es causada por la escasez de alimentos, sino por la continua prevalencia de la probreza”.

“Para sorpresa de muchos, la mayoría de los norteamericanos (51.4%) vivirá en la pobreza en algún momento antes de los 65 años. Eso quiere decir que cualquiera de nosotros — o de nuestros amigos o familiares — podría verse afectado”, agrega la entidad.

A fin de expresar la solidaridad, Juan Carlos Méndez, obispo del Centro Cristiano Bet-El, afirma que su congregación llevará pavos para 1,000 personas en el parque de la ciudad de Southgate en el Día de Acción de Gracias, ocasión que aprovecha para desafiar a la comunidad hacia la acción.

“No nos olvidemos del pobre y no nos concentremos solo en nosotros, porque el materialismo nos está dañando. Tenemos un carro, queremos otro; tienes un teléfono, quieres dos”, reflexionó el líder bautista. “Nadie es tan pobre para no ayudar. Si no tiene dinero, tiene tiempo, algo podemos dar”.


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