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Carnitas Michoacán #3 de Boyle Heights se ve obligado a cerrar sus puertas luego de 33 años de servicio

Richard Raya, de 45 años de edad, es uno de los propietarios de Carnitas Michoacán, un restaurante abierto las 24 horas en Boyle Heights, que cerrará sus puertas luego de 30 años para cederle su espacio a un local de comida rápida china, Panda Express (Rick Loomis / Los Angeles Times).

Richard Raya, de 45 años de edad, es uno de los propietarios de Carnitas Michoacán, un restaurante abierto las 24 horas en Boyle Heights, que cerrará sus puertas luego de 30 años para cederle su espacio a un local de comida rápida china, Panda Express (Rick Loomis / Los Angeles Times).

Cuando Danny Quintana y Lily Diaz visitan a su familia cada año en Boyle Heights, por lo general están contentos de descubrir qué poco ha cambiado su ciudad natal.

Boyle Heights se ha opuesto ferozmente a las fuerzas de la gentrificación, y cada vez que la pareja viaja allí desde su nuevo hogar, en Arkansas, encuentran intactos sus sitios favoritos: King Taco, para carne asada; El Siete Mares, para ceviche; El Tepeyac, para burritos gigantes y Carnitas Michoacán #3, hogar de los mejores nachos en la ciudad y abierto antes de ir a la escuela, después de la iglesia, durante los feriados y mucho después de que todos los otros bares han cerrado.

Pero cuando la pareja llegó este domingo a Michoacán Carnitas, vestidos en ‘azul Dodgers’ de pies a cabeza antes de un partido contra los Rockies, se toparon con una mala noticia: el restaurante que siempre está abierto tiene programado cerrar definitivamente sus puertas a fines de este mes. El motivo es que el dueño del local quiere alquilar el espacio a Panda Express, que ha ofrecido construir un nuevo edificio, según detalló Richard Raya, hijo del dueño de Carnitas.

Sebastián Montero, de 30 años, prepara unas súper papas fritas en Carnitas Michoacán, un restaurante abierto las 24 horas en Boyle Heights (Rick Loomis / Los Angeles Times).

Sebastián Montero, de 30 años, prepara unas súper papas fritas en Carnitas Michoacán, un restaurante abierto las 24 horas en Boyle Heights (Rick Loomis / Los Angeles Times).

Para Quintana, de 32 años de edad, y Diaz, de 31, Carnitas Michoacán será un trozo de su infancia que desaparecerá de sus vidas. “Comer aquí es una necesidad”, aseguró Diaz. “Esta gente ha estado aquí por siempre. No estoy de acuerdo con lo que están haciendo con ellos”.

Carnitas Michoacán #3, una barra de comida con un grupo de asientos rojos y azules en encerrados por puertas blancas de hierro forjado cubiertas con yute, es un candidato poco probable a la preservación histórica.

Héctor Hernández, 18 años de edad, y Sebastián Montero, de 30, trabajan en la cocina de Carnitas Michoacán (Rick Loomis / Los Angeles Times).

Héctor Hernández, 18 años de edad, y Sebastián Montero, de 30, trabajan en la cocina de Carnitas Michoacán (Rick Loomis / Los Angeles Times).

La página de calificaciones de Yelp.com lista en el puesto número ocho a Carnitas Michoacán de Los Ángeles -bautizada así en honor al estado mexicano famoso por las carnitas-. Raya asegura que un conocido de la familia puso en marcha varios restaurantes con ese nombre hace unas décadas, que fueron pasando a manos de diferentes propietarios, uno de los cuales es su padre, Richard, quien antes dirigía un negocio de juegos electrónicos y mantiene algunas pocas máquinas de tipo arcade en el restaurante.

El padre de Raya, quien se negó a hacer declaraciones porque las negociaciones por el cierre del restaurante están aún en curso, no era cocinero ni restaurantero. Pero se hizo cargo de la casa de comidas hace 33 años y la convirtió en un peculiar lienzo para sus muchos intereses e ideas de negocios.

La familia Orozco espera en el mostrador de Carnitas Michoacán (Rick Loomis/Los Angeles Times).

La familia Orozco espera en el mostrador de Carnitas Michoacán (Rick Loomis/Los Angeles Times).

Fotos enmarcadas del héroe de guerra mexicano Pancho Villa, la cantante Jennifer López, el boxeador Julio César Chávez y el revolucionario Emiliano Zapata se alinean en las paredes del lugar. Una cartelera de anuncios ubicada cerca de la puerta recuerda el momento en el que el equipo de la película “Furious 7” rodó varias escenas de carreras allí cerca. El restaurante también vende camisetas estampadas con un dibujo animado de un cerdo.

Un amigo de la familia que trabaja demoliendo edificios solía darle al padre de Raya algunas de las cosas más extrañas que la gente dejaba abandonadas, cuenta el hombre. Por ese motivo terminaron en el lugar indios de madera tallada, azulejos del techo de una oficina de Santa Mónica y una cabeza de jabalí que mira a las máquinas de videojuegos donde Raya solía jugar cuando era pequeño.

Otras piezas de decoración son más difíciles de explicar. Dos señales de Soto Street ubicadas encima de la caja registradora podrían haber sido rescatadas de antiguos accidentes de tránsito que arrancaron las varas. En todo el restaurante, diferentes letreros advierten a los clientes acerca de no alimentar a las aves, y no queda claro si las advertencias se refieren a la docena de loros de madera tallados que se posan en todo el lugar, al ganso de felpa ubicado cerca de la máquina expendedora o a las palomas reales que arrullan en el exterior.

“He venido aquí desde que estaba en su vientre”, afirma Rudy Ortiz, de 34 años, señalando a su madre, Enedina Ortiz, de 62, en Carnitas Michoacán (Rick Loomis / Los Angeles Times).

“He venido aquí desde que estaba en su vientre”, afirma Rudy Ortiz, de 34 años, señalando a su madre, Enedina Ortiz, de 62, en Carnitas Michoacán (Rick Loomis / Los Angeles Times).

Un videojuego de ‘Sra. Pacman’ descansa en un rincón hace tanto tiempo que ya se ha ganado el calificativo de ‘retro’. El refresco se sirve en vasos de papel impresos con el calendario 2013 de Los Angeles Angels.

Pero es probable que las horas de funcionamiento -y no la decoración- hayan hecho de este restaurante un clásico del barrio, sostiene Raya. Muchos clientes conocían el lugar simplemente gracias al gran letrero que desde una esquina indica, con sólo tres palabras: “Tacos 24 horas”.

El domingo, Raya se sentó en una cabina y comentó lo lleno que estaba el lugar desde que se anunció su cierre. Una versión doblada en español de la película “Paul Blart: Mall Cop” aparecía en una TV de pantalla plana, mientras los fieles de la iglesia Santa Isabel, bien vestidos, llenaban el restaurante. “He oído que cierran sus puertas”, le dijo Edith Gonzalez, de 34 años, a uno de los ayudantes de camarero.

“A fin del mes, se acabó”, respondió el chico.

Gonzalez ha comido allí dos veces por semana desde que se mudó a Los Ángeles, en 1999. Allí alimenta también a sus cuatro hijos, con una comida de tacos, quesadillas y crepas por sólo $15, y ha comenzado muchas mañanas de su vida, con un miniburrito y un café a sólo $3. “La carne asada no es igual en otros lugares. Extrañaremos esta salsa también”, aseguró.

Raya comenta que prepara la salsa roja y la carne asada en el otro restaurante de la familia, Sam’s Tacos. Pero para muchos clientes, Carnitas Michoacán #3 es amado por algo que no puede reproducirse con una receta.

Armando Reyes llegó por primera vez al restaurante en la década de 1970 con su madre, antes de que la familia Raya se hiciera cargo del negocio. Cada domingo, durante los últimos 22 años, él ha compartido allí nachos y súper papas con sus amigos y su hermano para el almuerzo. También, como muchos jóvenes, después de una noche de fiesta en el club nocturno Florentine Gardens de Hollywood, él y sus amigos volvían hacia el este, estacionaban sus lowriders y se acomodaban en los asientos para devorar tacos y papas fritas. “Ya nada es lo mismo”, aseguró Reyes. “No sé si la gente es diferente, o si tal vez crecieron de manera distinta o su fueron criados en otro sitio, pero es una locura cómo todo está cambiando”.

Si desea leer la nota en inglés haga clic aquí.


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