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Ella viajó a Puerto Rico como voluntaria. Luego descubrió que su hogar en Santa Rosa estaba a punto de quemarse

Cyndi Evans estaba en Puerto Rico como enfermera voluntaria cuando se enteró de los incendios en su hogar en Santa Rosa. Ella encontró su casa todavía en pie, y ahora espera ayudar a los que se han quedado sin nada aquí. (Soumya Karlamangla / Los Angeles Times)

Cyndi Evans estaba en Puerto Rico como enfermera voluntaria cuando se enteró de los incendios en su hogar en Santa Rosa. Ella encontró su casa todavía en pie, y ahora espera ayudar a los que se han quedado sin nada aquí. (Soumya Karlamangla / Los Angeles Times)

(Los Angeles Times)

A Cyndi Evans le conmovieron las imágenes que vio en la televisión de personas sufriendo en Puerto Rico y a la alcaldesa de San Juan pidiendo ayuda.

Evans voló a la Isla el 6 de octubre como parte de una unidad de enfermera de cuidados intensivos y un grupo de médicos del hospital Kaiser Permanente en San Rafael. Allí, fue recibida por la devastación.

Encontró a miles de personas que habían pasado días sin agua. Líneas eléctricas caídas. Diseminación de moho negro. Infecciones causadas por la falta de sistema de alcantarillado.

Una amiga le ofreció su conexión a Internet, y de repente aparecieron 64 mensajes de texto en su teléfono.

Uno de ellos era de su hija: “Mamá, necesito que vuelvas a casa”.

Estaba preocupada de que su casa, al sur del centro de Santa Rosa, se quemara en los incendios forestales que barrían al principal condado vitivinícola del norte de California. Evans y otra enfermera regresaron en el primer vuelo que encontraron para San Francisco.

Evans pasó el viaje en avión preocupada por su hogar. La casa de la otra enfermera, que vivía en Calistoga, se incendió.

“Fue un viaje tan diferente al viaje con dirección a Puerto Rico”, dijo Evans, de 49 años.

Cuando aterrizaron para una escala en Newark, N.J., Evans recibió otro mensaje de texto de su hija: “Nuestra casa todavía está en pie”.

Aun así, su viaje desde el aeropuerto internacional de San Francisco hasta Santa Rosa fue aterrador. No podía ver los carriles de tráfico opuestos en la autopista 101. No podía ver ni unos pocos pies delante de ella debido al humo.

“Sentí que iba al infierno”, dijo.

Aunque aliviada, no habia podido dormir bien desde que llegó a casa. Aún le sigue preocupando que un nuevo incendio pueda destruir su casa. La cuadra donde vive está cubierta por grandes manchas amarillentas. Todavía huele a humo.

La mañana que regresó, Evans y un amigo trataron de encontrar un lugar para ofrecerse como voluntarios, pero la mayoría estaban abrumados por la ayuda.

Evans sabe que esto es lo que ocurre en los desastres: la ayuda llega en grandes cantidades al principio y luego se desvanece. Ella hizo dos viajes para ser voluntaria durante el huracán Katrina. Sabiendo esto, visitó un refugio el domingo donde se encuentran los evacuados de hogares de ancianos.

“Voy a estar sentada con la gente, sosteniendo sus manos”, dijo Evans. “Yo también podría necesitarlo algún día”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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