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La vida de un bombero vista a través de los ojos de un latino

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Esteban López dice estar orgullos de auxiliar a los que lo necesitan a diario.
(Selene Rivera)

Para Esteban López portar el uniforme de bomberos es todo un honor, no solo porque representa a su comunidad latina, sino porque este significa “primeros auxilios, esperanza y confianza” para la gente que sirve.

Al momento de llegar en ayuda de alguien, “no piensas en nada más que salvarlos de una forma u otra. No piensas en raza, credo o estatus… un segundo puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte”, dice López, conductor de camión de bomberos al oeste de la región del Condado de Los Ángeles.

Lo cierto es que el trabajo de un bombero no solo consiste en apagar fuegos.

Después de una llamada al 911, los bomberos son los primeros que llegan al lugar para atender heridos de bala, personas con ataques al corazón, quemaduras, cortadas, choques automovilísticos y hasta mujeres dando a luz, por nombrar algunas tareas.

El padre cuyos gemelos de tan solo un año de dad murieron tras dejarlos unas ocho horas abandonados en su automóvil, le dijo a los investigadores que creía que los dejó en la guardería antes de ir a trabajar, según una denuncia penal.
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“85% de las llamadas que recibimos tienen que ver con la salud física en juego de una persona”, dice López, cuya estación se compone de 10 bomberos en total para servir la región de Paramount y partes de Compton.

El trabajo de bombero es estresante.

“Se ve mucha sangre, estrés y temor de quienes sirves, por eso debes hacer un buen trabajo con hasta 18 llamadas de emergencia al día y turnos de 24 horas cuando hay mucho trabajo”, dice López. “Aunque depende las áreas, algunas estaciones reciben más de 50 llamadas al día”, agrega.

El mes de julio ha reportado inclusive más de una balacera por día, aunque la prensa le da más énfasis a aquellas en las que resultan muertes.

Cada estación del Departamento de Bomberos del Condado de Los Ángeles cuenta con tres camiones; uno de ellos con 500 galones de agua, otro con una escalera de 100 pies de alto y una camioneta de paramédicos. El número de bomberos fluctúa depende del área que cubren.

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Todos los días se entrena.

En esta profesión no hay descanso, dice López. Así que “todos los días entrenamos sobre cómo combatir fuegos y cómo ayudar a la gente en épocas de incendios… esto aparte de las llamadas que tenemos que atender”.

“Como bombero tienes que estar en tu máximo conocimiento intelectual y en tu máxima salud física lidiar con la gente”, agrega.

A veces no hay días festivos

“Debido a la demanda de trabajo, vamos a estar trabajando en navidad, año nuevo y otros días festivos donde sabemos pueden ocurrir más accidentes viales o más balaceras”, dice.

Para algunos resulta gracioso, pero para otros es un insulto el hecho de que una niña haya recibo en su cumpleaños un pastel que leía: “Feliz cumpleaños perdedora”, lo cierto es que la fotografía ha dado mucho de qué hablar en las redes sociales.

Ese mismo sacrificio lo comparten los despachadores del 911, las enfermeras de turno, los doctores y la policía.

La esperanzan del bombero es que la familia entienda su trabajo y lo apoye, aunque no siempre sucede, dice López.

Ser latino bombero es una satisfacción.

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De padres inmigrantes de Sinaloa, México, López vivió de primera mano el miedo y desesperación de sus padres en un accidente que él sufrió de niño.

“Un día me caí y me lastimé… Vi a mis padres preocupados y suplicando auxilio para que un experto me ayudara”, dice López. “Entonces vi que los primeros que llegaron a socorrerme fueron los bomberos. Desde entonces me enamoré no solo del uniforme sino de la labor”.

A los 15 años de edad, el joven se convirtió en explorador, y a los 20 años tomó sus exámenes para convertirse en bombero, después paramédico y ahora conductor.

“Me siento orgulloso tener origen mexicano, servir a una diversidad de gente y representar a los latinos en este país en un trabajo donde hago la diferencia”, concluye.


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