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Muere el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, a los 90 años

Foto de archivo. El líder cubano, Fidel Castro, disfruta de un helado en Bronx Zoo, en 1959, en su visita a Estados Unidos cuando las relaciones entre ambos países eran mejores.

Foto de archivo. El líder cubano, Fidel Castro, disfruta de un helado en Bronx Zoo, en 1959, en su visita a Estados Unidos cuando las relaciones entre ambos países eran mejores.

Fidel Castro, el líder cubano y carismática figura de la Revolución Cubana, que llevó a la nación caribeña al escenario mundial al provocar enfrentamientos durante la Guerra Fría y desafiar las políticas estadounidenses durante once administraciones, murió a los 90 años.

Raúl Castro, hermano del líder izquierdista, dijo a través de la televisión estatal el viernes por la noche que su hermano había fallecido.

Siempre con su barba mal delineada, Castro desafió al capitalismo y siempre mantuvo su posición como una insignia de honor, logrando lo impensable, mantener vivo al comunismo en el hemisferio occidente dos décadas después de haber caído la Unión Soviética.

Castro era belicoso y espasmódico, tenía una personalidad forjada por la prisión, el exilio y la revolución. Pero después de los primeros éxitos en el área de la salud y la educación, su gobierno perdió gran parte de su brillo en años posteriores, ya que no creó oportunidades económicas y las autoridades recurrieron a la represión para mantener el control.

Los últimos años de Castro pasaron tranquilamente, mientras su hermano Raúl tomaba el timón. El joven Castro lanzó reformas cautelosas en un esfuerzo por alejar a Cuba de la pobreza, y el mes pasado se comprometió a restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos después de una brecha de medio siglo.

Durante décadas, sin embargo, Fidel Castro superó a su poderoso vecino al norte, saliendo en la invasión de la Bahía de Cochinos en 1961, en el Mariel en 1980 y en la amarga batalla por la custodia del joven náufrago Elián González en el 2000. Sobrevivió a un extraño asesinato y el desafío de su gobierno a Washington trajo décadas de sanciones que se marchitaron y terminó con una congelación diplomática.

Castro, el más largo reinado de los caudillos del siglo XX, siempre culpó al bloqueo económico estadounidense, y no a la fallida economía comunista de su gobierno, por la constante erosión del nivel de vida en la isla.

Mientras una sucesión de presidentes estadounidenses y exiliados cubanos de línea dura en Miami vieron a un dictador que pisoteó los derechos de su pueblo, Castro ganó la aclamación entre los latinoamericanos que envidiaban su dignidad nacionalista y su actitud arrogante hacia los poderosos yanquis.

“Ninguna persona sobria en América Latina quiere adoptar el sistema cubano. Pero donde quiera que iba en América Latina, recibió una ovación delirante”, dijo Wayne Smith, un veterano diplomático estadounidense que sirvió en La Habana. “¿Por qué? Porque él se paró a los Estados Unidos, nos dijo dónde ir y se salió con la suya”.

Esa posición contra la dominación estadounidense impulsó a Castro a la vanguardia de la búsqueda de justicia social de América Latina décadas después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero desperdició muchas ganancias de su revolución al negarse a aliviar su control sobre el poder o la economía.

Castro gobernó sobre un país menos poblado que algunas ciudades latinoamericanas, sin embargo, tocó la política y el desarrollo en todo el mundo. Ayudó a revolucionarios de Nicaragua a Angola, apoyó a izquierdistas como Salvador Allende de Chile y el Obispo Mauricio de Granada, fomentó disturbios contra conservadores de línea dura en Venezuela y Argentina y mantuvo aliados en el poder en Mozambique.

Ann Louise Bardach, que escribió el libro de 2002 “Cuba Confidencial”, dijo en una entrevista que Castro en efecto ganó la prolongada batalla con Washington en virtud de su supervivencia en el cargo, pero perdió la guerra contra la pobreza y la injusticia debido a su negativa a abordar el hambre de los cubanos por reformas democráticas y económicas.

“Castro”, escribió en el libro, “tiene la disciplina de un guerrero, el intelecto de un maestro de ajedrez, la manía obsesiva de un paranoico y la obstinación de un niño”.

Seguiremos actualizando…


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