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Paulo Abrão: “La CIDH enfrenta el auge de la agenda antiderechos”

Fotografía del 5 de diciembre de 2017 del secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Paulo Abrão, durante una entrevista con Efe en la sede de la OEA en Washington (EE.UU.). EFE

Fotografía del 5 de diciembre de 2017 del secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Paulo Abrão, durante una entrevista con Efe en la sede de la OEA en Washington (EE.UU.). EFE

El secretario ejecutivo de la CIDH, Paulo Abrão, alerta del auge de la “agenda antiderechos” en América y de su incorporación a los programas políticos, un “ambiente hostil” en el que el organismo lucha no solo por impedir retrocesos sino por seguir avanzando.

“El riesgo es que, si en el pasado los gobernantes eran elegidos con un discurso pro derechos humanos y luego no lo aplicaban, ahora que están siendo elegidos con uno antiderechos, ¿qué va a significar esto? Es algo que requiere de nosotros mucha atención”, explica Abrão en una entrevista con Efe en Washington.

El jurista brasileño, al frente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde agosto de 2016, defiende que los Gobiernos “no pueden acomodarse o restringirse al pragmatismo electoral” aunque “la agenda de derechos humanos sea muy desafiadora ante la opinión pública”.

“Los Gobiernos tienen en sus manos las condiciones para cambiar la situación y es una obligación que ellos no pueden dejar de mantener de manera activa, luchar todo el tiempo en favor de los derechos humanos”, afirma.

Abrão constata que muchos se preguntan si el auge del movimiento antiderechos se ha producido en reacción al avance de una agenda de derechos humanos que “la cultura media del ciudadano no pudo soportar”.

“Eso no debe generar una agenda de retrocesos. Al contrario, hay que afirmar esos derechos como un proceso civilizatorio mismo, esa es la disputa que vivimos en el ámbito cultural”, sostiene.

La situación de la región está marcada por asuntos propios pero también “condicionada por una coyuntura internacional de expansión de un pensamiento más nacionalista, más conservador y la incorporación de un discurso anti derechos humanos en la agenda política de manera más intensa que en el pasado”.

“Todo eso está teniendo como impacto un incremento del desprestigio del derecho internacional y los derechos humanos, el descrédito de las organizaciones multilaterales y a nivel local un sentimiento de desesperanza con respecto a las instituciones democráticas”, describe.

“Ese es el paisaje internacional, pero en nuestra región se suma un ambiente creciente de crisis políticas, sociales, económicas, naturales y humanitarias. Y eso solo amplía el desafío que la Comisión tiene para desarrollar su mandato e intentar hacer su tarea en el objeto último de avanzar en derechos humanos”, indica.

Para hacer frente a este “escenario de dificultades”, la CIDH, órgano autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), ha puesto en marcha una serie de estrategias, entre ellas la de construir alianzas con otros organismos internacionales, actores estatales de derechos humanos y con la sociedad civil.

“Hay que saber aprovechar las brechas que ofrece este escenario para seguir avanzando, la última postura que se puede tener es quedarse en posición defensiva. Hay que saber protegerse ante los retrocesos, el principio de no regresividad es muy importante, pero debemos saber avanzar en la construcción de nuestros estándares”, subraya.

Entre los retrocesos concretos que detecta en la región está, por ejemplo, el hecho de que “algunos países hayan retomado la práctica de crímenes de desacato cuando hay denuncias de corrupción” o “el creciente uso de las fuerzas armadas en materia de seguridad ciudadana con el discurso de la lucha contra el crimen organizado”.

También preocupa la estabilidad democrática, con “elecciones cada ver más polarizadas que generan dudas en la credibilidad de sus resultados”, así como la “fragilidad del Estado de derecho y de la independencia de los poderes, que es la base del ejercicio de los derechos”.

Además, “la expansión de grupos religiosos dentro de las estructuras estatales y una relativización del principio del Estado laico” o la “tentativa de establecer que la agenda de memoria es un tema del pasado y no del presente”.

Preguntado por cuándo recibe más críticas la Comisión, si cuando denuncia a Gobiernos de derecha o de izquierda, el jurista señala que la historia del organismo muestra que “la reacción viene de los Gobiernos de todos los matices” porque “el trabajo de defensa de derechos humanos de alguna manera incomoda”.

“La Comisión ha luchado contra las dictaduras, ha recibido críticas de derechas y después críticas de Gobiernos de izquierdas”, asegura.

“Es muy probable que ahora venga un nuevo ciclo de críticas de otro matiz ideológico, pero la Comisión tiene la conciencia de que hay seguir afirmando nuestros principios, todos los Gobiernos tienen obligación en derechos humanos, así que no vamos a dejar de incomodar”, promete.


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