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Ted Cruz, candiato latino y su cruzada por los “valores originales” de EE.UU.

Con un abanico ya reducido de aspirantes a la nominación presidencial del Partido Republicano, Ted Cruz ha intentado distinguirse como el campeón de una gran cruzada a favor de lo que llaman los "valores originales" de Estados Unidos, en línea con su discurso desde su asunción como senador por Texas, en 2013.

Con un abanico ya reducido de aspirantes a la nominación presidencial del Partido Republicano, Ted Cruz ha intentado distinguirse como el campeón de una gran cruzada a favor de lo que llaman los “valores originales” de Estados Unidos, en línea con su discurso desde su asunción como senador por Texas, en 2013.

Jugando con un vaso de té negro entre sus manos en una cafetería con diseños de los años 50, Reagan George afirma que Barack Obama será recordado como el peor Presidente de Estados Unidos, encaminando al país a una ruta socialista radical que niega su raíz cristiana.

Residente de un suburbio en el norte del estado de Virginia, George -de 67 años- es uno de los miles de activistas radicales que detonaron en 2009 el movimiento conservador del Tea Party, y hoy es un convencido de la cruzada del senador republicano Ted Cruz para llegar a la Casa Blanca.

“Yo no sé si Barack Obama es simplemente un incompetente o si está intentando conscientemente de destruir a Estados Unidos”, dice, “Cruz piensa, por el contrario, que Obama realmente es muy inteligente y realmente cree en el desmantelamiento del país tal como lo conocemos”.

Experto en administración de datos y negocios llegado desde Texas en 1996, George está convencido de que Estados Unidos vive un proceso de destrucción reflejado, según él, en ataques al prestigio de las policías, la invasión del Gobierno en la economía y el aceptar a refugiados musulmanes.

Con un abanico ya reducido de aspirantes a la nominación presidencial del Partido Republicano, Cruz ha intentado distinguirse como el campeón de una gran cruzada a favor de lo que llaman los “valores originales” de Estados Unidos, en línea con su discurso desde su asunción como senador por Texas, en 2013.

“Yo estoy interesado en un conservador fiel a los principios, que lucha contra los republicanos, contra los demócratas y contra la clase dirigente, y es por eso que me gusta Cruz”, insiste George.

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Ganador en la primera interna en Iowa, Cruz parece ser la mejor opción entre activistas como George que, viviendo a sólo 35 minutos de Washington, DC, cree en eliminar agencias como el Departamento de Educación o la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés).

Nacido en Canadá en 1970, hijo de la estadounidense Elizabeth Wilson y el exiliado cubano Rafael Bienvenido Cruz -quien según su relato combatió la dictadura de Fulgencio Bautista-, Ted Cruz es un ave polémica, odiado entre sus colegas en el Senado, pero alabado por la base.

Cruz creció en los suburbios de Houston, en los años 80 y, en la secundaria, su padre lo ingresó a un centro de pensamiento de corte libertario donde jóvenes aprendían a recitar pasajes enteros de la Constitución y textos sobre economía liberal.

“Cuando Ted llegó a la secundaria, en lugar de leer ‘comics’, él estaba leyendo a (Ludwig) Von Mises, a Adam Smith, a Fréderic Bastiat, a Milton Friedman”, dijo en 2013, en un evento en Texas, el viejo Cruz, hoy pastor cristiano de una iglesia fundamentalista.

En una meteórica carrera, Ted estudió Ciencia Política en la Universidad de Princeton y Leyes en la Universidad de Harvard -graduándose con honores en 1995-. Luego fue secretario del Presidente de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, el conservador William Rehnquist.

Pero antes de convertirse en el senador héroe de la Gran Cruzada antigubernamental del Tea Party -dispuesto a batirse incluso contra su Partido-, Ted intentó entrar a la política de una forma más convencional: buscó como abogado volverse parte de la élite republicana tradicional.

Tras un breve paso por un bufete jurídico, logró colarse en 1999 a la campaña del entonces candidato presidencial republicano, George W. Bush, donde su carácter de agresiva autopromoción causó cortocircuito en el equipo e incluso fue razón para que le cerraran las puertas a un empleo en la Casa Blanca.

“Yo lo atribuyo a la juventud y la inmadurez”, justificó Cruz en una entrevista con el sitio web Político.

En la campaña, sin embargo, el joven abogado encontraría a su futura esposa, Heidi Nelson, una ejecutiva del banco de inversión Goldman Sachs, con quien tiene dos hijas pequeñas.

Desterrado a un puesto en el equivalente a una “Siberia política” -la Comisión Federal del Comercio-, Cruz decidió abandonar Washington luego de dos años y aceptar regresar a Texas para fungir como Abogado General, una figura hasta entonces administrativa.

Pero Cruz y su jefe -el hoy gobernador de Texas, Greg Abbot-, idearon elevar la figura del Abogado General, involucrándolo en temas de alto impacto conservador, como desplegar los “10 Mandamientos” en propiedad estatal, en 2005.

“Originalmente, ésta era una posición de bajo perfil y estaba enfocada en temas concretos afectando a Texas. Pero cuando llegó Ted Cruz, vio el puesto más como una plataforma para lograr hacer realidad la visión que tenía sobre Estados Unidos”, dice Mark Jones, especialista de Ciencia Política en la Universidad de Rice en Houston.

Para Cruz, el logro más relevante de dicha etapa fue la decisión de la Suprema Corte de Justicia por la que Texas logró evitar, en 2008, aplicar un fallo de la Corte Internacional de Justicia a favor de México, que obligaba a revisar el caso de José Medellín, condenado a muerte.

“Como dice Sun Tzu: ‘Toda batalla es ganada antes de ser librada’. Siempre se gana al elegir el terreno sobre el que será peleada”, dijo Cruz a la revista New Yorker explicando que la clave fue no negar la existencia de una obligación de Texas, sino la necesidad de un acto del Congreso de Estados Unidos para su aplicación.

Terminado su paso como Abogado General en 2008, Cruz retornó a un bufete jurídico privado esperando una nueva oportunidad en la política, algo que apareció a inicios de 2011, cuando, sin infraestructura y enfrentando a un candidato republicano favorito, decidió competir por el Senado.

“Cruz decidió entrar a la competencia como alguien que decía estar fuera de la política sin necesariamente ser alguien fuera de la política”, dice Mark Jones.

En el Senado, Cruz logró convertirse en un anatema para muchos de sus colegas republicanos -al adoptar el principio de no negociación en temas como la deuda y el gasto público-, lo que logró que el senador John McCain lo llamara un “pájaro loco”.

Para deleite de la base conservadora, el momento cúspide de Cruz en el Senado llegó en septiembre de 2013, cuando por más de 21 horas pronunció un discurso en el pleno buscando boicotear -sin éxito- los fondos para la Ley de Salud conocida como “Obamacare”.

Apenas unos meses después, en enero de 2014, Cruz plantearía la idea de una candidatura a la Presidencia en una reunión privada en una mansión de Palm Beach a un grupo selecto de financieros -según un reportaje de Bloomberg-, quienes le sugirieron adoptar una postura rebelde.

“El país está listo para una figura como la de ‘El Señor Smith va a Washington’”, habrían dicho los financieros a Cruz, refiriéndose a la mítica película de 1939 sobre la lucha de un hombre común contra los políticos.

Ya en la competencia, Cruz logró dar un campanazo en enero, al ganar la primera fecha de la competencia interna, en Iowa, apoyándose en los decisivos votantes evangélicos y en una detallada organización que esperan funcione en el llamado “Súper Martes” del 1 de marzo próximo.

“Lo que es muy impresionante de la campaña es que estamos usando tecnología de punta para hacer llamadas telefónicas masivas y también visitas puerta por puerta”, comenta Beau Correll, un abogado de Virginia, estado que junto con otros 13 estará en juego en el “Súper Martes”.

A diferencia de la humilde figura de “Mr. Smith”, Cruz acumula más de 46 millones de dólares en fondos a través de los polémicos Comités de Acción Política, la mayor cantidad de este tipo de apoyo entre los aspirantes republicanos que permanecen en la competencia.

Pero quizá el principal reto para la campaña de Cruz es todavía cómo responder a la irrupción en la escena del magnate Donald Trump, quien desde junio de 2015 le arrebató el manto del aspirante ajeno a la política, logrando victorias en lugares tan disímbolos como New Hampshire y Carolina del Sur.

Sentado en la cafetería del norte de Virginia, el activista Reagan George es prueba de que si bien no tiene la pureza ideológica del abogado texano que durante su juventud recitaba a Adam Smith, Trump encapsula bien el enojo.

“Yo en este momento estoy con Cruz”, confiesa George, “pero si gana Trump no me molestaría”.

Para más información

Página oficial: https://www.tedcruz.org/

Twitter: @tedcruz

840,000 seguidores.

Facebook: https://www.facebook.com/tedcruzpage

1.9 millones de fans.


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