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¿Ventaja o trastorno? Así sería la Casa Blanca con Bill Clinton en el Ala Este

Los Clinton saludan a sus seguidores, durante una aparición en Brooklyn, el pasado junio (Associated Press).

Los Clinton saludan a sus seguidores, durante una aparición en Brooklyn, el pasado junio (Associated Press).

Cuando Bill Clinton suba al escenario de la Convención Demócrata este martes -la noche en que su mujer ganará oficialmente la nominación a la candidatura presidencial- la pareja descansará al límite de la historia. Nunca antes una esposa de un expresidente se ha convertido en candidata para el puesto, en representación de un partido importante.

Si Hillary Clinton gana la presidencia, aparecerán preguntas obvias. Entre ellas: ¿Cómo fluirá el poder en una nueva Casa Blanca de los Clinton, y cómo encajará el vicepresidente Tim Kaine dentro de una muy concurrida Ala Oeste? ¿La naturaleza indisciplinada del expresidente podrá dilatar las decisiones de su más ordenada esposa? ¿Las actividades filantrópicas de Bill Clinton entrarían en conflicto con las responsabilidades públicas de la pareja?

Todas estas dudas surgen a raíz del propio Bill Clinton; un hombre capaz de ofrecer a su mujer valiosos consejos, pero también propenso a la polémica.

El más reciente roce con el lado problemático del expresidente apareció el mes pasado, cuando éste, en Phoenix, compartió un vuelo con la fiscal general Loretta Lynch e inició una conversación con esta mujer, cuyo departamento investigaba el uso del servidor privado de correo electrónico que su esposa había hecho siendo secretaria de estado. Poco después, Lynch declinó decidir en el caso, y agentes del FBI y un grupo de fiscales determinaron que no se presentarían cargos contra Hillary Clinton.

El incidente y la indignación que generó en los republicanos sirvió como un pequeño recordatorio de la obstinación y falta de autodisciplina que se encontraban entre los peores problemas del expresidente durante su mandato.

De todas formas, a pesar de sus problemas, Bill Clinton ofrece también ventajas a la campaña y al posible gobierno de su mujer, que pueden superar con creces los inconvenientes.

Leon E. Panetta, excongresista de California que fue jefe de gabinete y director de presupuesto de Bill Clinton, remarcó que el expresidente sería “un gran activo”, gracias a su conocimiento e intuición acerca de un amplio rango de problemas y conflictos.

Pero para obtener ese beneficio se debe contar con un gabinete que pueda mantener a raya a Bill Clinton, remarcó cuando se le preguntó acerca de la controversial reunión con Lynch. Esa opción ayudaría a mantener la autoridad de Hillary Clinton y para prevenir situaciones embarazosas.

“Como todos, él es quien es”, afirmó. “Siempre ha sido bueno conmigo sobre eso; si le decía que había algo que no debía hacer, por la apariencia, él me escuchaba”, aseguró. “Uno realmente debe aprender a usar sus puntos más fuertes y evitar las debilidades tanto como sea posible”.

Una segunda área de tensión podría ser la competencia por la influencia entre el expresidente y el vicepresidente. Tanto Hillary como Kaine, actual senador de Virginia, despejaron cualquier preocupación acerca de ese tipo de conflictos el domingo, durante una entrevista conjunta en “60 Minutes”, de CBS.

“Senador, usted será vicepresidente en una Casa Blanca con dos presidentes”, esbozó el presentador Scott Pelley.

“Bueno, eso es un exceso de calidad”, respondió Kaine, mientras que Clinton señaló que su potencial gobierno será “de gran participación”. “Yo seré presidente”, agregó. “Pero está el hecho histórico de que mi marido fue presidente durante ocho años. Y en ese tiempo ocurrieron muchas cosas que ayudaron al pueblo estadounidense”, dijo, además de remarcar que lo elegirá como uno de los varios expresidentes a quienes consultar. “También confiaré en el presidente Obama”, resaltó. “Ya le he avisado esto. Levantaré el teléfono; voy a llamar y pedir consejos. Así pondremos a todos a trabajar”.

Panetta recordó que cuando asumió la jefatura de gabinete de Bill Clinton le pareció importante reunirse con Hillary Clinton para ponerla al tanto de sus actividades, un gesto que, dijo, sería beneficioso para tratar con su marido.

Tanto Panetta como otras personas expertas han sugerido que Bill Clinton podría estar involucrado en misiones diplomáticas en el exterior. Esto significaría viajes, lo cual tendría un beneficio secundario: lo mantendría alejado de la órbita de Kaine.

Esto sería particularmente cierto si el nuevo vicepresidente se enfocara en construir la relación del gobierno con el Capitolio, un puesto lógico para un senador con amistades bipartidistas.

La relación entre el cónyuge del presidente y el compañero de fórmula trae algunos recuerdos feroces para los veteranos de la administración Clinton, acerca de los enfrentamientos entre la oficina de la ex primera dama y el por entonces vicepresidente, Al Gore. Tener dos centros de poder rivales en la Casa Blanca ya es suficiente problema; tener tres es exponencialmente peor.

Roger Salazar, un consultor político residente en California, quien trabajó en la Casa Blanca entre 1994-1999, estableció una distinción en la forma de actuar de los tres ambiciosos directores -los dos Clinton y Gore- a sus 40 años, en relación a cómo los Clinton y Kaine se comportarían ahora. “Él no será un activo perjudicial en este momento”, remarcó Salazar acerca de Bill Clinton, porque la pareja ha ganado “una gran cantidad de sabiduría” acerca de manejar un gobierno en los años pasados.

Salazar también predijo que Bill Clinton podría asumir un rol más pequeño que el de la mayoría de los cónyuges presidenciales, debido a sus actividades filantrópicas.

Eso también tiene sus propias complicaciones, por ejemplo que el trabajo de la fundación internacional de la familia Clinton plantee conflictos de intereses con las responsabilidades públicas de la pareja y con las prerrogativas políticas de Hillary Clinton. Ya durante la actual campaña los republicanos plantearon dudas respecto de si los donantes de la fundación habían obtenido alguna ventaja cuando la precandidata presidencial fue secretaria de estado.

Aquellos que han trabajado con ambos Clinton en la década de 1990, y quienes los han observado, sugieren que la renombrada habilidad de Bill Clinton para forjar conexiones personales con los votantes y su credibilidad con los gobiernos extranjeros serían fortalezas clave en el gobierno de su esposa. Pero pocos saben con precisión cómo procederían ambos en ese territorio aún inexplorado.

Hace dos meses, en lo que pareció un comentario exuberante, Hillary Clinton señaló que su marido estaría a cargo de “revitalizar la economía”. “Porque él sabe cómo hacerlo”, dijo. De inmediato, sus asesores de campaña se encargaron de rectificar que esa función sería de ella.

Más allá de cómo los Clinton acomoden sus roles en la Casa Blanca, el expresidente ya aseguró su trabajo como sustituto fundamental de Hillary en la campaña que los los puede llevar nuevamente al poder. Esto, en parte, se debe a que él es más popular que su esposa. Mientras que ella es vista favorablemente por sólo 4 de cada 10 votantes aproximadamente, el apoyo hacia Bill Clinton permanece cerca del 50%. Eso lo hace más popular, en general, que Obama.

Su combinación de fluidez y encanto político ya ha sido eficaz en el pasado, no sólo para los demócratas sino también entre independientes y algunos moderados de tendencia republicana, que están entre los objetivos de campaña de este año. “Su carisma es todavía fuera de serie”, afirmó el republicano Ted Lieu, de Torrance. “Él podría trabajar en cualquier área… Bill Clinton es un valor absolutamente positivo”.

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