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Comunidad sirve de modelo para mejorar la relación entre latinos y la policía

La ciudad de East Heaven, que saltó a la palestra nacional por las tensiones entre policía y latinos, ha experimentado en los últimos cuatro años “un profundo cambio cultural” que convierte a su policía en un “modelo para todo el país”, dijo a Efe la fiscal general, Loretta Lynch.

Lynch visita hoy esta comunidad del estado de Connecticut, que durante años ha estado bajo la lupa del Departamento de Justicia por el patrón de discriminación sistemática y uso excesivo de la fuerza que la policía local empleaba contra los latinos, que son el 10,3 % en una ciudad de 29.000 habitantes.

“Hace cuatro años, el Departamento de Justicia averiguó que el departamento de policía de East Haven incurría en prácticas discriminatorias contra los latinos. En los años posteriores, como resultado de un claro compromiso por cambiar, esta comunidad ha experimentado un profundo cambio cultural”, destacó Lynch.

Ahora, los agentes de East Heaven han incorporado cámaras corporales a sus uniformes, cuentan con un servicio de traductores para poder comunicarse con los hispanos y sus paseos por “My Country Store”, una bodega que sirve de punto de reunión a los hispanos, ya no despierta la angustia e inquietud de hace cuatro años.

“Antes registraban los coches en el aparcamiento. Sin razón alguna. Pero, eso ha cambiado. Nos sentimos más seguros. Es una herida que queda pero que, poco a poco, está sanando. Hay un oficial que siempre nos visita y nos dice que, ante cualquier inquietud, que le avisemos”, relató a Efe Marcia Chacon, de origen ecuatoriano y la dueña de “My Country Store”, que sufrió abusos durante años.

Además de los registros a las tiendas hispanas, algunos agentes se dedicaban a parar con más frecuencia a los conductores latinos y, si algún miembro de esta minoría osaba denunciar los abusos, las represalias incluían arrestos falsos, golpizas y amenazas, según pudo averiguar hace años el Departamento de Justicia.

A diferencia de lo ocurrido en otras ciudades donde las tensiones se desarrollaban entre la policía y la población afroamericana, en East Haven algunos agentes sin autorización del Gobierno federal se dedicaron a aplicar las leyes migratorias, informando al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de la presencia de indocumentados.

Estas actitudes provocaron la dimisión del jefe de la policía local, Leonard Gallo, al que se acusó de crear un ambiente hostil que favorecía los abusos, y el arresto de cuatro policías locales por violar, entre 2007 y 2011, los derechos civiles de los latinos y usar la fuerza de forma excesiva contra ellos, especialmente contra algunos de los inmigrantes más vulnerables, los indocumentados.

En medio del torbellino que ocasionaron estas detenciones, el alcalde, Joseph Maturo, fue preguntado sobre qué pensaba hacer para mejorar las relaciones de la ciudad con la comunidad latina y su respuesta -"podría invitarlos a comer algunos tacos"- desató la ira de la población, que exigió la dimisión del primer edil.

Para atajar la situación y con el consentimiento del Ayuntamiento, el Departamento de Justicia intervino a la Policía local durante 18 meses y obligó a los 84 agentes a acudir a clases de “Delitos motivados por la intolerancia y los prejuicios”, “Pandillas” y “Ciudadanos con necesidades especiales”.

“La policía ha aceptado el reto de ganarse de nuevo la confianza de los barrios a los que sirve”, resaltó Lynch, que hoy se reúne agentes de policía locales y federales, jóvenes, estudiantes, así como líderes de la comunidad latina, muy activos en denunciar e incluso grabar los abusos hace cuatro años.

“Los miembros de la comunidad latina y los líderes están informando de que existe una mayor confianza y relaciones positivas. Los agentes están trabajando no sólo para cumplir con los términos del acuerdo (entre la ciudad y el Departamento de Justicia), sino también para convertirse en un modelo para todo el país”, añadió Lynch.


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