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¿Cómo le enseñas inglés a los hijos de migrantes nacidos en Estados Unidos?

 ¿Cómo le enseñas inglés a los hijos de migrantes nacidos en Estados Unidos?

Jesús Pérez, de 13 años, está en el octavo grado en la secundaria Mountain View Middle School en Moreno Valley. El está mejorando su inglés y recientemente visitó la universidad de UCLA.

José Pérez nunca se preocupó del porqué sus hijos tuvieron que repetir las clases de inglés año tras año, después de todo, ellos habían nacido en California.

Pérez asumió que la razón de la instrucción extra era porque en su hogar su esposa y él tenían la regla de ‘solo hablar español’.

Fue hasta que su hijo Jesús se estaba preparando para entrar a la secundaria Mountain View Middle School, en Moreno Valley, que participó en una junta escolar y hablaron con él.

La administradora de la escuela le explicó que su hijo, como uno de cada cinco alumnos en el plantel, había sido designado para atender a las clases “English-lenguage lerner” y de esa forma aprender mejor el idioma de este país.

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Además, al igual que ocho de cada 10 estudiantes que participaban en dichas clases, él había estado  en ese programa desde el inicio de su educación y estaba en riesgo de no ser considerado competente en inglés –situación que muy a menudo lleva a los alumnos a abandonar la escuela.

Pero también había buenas noticias, Jesús estaba dentro del grupo que había sido seleccionado para participar en un programa piloto para ver si un nuevo sistema de enseñanza ayuda a los alumnos que están aprendiendo inglés a regularizarlos más efectivamente.

Los maestros recibirán entrenamiento extra y los alumnos tendrían que convivir por momentos con estudiantes de preparatoria que les ayudarán en su transición a la secundaria. Además, los padres firmarán un contrato donde aceptan participar en un taller; al mismo tiempo que se comprometen con sus hijos a participar en un estudio.

Actualmente, cerca de la mitad de los estudiantes en California son hijos de inmigrantes. En contraste con las generaciones pasadas, la mayoría de ellos nacieron en Estados Unidos y si, la mayoría de ellos inician la escuela y permanecen gran parte de su educación en programas que regularizan su inglés.

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En Moreno Valley, el gobierno federal ha invertido cerca de dos millones de dólares para encontrar una solución a uno de los problemas que más ha desconcertado a los educadores: ¿Cómo enseñar inglés a estudiantes que nacieron en Estados Unidos, pero que no han aprendido algunas de las complejidades del idioma?

No obstante, el concepto de ser competente en el idioma puede ser un poquito engañoso, especialmente para los estudiantes que han estado aprendiendo inglés por largos períodos, dijo Patricia Gándare, profesora de UCLA.

Si una persona se sienta con ellos y conversa, seguramente dirá que los niños hablan en forma fluida el idioma, agrega Gándara.

Hasta ahora, todavía cientos de miles de estos estudiantes en California no pueden entender a Edgar Allan Poe o identificar en forma correcta los tiempos de los verbos.

En el 2011, la Liga de Escuelas Intermedias de California eligió a Moreno Valley, el cual había estado teniendo en los últimos cinco años uno de los promedios más bajos en los exámenes del programa English Learner Families for College, en el Condado de Riverside. Se utilizaron a 300 estudiantes en 10 escuelas locales.

El objetivo en tres años, de acuerdo a la propuesta, es ayudar a los estudiantes a que avancen y abandonen las clases de regularización de inglés. Este mes, un evaluador externo encontró que más de dos terceras partes de los alumnos que participaron en el programa lo habían logrado.

Una razón del porqué Jesús se retrasó, según su maestro, es la misma razón del porque muchos estudiantes se atrasan. Puede ser [Jesús] calmado, pero la mayoría de los estudiantes que son penosos lo compensan en otros aspectos, pero estar retraso en inglés evita que los estudiantes saquen buenas calificaciones en lectura, ciencias y otras materias.

Cuando Jesús Pérez se enteró que sería parte del programa se sentía “feliz y también un poco molesto”.

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Él estaba emocionado porque sería beneficiado, pero lo dudaba un poco porque nunca había sido cautivado por el idioma inglés.

Mientras el maestro impartía la clase, dijo que Jesús en forma pasiva tomaba notas y de repente “volteaba a mirar  a algún lugar no determinado en el espacio”.

Inmediatamente aprendió que ya no era una opción.  Su maestro ya había recibido entrenamiento, llamado English 3D.

Como parte de este método, se utilizan clases normales en donde dos estudiantes revisan la gramática y el vocabulario entre ellos y luego pasan al frente de la clase.

“Para muchos maestros este es un cambio grande”, dijo Theresa Hancock, educadora que entrenó a los maestros. “[Con este sistema] Siempre hay interacción con los estudiantes”.

Jesús se dio cuenta que estaba poniendo más atención en la medida que revisaba diferentes temas –tal es el tema sobre los niños y si deberían de votar o no-  al mismo tiempo que compartían las ideas con otros estudiantes y trataban de responder con cierta estructura.

Su maestra, Sherri Blue, también notó el cambio. Ahora el estudiante que había sido identificado como penoso, constantemente levantaba la mano con ganas de contribuir a la clase.

Después de que los estudiantes visitaron la universidad, la primera vez para muchos de ellos, casi todos dijeron, incluyendo Jesús, que quería ir a la universidad UC Riverside o UC Irvine y en ese momento consideró todo lo que tenía que hacer para alcanzar su objetivo.

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Una mañana en la clase, levantando su voz sobre un ejercicio de cacofonía de octavo grado los estudiantes gritaron sus sueños académicos – “anestesiólogo, bombero, Marine” –  y Jesús explicó en un perfecto inglés el porqué él quería ser arquitecto.

“Me gustan mucho las matemáticas”, indicó, sentado en su pupitre, “y ser arquitecto incluye estudiar mucho sobre ángulos y grados”.

Pero Jesús no es el único en la familia motivado por el nuevo sistema de aprendizaje.

Una tarde de marzo, después de un día largo de trabajo en Target, el papá de Jesús le dio un beso a su esposa de saludos y de despedida, en lo que se preparaba para irse a trabajar su turno de noche en el restaurante Del Taco.

Enseguida, José Pérez llevó a su hijo Jesús y a su hija más grande a la escuela intermedia a donde se juntó con un grupo de hombres, y un grupo más grande de mujeres, incluyendo una ama de casa, un asistente médico  y un cocinero.

Pérez emigró a Estados Unidos en 1989 de Morelos, México. El había dejado la escuela cuando tenía la edad de su hijo. Sus padres nunca habían ido a la escuela.

Él y su esposa hicieron lo que pudieron para apoyar a sus hijos, pero pensaban que una vez que entraban a la escuela, “dependía del maestro y le daban la bendición”.

El programa parte del punto de vista de que los estudiantes tendrán éxito solo si los padres de familia, además de apoyar el programa, se comprometen a luchar por la educación de sus hijos. Families in Schools, organización sin fines de lucro, entrenó a los maestros para que dirigieran talleres bilingües de cómo los padres -incluso si no hablaban inglés, o no sabían cómo leer- podrían hacer esto.

Angelina Tavares, que enseñó aquella noche, ha estado enseñando en Moreno Valley por 18 años. Ella se entusiasma mientras practica algunos ejercicios con los padres. No obstante, indicó que ella ha notado un cambio desalentador en las actitudes de los estudiantes.

La mayoría de los estudiantes que están aprendiendo inglés han nacido en Estados Unidos y no parecen tan motivados a aprender como en el pasado.

“Los que son inmigrantes se presionarán más ellos mismos para aprender”, subrayó.

“Pero los hijos nacidos en E.U., de inmigrantes, como que se sienten que merecen todo, agregó. “Ellos ya están americanizados”.

Con ambos padres trabajando en el hogar, agrega, en ocasiones los alumnos parecen estar perdidos.

Una investigación respalda las observaciones de Tavares.

“Hay un número de estudios que muestran que los niños inmigrantes muy a menudo son más ambiciosos académicamente” que los niños nacidos en Estados Unidos de padres inmigrantes, subraya Gándara, de UCLA.

Pero cuando los padres están involucrados en las clases, Tavares enfatiza, los estudiantes cambiar su actitud. “Estos niños suelen decir “si mis padres están involucrados, yo también debo de estarlo”.

En la escuela intermedia esa tarde, José Pérez jugó bingo académico con los otros padres, mientras Jesús platicaba en la cafetería con sus compañeros.

Ya en la cena, comiendo un burrito de tres pulgadas, los estudiantes del octavo grado mostraron sus teléfonos celulares donde tenían textos que habían intercambiado con los estudiantes de preparatoria – un tercer elemento del programa.

Jesús le había hecho varias preguntas a su mentor

“¿Qué es lo que no te gusta hacer mucho en la preparatoria?

“¿Qué clases crees que debería tomar en el verano?”

Pero su pregunta más importante era si finalmente pasaría su examen de inglés en el verano. Su mentor no le pudo contestar.

Pero él piensa que está listo, al igual que su maestro.


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