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Los incendios sobrecargaron los servicios de salud de California, y dejaron una advertencia para el futuro

Pacientes del Kaiser Hospital arriban al Veterans Memorial Building que se utiliza como sitio de evacuación, en Santa Rosa, California.

Pacientes del Kaiser Hospital arriban al Veterans Memorial Building que se utiliza como sitio de evacuación, en Santa Rosa, California.

(Los Angeles Times)

El Dr. Scott Witt se mantuvo cerca de la ambulancia que transportaba a los recién nacidos. En su motocicleta, maniobró esquivando líneas eléctricas derribadas; se desvió de las brasas que volaban hacia la carretera.

El Hospital Regional Sutter Santa Rosa, donde Witt supervisa la unidad de cuidados intensivos neonatales, fue evacuado el 9 de octubre pasado debido a los incendios forestales que se convirtieron en los más mortíferos de la historia de California.

Pero Witt no podía llamar a los médicos que atenderían a los bebés porque no había electricidad. Los especialistas del otro hospital tampoco tenían acceso a los registros médicos de Witt en línea, para saber qué tratamientos se necesitaban. “Sabía que si no me iba con ellos, no habría manera de cuidar a los pequeños”, afirmó.

Cuando el fuego se alejó, Witt se unió a la ambulancia entre el humo y los escombros.

Los incendios forestales del norte de California crearon lo que algunos describen como una crisis sanitaria sin precedentes, que sirvió como una llamada de atención en la región. No sólo fue necesario evacuar dos grandes hospitales durante horas, sino que el caos continuó por varios días.

Una silla de ruedas abandonada en la evacuada Villa Capri, un sitio de vivienda asistida en Fountaingrove Parkway, Santa Rosa (Brian van der Brug / Los Angeles Times).

Una silla de ruedas abandonada en la evacuada Villa Capri, un sitio de vivienda asistida en Fountaingrove Parkway, Santa Rosa (Brian van der Brug / Los Angeles Times).

(Los Angeles Times)

Miles de personas fueron desplazadas y se quedaron en albergues, muchas de ellas sin sus medicamentos. Los incendios dejaron las clínicas quemadas o vacías durante días. Las farmacias luchaban para proporcionar los medicamentos recetados. Los pacientes ancianos esperaban en catres, en refugios, sin tanques de oxígeno ni sus cuidadores. Los médicos y las enfermeras también perdieron sus hogares.

Algunos de los problemas fueron exclusivos de los incendios en la zona de viñedos, que crecieron desde los espacios abiertos hasta el corazón de las comunidades, donde mataron a más de 40 personas y destruyeron más de 5,000 hogares, muchos de ellos en Santa Rosa.

Pero los efectos severos en el sistema de salud podrían repetirse fácilmente durante otros desastres naturales, como terremotos que causen una destrucción generalizada en la región de Los Ángeles y el Área de la Bahía.

Funcionarios de Santa Rosa destacaron que los incendios mostraron el éxito de algunos de sus planes de emergencia médica, pero también evidenciaron lagunas en la respuesta del sistema de salud. “Esto va a pasar otra vez. Habrá otro incendio, otro sismo, otra inundación y... absolutamente debemos mejorar en este sentido”, afirmó Chad Krilich, director médico de St. Joseph Health, en el condado de Sonoma.

Los paramédicos de Contra Costa asisten a Bill Parras, de 96 años de edad, a evacuar su hogar en Calistoga (Brian van der Brug / Los Angeles Times).

Los paramédicos de Contra Costa asisten a Bill Parras, de 96 años de edad, a evacuar su hogar en Calistoga (Brian van der Brug / Los Angeles Times).

(Los Angeles Times)

Cerca de casa

En plena noche, uno de los incendios forestales obligó a la evacuación de los hospitales Sutter Santa Rosa y Kaiser Santa Rosa. Los pacientes fueron trasladados conectados a sus medicamentos intravenosos mientras se acercaban las llamas. El personal, preocupado por los apagones que afectaban los ascensores, ayudó a los pacientes más frágiles a bajar las escaleras. Algunos fueron colocados en los autobuses de la ciudad, listos para su próximo destino.

Kelsey Claybrook, un oficial de seguridad del hospital de Sutter, quemó su chaqueta mientras trataba de apagar incendios en el exterior del centro médico, con un cubo de agua y un extintor. “Era como en el juego whack-a-mole, vertías agua, pero todo volvía”, dijo.

Los hospitales fueron evacuados con seguridad y se evitaron daños severos, pero los incendios redujeron los vecindarios cercanos a cenizas. Los centros médicos de la región que permanecieron abiertos la semana pasada atendieron no sólo a los pacientes de los sanatorios evacuados, sino también a las personas que habían sufrido quemaduras e inhalación de humo.

“He estado en esto durante mucho tiempo y… nunca había visto algo así, en términos de la magnitud de la respuesta necesaria”, aseguró Sarah Krevans, directora ejecutiva del sistema Sutter Health, con sede en Sacramento.

Los trabajadores de la salud tampoco se salvaron del daño del fuego. Las casas de muchos empleados del condado, médicos y enfermeras, se encontraban en las zonas de los incendios, lo cual complicó la respuesta temprana a la catástrofe.

Mientras trataban de montar operaciones de emergencia en las oficinas del gobierno del condado de Sonoma, a primera hora de la mañana del lunes, algunos miembros del personal no podían ser contactados ni llamados debido a la caída de las líneas eléctricas, informó el portavoz del departamento de salud, Scott Alonso. Así, debieron buscar reemplazos para algunos roles, explicó. “Entrenamos para esto, lo practicamos, y cuando ocurre un desastre, a veces resulta como en el entrenamiento, pero a menudo no es así", expuso.

En los hospitales St. Joseph’s Petaluma Valley y Memorial Santa Rosa, la planificación fue un desafío mientras los incendios se prolongaban durante toda la semana. Un cambio en los vientos podía significar que un nuevo grupo de empleados necesitara dejar el trabajo para empacar sus pertenencias y evacuar sus hogares, comentó Krilich.

“Hubiera sido muy bueno tener una bola de cristal y saber qué área sería impactada”, deseó Krilich, quien también fue evacuado de su hogar. “¿Afectará al laboratorio, a anestesiología, o al personal de limpieza?”

Postes y líneas de electricidad caídos bloquean una calle en el vecindario de Hidden valley, en Santa Rosa (Brian van der Brug / Los Angeles Times).

Postes y líneas de electricidad caídos bloquean una calle en el vecindario de Hidden valley, en Santa Rosa (Brian van der Brug / Los Angeles Times).

(Los Angeles Times)

Witt llegó a Santa Rosa Memorial a salvo con los bebés mientras amanecía, el lunes. Luego se encontró con su esposa e hijos, que habían sido evacuados de su hogar por la amenaza de fuego esa misma mañana.

Horas después, se enteró de que su barrio en Santa Rosa, Fountaingrove, había sido diezmado por el fuego. Su familia no había tomado muchas pertenencias al salir porque pensaban que la evacuación era sólo una precaución. El médico saltó sobre su motocicleta nuevamente, y volvió a conducir esquivando líneas eléctricas caídas. “Quería verlo con mis propios ojos”, afirmó. “Todo era escombros y cenizas”.

Pasar la semana

Las secuelas del incendio presentaron innumerables desafíos para el resto del sistema de salud.

Muchos residentes luchaban por respirar debido al aire lleno de humo. Decenas de miles de personas fueron evacuadas a escuelas y parques en toda la región.

“Cada refugio tuvo que averiguar cómo se manejan estos centros sanitarios parecidos a los de la unidad MASH”, explicó Jason Cunningham, director médico de los Centros de Salud del condado de West.

El lunes, cuando la Dra. Deborah Donlon llegó a la escuela Elsie Allen High School, en Santa Rosa, muchos frágiles pacientes ancianos estaban sentados en sillas plegables, en el gimnasio.

Donlon se apresuró a acudir a uno de los centros de salud cercanos de la comunidad de Santa Rosa, donde trabaja, para tomar aquellos medicamentos que serían más útiles, como aspirinas e inhaladores. La médica recuerda estar en la farmacia y pensar: “Ojalá tuviera una lista que dijera: ‘En caso de un gran incendio que borre a un tercio de su comunidad, tome estos medicamentos’”, expresó. “Nuestra forma habitual de operar se fue por la borda”.

Al igual que muchas instalaciones médicas que permanecieron abiertas la semana pasada, Santa Rosa Memorial fue inundado por personas que querían ayudar a los pacientes, tanto de la comunidad como de otros sitios. Sin embargo, algunos tuvieron problemas para obtener autorización para trabajar en el hospital y fue difícil enseñarle el sistema de registro de salud electrónico a quienes lo hicieron, señaló Krilich.

Kevin “Kip” Thomas, director del programa de administración de emergencias en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, consideró una desventaja no tener registros médicos accesibles para todos los doctores, sin importar en dónde trabajan. Las instalaciones sanitarias en el norte de California tenían planes contra incendios forestales y evacuaciones, pero muy difícilmente vislumbraban que tantas de ellas se verían afectadas al mismo tiempo y que necesitarían acceso a varios otros hospitales.

“El gran desafío es la magnitud de esto”, remarcó Thomas. “Definitivamente, nunca antes necesitamos abordar algo así a este nivel”.

Los restos carbonizados de una silla de ruedas, cerca de dos automóviles quemados, en el vecindario de Mark West Springs, en Santa Rosa (Genaro Molina / Los Angeles Times).

Los restos carbonizados de una silla de ruedas, cerca de dos automóviles quemados, en el vecindario de Mark West Springs, en Santa Rosa (Genaro Molina / Los Angeles Times).

(Los Angeles Times)

¿Cómo obtengo mis medicinas?

Con tan poco tiempo para huir de sus hogares, muchos fueron evacuados sin sus medicamentos.

Farmacéuticos de Safeway viajaron desde otras partes del estado para ayudar a las tiendas que estaban llenas de pacientes, trayendo medicamentos con ellos para mantenerse al día con la demanda adicional, destacó el director de farmacia de la compañía para el norte de California, Narayanan Ramachandran.

“No creo que estuviéramos listos para esto, pero definitivamente reaccionamos”, afirmó Ramachandran. “Casi todos los mostradores tenían a alguien para atender a las personas; honestamente necesitábamos a todos allí".

El lunes, poco después de que el gobernador Jerry Brown declarara el estado de emergencia debido a los incendios, el consejo de farmacias de California instituyó un protocolo de desastre que permite a los farmacéuticos dispensar medicamentos sin recetas médicas. La medida les instruye que usen su mejor juicio para ayudar a los pacientes.

Pero los médicos de North Bay destacaron que, así y todo, muchos pacientes se presentaban en sus consultorios porque no podían obtener recetas vitales, tales como medicamentos anticonvulsivos. Muchos se toparon con obstáculos de las compañías de seguros, a las cuales los farmacéuticos llaman regularmente para aprobar las solicitudes de resurtido de medicinas. Algunos galenos comenzaron a pararse en el exterior de las farmacias para escribir recetas para pacientes necesitados.

Richie Duenas, un farmacéutico y propietario de Mercury Pharmacy -con una sucursal en Vallejo y otra en Fairfield, cerca de los incendios de Napa- manifestó que el fuego le hizo temer por la durabilidad del suministro de las farmacias.

Los medicamentos son entregados por UPS y Fed-Ex. Pero el trabajador de reparto que había dejado las medicinas en los días posteriores al incendio ahora estaba enfermo por el humo, incluso habiendo usado una máscara para proteger sus pulmones, destacó Duenas: “Me dijo: ‘No sé por cuánto tiempo podré hacer esto’”.

Duenas considera ahora acumular medicamentos, pero muchos de ellos tienen una vida útil corta. “Esto expuso una gran parte de lo que podemos hacer para garantizar que las personas reciban atención sanitaria y medicinas”, expresó. “Cuando uno va al médico, ¿qué obtiene? Una prescripción. Entonces, ¿cómo logramos que las personas reciban sus medicamentos en situaciones de emergencia?”.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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