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El apoyo de Becerra a Clinton va más allá de que la candidata gane la Casa Blanca

El representante Xavier Becerra (demócrata de Los Ángeles) asiste a un evento de Hillary Clinton en el Painter's Hall de Henderson, Nevada. (Francine Orr / Los Angeles Times).

El representante Xavier Becerra (demócrata de Los Ángeles) asiste a un evento de Hillary Clinton en el Painter’s Hall de Henderson, Nevada. (Francine Orr / Los Angeles Times).

Xavier Becerra podría estar pasando el tiempo en casa con su hija en el distrito electoral de Los Ángeles que ha representado por 23 años. Podría estar en Washington preparándose para la siguiente reunión con los demócratas del Congreso, o recaudando dinero para sus colegas.

Pero en vez de eso estaba en Las Vegas, y el amable congresista está utilizando tanto el inglés como el español para convencer a cada votante que conoce de que Hillary Clinton debe ser la siguiente presidente de Estados Unidos.

Él es un hombre en transición.

Ya no hay mucho espacio de crecimiento para uno de los Latinos más prominentes en el Congreso, excepto que alguien se retire o renuncie.

“No sé lo que pueda pasar, pero no me van a tomar desprevenido”, dice.

Tal vez por eso se comprometió por 36 horas en un lapso de dos días el pasado fin de semana para caminar por las calles de Las Vegas, hablando con potenciales asistentes al colegio electoral de Nevada y haciendo llamadas telefónicas para apoyar a Clinton.

En un estado 28% Latino que es clave en la inesperadamente cerrada batalla entre Clinton y el senador Bernie Sanders (Independiente de Vermont), Becerra es un valioso respaldo para la ex secretaria de Estado, capaz de llegar a los votantes que podrían identificarse mejor con alguien que habla español, de una ciudad grande, que fue el primero de su familia en ir a la universidad.

Y podría haber una recompensa si el equipo Clinton resulta victorioso.

Becerra ha apoyado silenciosamente a Clinton en cinco estados desde que le dio su respaldo en agosto. Él le ha dedicado seis fines de semana, presentándose en programas locales de televisión para decirle a la gente de Colorado, Iowa, Nevada, Nueva Hampshire y Carolina del Sur, por qué deben votar por la mujer a la que ha conocido por casi 25 años.

Este fin de semana él estuvo en un salón sindical del suburbio de Las Vegas de Henderson. Una pared plegable fue abierta para crear mayor espacio mientras los organizadores trataban de acomodar a más miembros del sindicato que habían estado esperando en una línea alrededor del edificio, algunos de ellos desde el amanecer. "¡Hill-Yes!”, gritó una mujer. Otros agitaban pancartas que decían en español “Estoy Contigo”.

Becerra asiente con la cabeza cuando Clinton le agradece brevemente en el escenario.

Tras el discurso, Clinton se queda estrechando manos y hablando con la gente.

Becerra corre en la dirección opuesta porque tiene trabajo que hacer -alabar a Clinton ante la prensa local y nacional al fondo del salón-. Es menos glamoroso que brillar en el escenario, pero crucial para su potencial éxito.

Él ya ha estado antes en esta situación.

Su respaldo a Barack Obama en 2008 lo llevó a tener la oportunidad de unirse a la administración como Representante Comercial de Estados Unidos luego de las elecciones, pero Becerra lo rechazó, dejando ver que estaba preocupado de que esa posición no sería un punto focal de la administración. (Y a la administración de Obama no le gustó que al congresista le tomó semanas tomar la decisión).

El año pasado contempló la posibilidad de contender por el asiento de la senadora Barbara Boxer, quien está por retirarse, pero decidió quedarse en el Congreso a pesar de la incertidumbre sobre el rumbo de poder que éste tomaría.

A él le queda menos de un año para cumplir su término como presidente del colegio electoral demócrata del Congreso, pero si aspira a ser el primer latino en liderar la Cámara, tendrá que esperar. La matriarca demócrata Nancy Pelosi, de 75 años, no ha dejado ver que quiera retirarse, y el siguiente en turno, el representante de Maryland Steny Hoyer, de 76, es el candidato a sucederla una vez que eso pase.

Eso deja a Becerra, de 58, con algunas opciones. En 2018 podría perseguir el asiento del Senado que Dianne Feinstein ha mantenido por 23 años, si ella decide retirarse. O podría ser parte del importante Comité de Presupuesto de la Cámara. O tal vez haya un lugar para él si Clinton termina siendo la candidata de su partido.

Lo cierto es que él quiere hacer más en la política federal, pero no se enfoca en un trabajo en particular, dice. Y ni hablar sobre la especulación de ser una opción para la Vicepresidencia.

“Sería una vergüenza si no trato de hacer más con lo que tengo. Sería... algo terrible desperdiciar esta oportunidad de tratar de hacer una diferencia”, dice. “Estoy más cerca de mi último año haciendo este trabajo de lo que estoy de mi primer año. Quiero hacer una diferencia, y hay muchas formas”.

Fue un viaje relámpago a Las Vegas, con Becerra hablando con latinos y otros grupos de la comunidad, tocando puertas y recordándole a los voluntarios por qué están trabajando tan duro.

Cada vez que habla sobre su padre, Manuel, un trabajador de la construcción que solo terminó la primaria, y su madre, María, una inmigrante de Jalisco, quien se convirtió en oficinista porque no pudo costear la universidad, él pregunta si el éxito de sus padres sería posible hoy.

“¿Podría hoy un trabajador de la construcción casado con una oficinista garantizarle a cuatro hijos educación universitaria y comprar una casa?”, le pregunta Becerra a un grupo de votantes latinos. “Eso es por lo que estamos luchando”.

A lo largo del día, Becerra repite que Clinton ha peleado para que esa oportunidad sea posible a través de una reforma migratoria, mejores salarios y el seguro de salud conocido como Obamacare.

“Ella ha estado ahí desde el principio”, le dice a los votantes latinos. “Y al final del día, todos podemos soñar, pero tienes que ser capaz de lograrlo”.

Si quiere leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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