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¿Cómo ven la pobreza los estadounidenses? Para muchos seguidores de Trump, los pobres son responsables por su situación

En 1985, Dorean Sewell conversó con L.A. Times acerca de criar tres hijos en un complejo de viviendas para personas con bajos ingresos, como parte de un sondeo de la actitud de los estadounidenses frente a la pobreza. Una nueva encuesta de The Times y American Enterprise Institute revalúa esas opiniones (Iris Schneider / Los Angeles Times). Ver más fotos.

En 1985, Dorean Sewell conversó con L.A. Times acerca de criar tres hijos en un complejo de viviendas para personas con bajos ingresos, como parte de un sondeo de la actitud de los estadounidenses frente a la pobreza. Una nueva encuesta de The Times y American Enterprise Institute revalúa esas opiniones (Iris Schneider / Los Angeles Times). Ver más fotos.

En 1985, Dorean Sewell conversó con L.A. Times acerca de criar tres hijos en un complejo de viviendas para personas con bajos ingresos, como parte de un sondeo de la actitud de los estadounidenses frente a la pobreza. Una nueva encuesta de The Times y American Enterprise Institute revalúa esas opiniones (Iris Schneider / Los Angeles Times). Ver más fotos.

Grandes diferencias según la raza y la orientación política dan forma a las actitudes de los estadounidenses frente a los pobres y la pobreza, según revela una nueva encuesta de opinión pública que halló mayormente empatía hacia las personas de bajos ingresos y un fuerte escepticismo ante las iniciativas gubernamentales para combatir la indigencia.

Las diferencias iluminan algunas de las pasiones que han impulsado este año la contenciosa campaña presidencial. Pero la encuesta, que actualiza un sondeo realizado por este periódico hace tres décadas, también ilustra cómo la pobreza se ha mantenido constante en el tiempo, pese a los grandes cambios económicos y sociales.

Las críticas a las personas carenciadas -la creencia de que “hay un montón de empleos disponibles para los pobres”, de que los programas gubernamentales generan dependencia y que la mayoría de las personas de bajos recursos “prefiere permanecer dentro de los beneficios sociales”- son especialmente comunes entre los estadounidenses blancos y obreros (blue-collar), quienes han dado un mayor apoyo a Donald Trump en la carrera presidencial.

El punto de vista opuesto -que es difícil hallar empleos para los pobres, que los programas del gobierno ayudan a la gente a ponerse de pie nuevamente y que la mayoría de las personas carenciadas preferiría ganarse la vida- prevalece entre la gente de raza negra y de otras minorías, quienes han proporcionado el mayor respaldo a Hillary Clinton.

Cerca de un tercio de quienes se autodenominan conservadores afirmaron que los pobres no trabajan mucho, un enfoque que contrasta con el de la mayoría de los liberales y moderados.

Mientras que los estadounidenses blancos no coinciden en la forma de ver a la gente de bajos recursos, sí están más unidos en su escepticismo respecto de los programas gubernamentales. Ese escepticismo se prolonga hace décadas. La primera encuesta de L.A. Times respecto de la actitud de los estadounidenses ante la pobreza, realizada en 1985, marcó un hito al encuestar a personas carenciadas para comparar sus puntos de vista con los de aquellos en la clase media.

El nuevo sondeo, realizado por The Times y American Enterprise Institute, un centro de estudios con sede en Washington que es de tendencia mayormente conservadora, hizo preguntas similares, aunque actualizadas.

Muchas cosas han cambiado desde la década de 1980; se logró una importante reforma al bienestar social en la década de 1990; el número de estadounidenses pobres se redujo drásticamente en esos años, aunque subió de vuelta -parcialmente- en particular durante la profunda recesión que comenzó en 2007.

De todas formas, muchas actitudes se mantuvieron estables, arrojó la nueva encuesta, en particular las dudas acerca de la capacidad del gobierno federal para gestionar los programas contra la pobreza, así como sus justificaciones. La mayor parte de los estadounidenses no cree que el gobierno asume la carga principal del cuidado de los pobres. Al preguntar “quién tiene la mayor responsabilidad de ayudar a los carenciados”, poco más de un tercio respondió que el gobierno. Esa cifra no ha cambiado en tres décadas.

Quienes no creen que el gobierno tiene la responsabilidad central están divididos en sus respuestas. Casi uno de cada cinco estadounidenses afirma que los propios pobres son responsables por sí mismos. También mencionaron a las familias, las iglesias y las instituciones de caridad, entre un 10% y 15% cada opción.

Entre los latinos, la familia quedó en segundo lugar después del gobierno. Para los negros, las iglesias ocuparon el segundo puesto. Los republicanos fueron más propensos a cargar la responsabilidad sobre los propios carenciados.

Los estadounidenses blancos fueron menos propensos que las minorías a considerar al gobierno como responsable, pero esta diferencia radicó casi enteramente entre los trabajadores sin título universitario. Los blancos graduados (white collar) respondieron que el gobierno sí tiene la responsabilidad central, tal como hicieron las minorías.

Las actitudes hacia los programas contra la pobreza tampoco han cambiado mucho desde la década de 1980.

Traducción: Valeria Agis

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.


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