Nueva ley que permite portar armas en los campus causa agitación en Universidad de Texas

Nueva ley que permite portar armas en los campus causa agitación en Universidad de Texas

Siva Vaidhyanathan se emocionó cuando supo que era uno de los finalistas para convertirse en decano de la facultad de comunicación de la Universidad de Texas, en Austin. Lo consideró como un ‘trabajo perfecto’ y le gustó la idea de regresar a la universidad donde se había formado años antes.
 
Sin embargo, poco después de su entrevista, Vaidhyanathan, de 49 años de edad y profesor de la Universidad de Virginia, decidió retirarse de la competencia. La razón: no estaba dispuesto a sumarse a un debate cada vez más polémico acerca de las armas de fuego en el campus.
 
Las universidades públicas en Texas ya no podrán prohibir la portación oculta de armas de fuego cuando una nueva ley entre en vigor, en agosto próximo. Aunque las escuelas pueden imponer algunas restricciones, mayormente deberán cumplir con la licencia estatal para portar armas ocultas en el campus.

 
 La llamada ‘campus-carry law’ (ley para portar armas en los campus), aprobada por la Legislatura -dominada mayormente por republicanos- el año pasado, fue una victoria para los defensores de los derechos de las armas, que sostienen que esta medida hará los campus más seguros. Pero en el mundo académico, en gran medida liberal, ha impulsado un movimiento de manifestantes preocupados de que esto convierta a las universidades en sitios más peligrosos, dañe la contratación de profesores y la convocatoria de estudiantes, y cree una atmósfera de miedo que incluso afecte las calificaciones que los docentes emplean.
 
La mayor reprobación del tema ha sido en el campus de Austin de la Universidad de Texas, donde los estudiantes y profesores protestaron,  y al menos dos profesores ya han renunciado a causa de esta normativa.
 
Uno de ellos fue Daniel Hamermesh, quien enseñaba un curso de introducción a la economía y aseguró que temía que “un estudiante contrariado, que porte un arma, saque la pistola y le dispare al instructor”.
 
“Con 500 estudiantes en mi clase, esto no es imposible”, dijo a través de un correo electrónico Hamermesh, que ahora enseña en el Royal Holloway.
 
Aun no está claro si la ley afectará la inscripción de alumnos en un estado en el que muchos estudiantes crecieron alrededor de las armas de fuego. UT Austin estima que menos del 1% de ellos poseen licencia para portar armas ocultas, disponibles para los residentes legales a partir de los 21 años de edad que no hayan cometido ciertos delitos y cumplan con determinados requisitos.  Pero con 50,000 estudiantes, eso representa al menos un potencial de 500 estudiantes con armas.
 
Colorado, Idaho, Kansas, Mississippi, Oregón, Utah y Wisconsin también garantizan el derecho a llevar armas de fuego en los campus universitarios. Propuestas similares se encuentran en distintas etapas del proceso legislativo en Alaska, Arizona, Florida, Georgia, Kentucky, Michigan, Missouri, Ohio y Tennessee.
 
California prohibió llevar armas en los campus el año pasado, uniéndose a otros 18 estados; otros 23 estados dejan esta decisión librada a la voluntad de las escuelas.
 
La experiencia de Utah y Colorado no es compatible con la afirmación de que tener más propietarios de armas en el campus aumenta la seguridad, de acuerdo con un estudio realizado el año pasado por la Campaña para Mantener las Armas Fuera de la Escuela, una organización no lucrativa con sede en Croton Falls, Nueva York. En ambos estados, las tasas de criminalidad en el campus universitario aumentaron, mientras que la población estudiantil disminuyó.
 
La ley permite a las entidades educativas privadas excluirse de esta opción –lo cual han hecho- y que las instituciones públicas establezcan partes libres de armas de fuego en el campus. Las escuelas de todo el estado han anunciado políticas que hacen precisamente eso.
 
El mes pasado, Gregory Fenves, presidente de UT Austin, dio a conocer una política basada en las recomendaciones de un grupo de trabajo formado por estudiantes, profesores y personal. La política mantiene las armas fuera de los dormitorios, eventos deportivos, instalaciones de tratamiento de la salud mental y de los laboratorios con productos químicos peligrosos. Los profesores pueden prohibirlas en sus oficinas privadas. Sin embargo, esta política no prohíbe las armas en las aulas.
 
La cuestión de contar o no con armas en los salones de clases ha dominado el debate sobre la nueva ley. Ken Paxton, fiscal general del estado, emitió una opinión no vinculante que afirma que las escuelas estarían infringiendo la ley si no permiten llevar armas encubiertas “en un número considerable de salones de clases”.
 
El grupo de trabajo se opuso por unanimidad a las armas en las aulas, pero llegó a la conclusión de que la prohibición violaría la nueva ley, así lo explicaron sus integrantes en un comunicado.
 
La decisión enfureció a gran parte de la facultad. El profesor de física Steven Weinberg, único ganador del Premio Nobel de esa casa educativa, prometió que en sus clases no habrá armas, aun si los estudiantes lo demandan.
Max Snodderly, profesor de neurociencia, pronosticó más renuncias y un efecto de enfriamiento en el reclutamiento de estudiantes. “Se han dado casos en que no sólo los estudiantes de la facultad de posgrado, sino también en artes liberales, los estudiantes deciden no inscribirse en la Universidad de Texas”, dijo. “Esto es parte de un ambiente negativo que la Legislatura está creando”.
 
Snodderly, miembro del grupo Gun Free UT, que se opone a esta ley, señaló que está considerando realizar una acción legal para desafiar la nueva regulación. También dijo que la ley amenaza con cambiar la forma en que los profesores tratan a los estudiantes, lo que sugiere que la clasificación podría llegar a ser más fácil si los profesores no quieren correr el riesgo de que un estudiante armado se enoje. “Los estudiantes se enojan mucho si sienten que obtienen una calificación que no se merecen”, afirmó. “Tengo estudiantes que vienen con la cara roja de furia, a preguntar: ‘¿Por qué recibí esta calificación?’”.
 
En una presentación sobre la nueva ley realizada el mes pasado, el senado de la facultad en la Universidad de Houston hizo varias recomendaciones a los profesores. “Tal vez quiera: tener cuidado en la discusión de temas sensibles”, decía una diapositiva.
 
Otras recomendaciones eran: “Abandone ciertos temas de su programa de estudios; no los mencione si siente que hay cierto enojo; limite el acceso de los estudiantes fuera de horario; haga citas sólo en horario de oficina; reúnase con un estudiante problemático sólo 'en circunstancias controladas’”.
 
Pero Vance Roper, de 38 años, estudiante de UT Austin, veterano del ejército y propietario de una arma, participó en el grupo de trabajo de esa universidad y señaló que tales preocupaciones eran exageradas, tomando como base las investigaciones que el grupo realizó en escuelas en Colorado y Utah -que permiten portar armas en el campus- con respecto a la clasificación y la seguridad. “No habían dicho que no hubo efectos adversos”, dijo. Al mismo tiempo, reconoció que la ley podría perjudicar la calidad de los estudiantes y profesores. “Eso es definitivamente un temor al respecto”, expresó. “Algunas personas ya están anunciando su partida; es difícil decir que esa teoría tiene fundamentos”.
Roper, quien toma clases en las escuelas de comunicación y arquitectura, ha visto el efecto de cerca: el decano de arquitectura, Frederick Steiner, encontró un trabajo en otro lugar.
Steiner no posee un arma, pero es hijo de un oficial de la Marina y de la policía, y se crió en Ohio. Su actitud hacia las armas es simple: “Hay un lugar específico para ellas -un lugar apropiado- y ese lugar es su uso para la caza”.
El académico se mostró especialmente preocupado por los estudiantes que llevan armas ocultas en la escuela de arquitectura, donde pasan meses en la elaboración y critica de complejos modelos. “Podrían estar muy cansados ¿¿y muy vinculados emocionalmente a un proyecto; y si un miembro de la facultad o un arquitecto en funciones les dicen: ‘Bueno, esta puerta no va a funcionar’, añadir un arma de fuego a una situación que ya es estresante sería difícil... No veo cómo eso puede ser útil”, aseguró.
 
“[La ley que permite] Llevar armas al campus fue un punto de inflexión para mí”, continuó Steiner, quien trabajará ahora en la Universidad de Pensilvania. “Me preocupó ser responsable por gestionar una ley en la cual no creo”.
 
En Twitter: @mollyhf

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